134. Silencio. Se navega.
Hoy hemos salido a navegar con el Kivuca.
Las apps de meteo y lo que se veía daba un día tranquilo, de esos de ir a motor por falta de viento, de no estresarse mucho y disfrutar de la compañía, de la comida riquísima con la que siempre nos deleita D, de charlas, de poner cosas a punto.
Joder con el parte.
Nada más enfilar la bocana ya hemos visto que soplaba guay, así que velas fuera, mayor, génova, y ¡¡donde nos lleve el viento!!
Ibamos a toda castaña, el casco no está limpio del todo, pero hemos pillado hasta 7 nudos a ratitos con las rachas (para quien no entienda, para un velero de la eslora del Kivuca, 40 pies, o sea, unos 12 m, 5-6 nudos es ya una velocidad de crucero bastante buena).
Pero el Kivuca, es mucho Kivuca 🥰. Con casco limpio y condiciones adecuadas he llegado a pillar picos de 9,5 nudos, y eso es volar en un velero de este tamaño.
Da igual, no íbamos a correr, íbamos a disfrutar de un día de mar.
Rumbo directo, velas bien trimadas, y 18-20 nudos que nos iban moviendo alegremente por la lámina del mar, con no mucha ola, para gozar bien. Eso sí, escorar, estábamos bastante escorados. La pobre perrita que venía con nosotros, entre lo nerviosa que es (no miedosa, le gusta el barco, pero es muy inquieta), y la inclinación y movimiento no sabía donde ponerse… Hemos rizado mayor, que el barco iba demasiado tenso. Así mucho mejor.
FUUUUUU FUUUUUU FUUUUU
Es una maravilla como rompe la proa las olas, cómo va cortando el mar y dejando una estela marcadísima, preciosa, perfecta…
Hacía rasca, capuchas arriba, bufs en la cara, y las sonrisas bien puestas…
Hemos llegado hasta el famoso Cástor, ya lo están desmontando, estaba la grúa y los barcos alrededor que van controlando y llevando cargamento. Qué derroche, qué desproposito, qué asco de ser humano, que por pasta lo que sea y como sea, El capricho de Florentino, las prisas por hacerlo antes de hora y no tener que pagar «multa» por retraso y el importar una mierda el medio, la gente, lo que ocurra hicieron el destrozo… Y ahora todo fuera. Pastizal que hemos pagado todos los españoles.
Bueno, me callo, que me enciendo y estamos disfrutando de lo lindo.
Pasado el Cástor hemos virado para empezar la vuelta, que ya llevábamos más de dos horas así, a toda castaña. Si seguimos ese rumbo llegamos a Mallorca, pero hoy no era el plan, no llevábamos tanta comida y mañana es día de «escuela». Media vuelta.
Viento de aleta/través, misma velocidad pero menos «escándalo», escora y sensación de rapidez que cuando vamos de ceñida como a la ida. Génova más abierta, y todo perfecto, rumbo directo a puerto, no hace falta moverse ni una gota, ni un solo bordo. Una línea recta perfecta.
Las olas han subido bastante, nos vienen de costado, y alguna nos menea e incluso salpica.
Da igual. Rachas, viento de hasta 20 nudos, y ahí todos mirando al frente, a los lados, los ojos cerrados en medio siesta al sol y los pensamientos en cada uno de nuestros mundos.
Apenas hemos hablado en estas 5 horas navegando.
No hacía falta.
El silencio, en la mar, sale solo, es agradable, deseable.
Y muy necesario.
Te concentra con tus ideas, con tus momentos, con tus sentimientos.
Te conecta con algo que va más allá.
Te ayuda a ser consciente de muchas cosas, a reconocer otras, a valorar y agradecer.
Nos ayuda a darnos cuenta de lo poco que somos y de lo mucho que valemos.
Se está tan bien ahí dentro, en la mar, solos, sin necesidad de más que las las conversaciones no aportan mucho.
Las palabras sobran y estar a gusto con ello es fundamental.
También es una forma de comunicación, la de decir poco y sentir mucho.
Ha sido un día precioso, no esperado, todo ha salido bien.
Un gran barco, una tripulación estupenda, muy buen rollo y un tiempo que nos ha hecho disfrutar.
En otro entorno, con otra gente u otros momentos podría haber habido momentos de tiensión y un poquito de miedo por la fuerza del viento, pero entre nosotros, que nos conocemos, con un gran barco como el Kivuca y sabiendo lo que hacemos ha sido precisamente lo contrario.
Una jornada de navegación increíble.
Gracias Kivuca.
Gracias amigos.
Gracias, Tripu
Se avecinan cambios, pero mientras, el azul sigue dándonos tanto para disfrutar y agradecer