131. Hoy me caerán tortas
Me voy a meter en un jardín.
Uno denso y con mucha espina.
Pero es que no soy de quedarme al margen… especialmente, cuando hay gente a la que quiero que le han pinchado y hecho bastante pupa. No puedo hacer nada, lo sé, pero al menos me queda el no callarme.
Es injusto.
Soy mujer y defiendo los derechos de la mujer. Y de los hombres. De las personas en general. También los de los animales, pero ahora no es su momento.
El caso es que me parece tremendamente injusto y muy, muy cruel, que por el sólo hecho de ser hombre, en las relaciones de pareja «con problemas», se acepte la palabra de la mujer, por peregrina que sea, y un pobre desgraciado, una persona normal y corriente, con una vida del montón, acabe una noche (o más) en un calabozo quedando su vida ya marcada para siempre.
A ver, a ver… que no se me altere nadie.
Que por supuesto hay maltratadores.
Que evidentemente hay unos índices de violencia brutales.
Que llevamos arrastrando demasiados siglos de actitudes imperdonables e inconsentibles.
Pero también hay demasiadas mujeres que se aprovechan de una forma deleznable de eso, y merecerían un castigo ejemplar.
Debería haber serias medidas de control. Los organismos «de la justicia», que tienen un olfato para las cosas, deberían regirse por esos principios «de justicia» y no dilapidar la vida de personas normales tan sólo para evitarse problemas.
Lo he vivido cerca, en primera persona.
No ha sido el amigo del primo del vecino del cuñado de la conocida de una señora que conocí en una parada de bus.
No.
Yo, Hellen, he visto directa y claramente como una mujer, que supuestamente era mi amiga, ha destrozado la reputación, economía y honor del que era su marido, con falsedades, mentiras y los más absurdos que se puedan imaginar.
Tengo audios que lo corroboran que es todo mentira, pero no sirven de nada.
He visto con mis propios ojos lo que no se puede ocultar, pero tampoco sirve mi testimonio.
Tengo grabaciones de cámara de seguridad.
He estado delante de los mayores absurdos.
He escuchado a policías diciéndole a la «señora» que se fuera de donde se encontraba «acosando» al supuesto maltratador, que estaba dentro de mi casa, temblando como un niño chico. (¿quién se queda rondando la puerta de un «maltratador», acechando escondida a que salga, si realmente le tiene miedo y piensa que es de verdad «maltratador»??? ¿¿No sería eso ya motivo suficiente de enchironar a esta señora y que no viera la luz del día más en su puñetera vida???)
Pero su palabra, la de la mujer, siempre es la que vale.
Ninguna más sirve.
Incluso las fuerzas de seguridad, «fuera de cámara» reconocen saber cuando algo no es cierto, pero tienen que «actuar de oficio y seguir el protocolo«. Y esto significa meter a un pobre señor, normal y corriente, en un calabozo.
Tan solo porque una señora va diciendo lo que le da la gana. Sin más.
Aunque sea mentira.
Aunque no se sostenga.
Aunque vaya otra mujer, de testigo, a decir que no es cierto lo que dice.
Da igual.
El individuo acaba en el calabozo, y ya mañana le soltarán.
Ella tiene toda la justicia gratis. Él tiene que pagarla.
Ella pide una paguita, una ayuda, y la tiene.Él tiene que irse de SU casa y encima pagar todos los gastos de ella. (Ojo: no hay hijos, son adultos, muy poco tiempo casados, y ella tiene más dinero y recursos que él)
Ella recurre todo lo que sea, porque siguie teniendo abogados gratis. Él no termina de levantar cabeza, ni económica ni moralmente.
Ella va a juez a decir tonterías. Él tiene que acudir como acusado, aunque al final digan que no procede.
La justicia pierde tiempo para dedicar a los casos verdaderamente graves, a los que hay que prestar atención, a los que se ve que son reales… Pero nadie frena a esta gente que se aprovecha de un sistema deficitario, de personas con miedo, de la falta de cualquier ética.
Y, mientras, todos estamos pagando estas barbaridades, estas atrocidades, a gente impresentable como esta mujer a la que podría poner nombre y apellido y desvelar la cantidad de despropósitos y sinvergüencerías que ha hecho contra alguien que seguro que no es un santo, pero que sin duda no merecía pasar por el calabozo, ni llevar semejante bola de condena arrastrando, pesada y dura, desde hace más de 3 años.
Por una desvergonzada sin ética que deja a las verdaderas personas que lo necesitan, sin recursos, sin defensa, sin posibilidades.
Señores. Este sistema está podrido. Huele que apesta.
Hoy me han vuelto a dar arcadas paseando con mi amigo. Él sólo trata de pasar página, pero no podrá del todo mientras no pueda nadie a parar los pies a semejante individua.
Así que lo escupo aquí, que no sirve para nada, pero ojalá llegara a cambiar alguna cosa. Porque mientras estas cosas pasan, hay gente realmente necesitada, destrozada, sufriendo, y hasta muriendo. Y eso, eso es MUY serio.