Voy a escribir 5 libros.
Mejor dicho: Debería escribir 5 libros (al menos)
Ops, otro inciso de aclaración. Tengo 4 libros PARA PUBLICAR
Esto es, rescatarlos, teclear dos de ellos, editar, dar forma, revisar, corregir, maquetar, arreglar y a disfrutar. Ya están escritos por sus autores, yo sólo los tengo en custodia.
Y luego ya, si eso, quedaría uno (¡o más!), este sí, mío, para escribir yo mismamente. Mi sueño y mi deseo, desde niña… sí, pero todavía no toca.
Primero lo primero: Me debo al respeto y admiración familiar y me he creado la auto obligación de no morirme sin sacar a la luz esas cuatro obras de arte que tengo en mis manos porque merecen ser publicados, leídos y rendirles su homenaje, reconocimiento y tributo correspondiente.
¿Cuales son? ¿Tienes curiosidad?
Claro, te lo cuento, si ya tienen hasta su título
1º Agustín Faus: «Yo fui niño de la guerra»
Mi padre escribió un libro con sus recuerdos de niño en plena Guerra Civil. Yo se lo pasé «al ordenador». Pero quedó sin publicar.
2º Agustín Faus: «Cara a la montaña, 50 años después»
… Mas otros muchos (años) en salir porque en su día, en el 2004, cuando cumplían los 50 años de esa gran obra de literatura de montaña, primera en español no técnica, la editorial estaba en pleno proceso de problemas y cambios y lo dejó colgado.
3º Sita Gallejones: «El libro de cocina del Faus-Hütte»
¡Oro puro! Mi madre era una diosa cocinando, y este era su guión maestro que recopiló y detalló cuando tenían en restaurante, altamente reconocido por su maestría en la cocina.
4º Ciriaco Gallejones: «Memorias de un humilde maestro de escuela»
Un tesoro que encontré hace años en una carpeta perdida. Un casi manuscrito de mi abuelo, con una visión increíble de lo que le tocó vivir, como maestro en tiempos de guerra, carencias y muchas dificultades.
Y ya, cuando cumpla esta misión que me he encomendado, llegaría el 5º… mi particular «No me leas»
Lo dejo escrito para reforzarlo.
Ganas no me faltan.
Tiempo, todo.
Lo dicho, no puedo morirme sin hacerlo (los 4 esenciales) o me convertiré en un alma errante.
PD
No, no uso las recetas de mi madre, porque por mucho que las siguiera al pie de la letra, no saldrían igual. La cocina no es mi don.