180. No tienes nada que hacer

Voy a contaros algo que me pasó hace un tiempito, digno de darle media vuelta, o vuelta entera.

Fui a Tortosa a comer con unos grandes amigos y aproveché a ir a una tienda de esas esotéricas que llevan unos hermanos, ese tipo de personas que tiene otras sensibilidades y captan cosas que a la mayoría se nos pasan de largo.

Los escépticos podéis dejar de leer ya, os evito el trance ;))…

Mi intención era a ver si me ayudaba en un temita que tengo (tenía) por ahí colgando.

Imagínate, comida super guay, risas y paseo hasta la tienda en cuestión…

La idea era llevarme algo que les pareciera útil para facilitar eso que quiero arreglar. Que si una especie de mandala, unas velas, quizá alguna piedra, un mensaje… Lo que sea. Si ayuda, todo vale.

Me pregunta la mujer en qué me pueden ayudar.

Y yo tan tranquila, se lo resumo muy claro: «Ha desaparecido algo muy importante y valioso mío y querría recuperarlo», explicando la situación muy asépticamente y sin detalles (sí, soy capaz de resumir)

Termino de hablar, tan contenta de mi exposición, y ella, sin dejar de mirarme a los ojos con bastante intensidad, me dice.

OLVÍDALO, NO TIENES NADA QUE HACER

¿¿¿Como??
La cara de estupefacción aún me dura.

Que no vas a arreglar nada, que no tiene solución.

Ahí me quedé sin palabras, sin saber qué hacer ni qué decir, me pilló totalmente desprevenida.

Y entonces, el hermano de la mujer, que estaba a mi izquierda en el mostrador, empieza a hablarme, me dice lo mismo y a explicarme por qué es así.

No voy a entrar más en esto, porque no sé quien ni cómo estáis al otro lado, pero sí os cuento que una persona que no había visto en mi vida, de una tienda de una ciudad a la que he ido 3 veces, y jamás a esa tienda, donde ni sabían como me llamaba, me empezó a describir lo que «le decían» y ponía totalmente en evidencia y palabras bien concretas cosas que, aparte de mi, nadie, absolutamente nadie, sabe.

Detalles exactos de todo lo que va en relación a este hecho, pero concretos, concretos hasta el nivel de asustar, cosas que ni siquiera mis amigos tenían idea, (así que no… ellos no podían haberles contado nada en el caso que queráis pensar que habría sido así.)

Insistía en que tenía que cortar con esto, olvidar cualquier deseo de recuperarlo, aprender y soltar.

Y que no me iban a «vender» nada para ello, porque veían claro que no tenía sentido ninguno, y lamentaban tener que decirme la verdad.

Nos quedamos los 3 secos, porque fue como una bofetada a mano abierta.
Yo me quedé fatal, pero mis amigos se quedaron lívidos, porque fue algo súper extraño, directo e inesperado.

Y nos fuimos.
Yo con las manos vacías y un nudo en la garganta.

Después de un rato de caminar, hablar, poner palabras a lo inexplicable, comentar y reflexionar entre todo, lo cierto es que la conclusión a la que llegamos es que nos limitamos demasiado en esta vida por esperanzas y absurdos que no nos dejan avanzar.

Nos atamos nosotros mismos con cuerdas de apego que cada vez nos aprietan más los tobillos.

Y cortarlo, algo que podría ser sencillo, se nos hace tremendamente complicado.

Entonces, cuando viene alguien y te lo provoca, así, en canal, aparte de la estupefacción inicial, sientes una liberación absoluta, una ligereza, una paz y calma, que, benditas sean todas las bofetadas inesperadas por desconocidos que nos devuelven al camino, al movimiento y al sentido de nuestra vida.

En fin, que no se si sois o no de creer estas cosas, no es relevante, pero sí os animo a desanclaros, a liberar todo eso que nos arrastra y nos machaca.

Tenemos mucho, ¡¡mucho!! que aprender, y para que algo nuevo entre tenemos que hacer sitio.

Y la mayoría de las veces, no haría falta que nos lo dijeran de fuera, si nos escuchamos dentro, tendríamos más claridad para entender por dónde nos toca avanzar.

ANIMO CON VUESTROS APEGOS, YO SIGO SOLTANDO (como puedo y con torpeza) LOS MÍOS…

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