125. Un búnker en el salón
Hoy toca un poco serio, pero es que tiene que haber de todo, ¿no?
Trabajamos con una empresa cuya comercial es Israelí. Pasa muchos meses al año viajando, pero su casa y base la tiene en Israel, donde se encuentra ahora mismo, con su familia (marido y dos hijos).
Y justo en estos momentos, como en otros igualmente complicados en esos territorios, están todos viviendo en una habitación/refugio/búnker DE SU PROPIA CASA.
Cuando nos contaba esto, la primera reacción de sorpresa llega por el hecho de tener un refugio en cada casa. ¿¿Quien tiene un búnker en España, -aparte de los muy ricos, supongo-?? Yo al menos no conozco a nadie.
Lo que me llama más la atención es la total normalidad con la que habla de ello,… «Aquí estamos todos, comiendo, jugando, estudiando y trabajando en el zulo, todo a la vez» nos dice hasta con humor. Puedo entenderlo, porque no hay duda que el humor es una muy buena fórmula para hacer menos difíciles los momentos difíciles. Seguro que todos recordamos con una mueca mezcla entre sonrisa y tristeza, la terrible pero maravillosa película La Vida es Bella.
Me he quedado fría de verdad al contarnos que una de sus grandes batallas es mantener dentro a su hijo de 14 años, porque parece ser lo que más les gusta a los chavales de esa edad es salir por la noche a la calle «a ver como vuelan los misiles, que son como fuegos artificiales».
UAU
Me quedo sin palabras.
Normalizar lo que no debería ser normalizado.
Supongo que es esa parte de la autodefensa humana en aras de la supervivencia.
Me cuesta mucho digerir según qué cosas, posiblemente porque he sido tremendamente afortunada de no tener que vivir jamás una situación bélica como las que desgraciadamente, cada vez hacen más ruido. Y con todo este tema de las guerras que nos rondan cada vez más cerca, lo cierto es que mientras me retumbaba la Mascletá a todo volumen en Valencia, me vinieron pensamientos encontrados.
- Tantísima gente en la calle y balcones, ovacionando y celebrando ese ruido estrenduoso que podría parecer una guerra con infinitos disparos, pero es una festividad.
- Mientras, en estos mismos momentos, miles de personas, no tan lejos, temblando aterrorizadas al ser sorprendidas por sonidos similares que nada tienen de festivo.
Lo escribí tal cual en Fb y lo repito aquí, como un deseo, una oración, una súplica, un grito al vacío:
Que los petardos, el humo y la pólvora sean siempre por diversión y fiesta, y nunca por guerra y destrucción