169. Contactando con la Pachamama
He caminando un buen trecho por la selva de Sierra Nevada de Santa Marta con los pies descalzos.
Ha sido en una rutilla por la selva, sí selva, de verdad, tal como os lo cuento.
Nada de una gran travesía, más bien un paseo tranquilo y agradable, de unos 30 minutos, cómodo, y fácil, completamente reodeados de vegetación de lo más frondosa.
… Árboles gigantes, con troncos inabarcables a lo ancho, entrelazados con otros de distintas especies, altísimos, en un afán de llegar al infinito, uniendo sus copas como buscando escondernos el cielo y protegernos de un sol que achicharra.
… Enormes hojas que parecieran querer abrazarnos con cuidado, sabiendo que somos extraños, endebles y absolutamente necesitados de su protección.
… Un suelo denso, totalmente cubierto de hojas, ramas, restos de frutos caídos, flores rotas y pisadas, algunas enteras donde se intuyes miríadas de todo tipo de bichos y bichitos haciendo su rutina ajenos a nosotros.
Y por este senderito marcado entre uno y otro lado de todas las tonalidades de verdes y marrones, me he quitado los Crocs para crear aún más vínculo entre este espacio sagrado y yo.
Personalmente, me cuesta andar descalza, tengo los pies poco acostumbrados, todo me pincha y me molesta, aguanto poco, la verdad. En los barcos ya estoy acostumbrada, pero en suelo firme, ni siquiera en casa, acostumbro a hacerlo. No es algo que me guste especialmente, aunque sé que debería hacerlo más y que es francamente bueno para el organismo.
Pero hoy… hoy he sentido esa llamada, necesidad, ganas de pisar directamente con la planta de mis pies y sentir «piel a piel» el contacto con esta naturaleza tan salvaje, tan entera, tan poco usada ni contaminada.
Dicen que el contacto con la Tierra de este modo te recarga de energía, te conecta con lo más auténtico, nos limpia y purifica. No lo sé, realmente, aunque me lo creo y seguro que es así.
Alguna vez me acuerdo y lo hago, forzándome, aunque «sufra» un poco.
Pero hoy ha salido sin más, súper natural, y ha sido una delicia. Me he sentido súper cómoda, andando sin ninguna dificultad.
La tierra estaba blandita, como acolchada, no había mucha piedra, y tantísimas hojas hacían como si fuera una alfombra mullida… El caminito marcado como paso, la única zona por la que poder avanzar, dada la enormidad de las plantas que nos rodeaban, era estrecho, y por algún motivo me invitaba a ello.
Asi que, pies libres, fuera artificios, para sentir pleno contacto con la tierra, con la Pachamama.
No me voy a flipar. No he sentido ningún fuego interno, no he tenido ninguna revelación, ni he visto como se iluminaban mis chacras o se me mostraban los espíritus de la selva colombiana.
Nada de eso.
Sin embargo, me he sentido bien, me ha gustado y creo que he disfrutado de otra manera algo que he hecho tantas veces como es caminar por el monte, por un bosque, por caminos cerrados.
Posiblemente sea algo que ya hagáis muchos y os parezca una tontería que escriba de ello, pero por si acaso, creo que me atrevo a recomendarlo.
No hace falta estar en una selva colombiana, ni al otro lado del mundo. Cualquier trocito cerca donde haya tierra, elemento natural, es bueno para dejar que penetre por las células de la planta de los pies, que al fin y al cabo, son la parte de nuestro cuerpo que nos conectan, nos aguantan y nos mantienen.
Así que, devolverles parte de su esencia indudablemente les va a sentar bien, y por ende, al resto de nuestro yo con el que están íntimamente conectados.
PD 1 – Mañana hablaré del descenso por el río San Diego en un neumático.
ES PEC TA CU LAR
PD 2 – Pasado, de Seyarin, un indígena Arhuaco que nos ha acompañado todo el día y al que he entrevistado, y con un mensaje que merece escuchar
PD3 – Quizá el orden sea otro, es lo de menos
PD4 – Tengo mucho para escribir y contar sobre esta zona de Colombia que me está sorprendiendo tanto, y que desde luego voy a recomendar; a ver cuando encuentro tiempo para hacer un artículo en condiciones en el blog.
PD5. Pachamama = Madre Tierra o Diosa Madre, en Quechua, de comunidades indígenas americanas (por si acaso)
PD 6. De los pies también voy a escribir. Leí algo hace unos días que me dio muchísima luz y me encantó, os lo contaré.
PD 7. Hay quien me dice que cómo soy capaz de escribir un mail diario… ¡coño! si podría escribir diez y aún no lo contaría todo 🤭