124. Mascletá y reflexion
Hoy a las 14 h como un clavo, han encendido los petardos de la plaza del Ayuntamiento de Valencia para volar la «mascletá» diaria.
Y ahí que he estado presente desde uno de los balcones que dan a la plaza, invitada por mis amigos y colaboradores Destinos del Mundo, touropoerador de viajes con quien me une más que trabajo, y Turkish Airlines, con quien vuelo bastante a menudo y trabajamos bastante, como os imagináis.
Un evento para Agentes de viaje, pasar un rato, tomar algo, vernos, socializar… poniéndonos al día de temas de interés, qué cómo no, dado el momento, están «calentitos» por los otros «petardos» que están saltando por el Medio Oriente. Pero no quiero hablar de guerras, que me da mucha tristeza.
Venía pensando los contrastes de todo, cómo no…
Las Falla, una fiesta que me parece realmente increíble, creativa, artística, maravillosa… Pero el fuego va acompañado siempre de la pólvora, de los petardos, la Mascletá, el humo..
Y me produce un sentimiento encontrado cuando pienso en los miles de animales que lo pasan realmente mal escuchando esos sonidos que les revientan sus oídos tan hiper sensibles, que les aterrorizan, les hacen pasar momentos realmente estresantes y duros, y en los peores casos, llegan a matar a algunos.
Lo he vivido con Koke, que al mínimo BANG se me subía encima como un niño pequeño, temblando y salivando con auténtico terror, totalmente inconsolable…
La sensación de no poder hacer nada, de no poder calmarlo, de no haber forma de transmitirle que no es dañino, que no pasa nada, era una absoluta frustración y me provocaba a mí también una angustia terrible.
Y de ahi, pasaba a la rabia por esa «falta de empatía» y empezaba a mirar mal «a los de los petardos», deseándoles que se los explotaran en los sitios menos agradables. Asi que me generaba a mi violencia.
Cuando sabíamos que eso iba a pasar, lo más sencillo era huir; irnos con los perros a lugares alejados de cualquier amago de personas que pudieran encender una mecha, por no provocar un sufrimiento innecesario en los pobres animales. Pero piensas que es injusto, por un lado, y por otro… ¡¡y los que no se pueden ir?? O cuanto te pilla de imprevisto…
Es muy duro, no os lo podeis imaginar si nunca lo habéis vivido,
Es muy dificil la convivencia.
Lo que a unos divierte, a otros hace sufrir.
Entiendo la fiesta, la necesidad de pasarlo bien, la excitación de ruido, de la explosión, del humo, el holor… aunque en según que momentos no la comparta. A mi que me tiren petardos a los pies, la verdad, no me hace ni la más mínima gracia, sin llegar al grado de los animales.
Me gustaría tener respuestas y soluciones para que esto no tenga que ser así, y que nadie tenga que sufrir a cambio del disfrute de otros.
Complicado… ¿verdad?