Archivoabril 2026

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172. Centenario de Agustín Faus
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Filandia, Eje Cafetero Colombiano
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171. Comunidad Indígena Arhuaca
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170. Don Diego, el culo mojado y monos aulladores
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169. Contactando con la Pachamama
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Curioso Descenso del Rio Don Diego
7
168. El mejor aplauso para Barbra Streisand

172. Centenario de Agustín Faus

Tenía otro mail para mandaros hoy, pero, acabo de ver la fecha y…

30 de abril de 2026

¡No puedo dejarla pasar!

Tal día como hoy de hace 100 años, el 30 de abril de 1926, nació, en el entonces humilde Barrio de Sants de la ciudad de Barcelona, un pequeño varón al que pusieron de nombre Agustín.

Hijo de Ramón Faus y María Costa, fue un niño movido, culo inquieto, curioso y buscavidas a la fuerza en una dura infancia en plena Guerra Civil española.

Recuerdo haber leído en en su «Yo fui niño de la guerra», -libro aún inédito, que publicaré más pronto que tarde-, cómo relataba las formas en que se las ingeniaba para llevar comida a casa a base de encaramarse a paredes, colarse por ventanucos y escurrirse entre huecos donde sabía que no debería estar, pero oye, cuando el hambre aprieta, el ingenio se agudiza.

Mi Yaya, su madre entonces, le miraba y cuestionaba sin preguntarle dónde había conseguido eso, y a la vez, igualmente sin mediar palabra, con esas miradas con que las madres hablan, le reprendía a la vez que felicitaba su valor y preocupación por la familia.

Hubiera sido bonito que el gran y humilde Agustín Faus hubiera sido centenario.

Podría haber llegado a los 100, perfectamente; sus condiciones de salud, forma física y mental eran candidatas perfectas.

Él mismo, vital como nadie, siempre se veía «hasta los 120«, y mi madre, en su ironía cántabra nos decía «Hijas, ya veréis como vosotras seréis viejucas y ahí seguirá vuestro padre dando guerra, como una momia arrugada, pero sin parar quieto»

Y habría sido así, el Faus activo, escribiendo, andando por el monte, contando historias de montañas y mandando «recuerdos a….»  en cualquier lugar, en cualquier momento.

Pero cuando a un hombre le quitas lo que le da vida, le arrancas de su medio o le arrinconas poco a poco, en nada y de forma natural, la mente entiende que es momento de ir apagando luces, el organismo se repliega, las ganas se marchitan, y el cuerpo se va haciendo pequeñito para que sea más liviano el salto al otro lado.

Porque cuando ya no hay motivo para vivir, no se encuentra sentido a seguir haciéndolo, y lo mejor que se puede hacer uno es irse, -volver, realmente-, a ese lugar donde todo esto de aquí no es más que un juego de aprendizaje.

Bueno, que no quiero caer en el misticismo, y estas palabras son un recuerdo, un pequeño homenaje y un agradecimiento por los 100 años del nacimiento de un hombre que dio su vida por las montañas, que dejó un legado enorme por y para ellas y que, además, era mi padre.

¡Felices 100, Señor Faus, Papá, donde quiera que estés

 

Filandia, Eje Cafetero Colombiano

Hay lugares que te sorprenden nada más llegar.
Filandia, así, sin N, es sin duda uno de ellos.

Quizá si has leído o visto ya algo, foto, un reel o video, vayas un poco aventajado y no te pille tan de sorpresa. Pero si eres como yo, de los que llegas a los sitios sin hacer los deberes, entonces te pasará como a mi, que lo vas a flipar.

 

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171. Comunidad Indígena Arhuaca

Desde el corazón de Sierra Nevada de Santa Marta, «el corazón del mundo» como lo llaman los Arhuacos, tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano a Seyarin, un miembro activo y comprometido de una de las Comunidades Indígenas originales de Colombia, que bajaron de la profundidad de la Selva y de la Sierra para dar a conocer un mensaje realmente importante.

Naturaleza, desarrollo, humanidad y convivencia no son antagónicos. Podemos (y debemos) coexistir, desde el respeto y la humildad.

El lugar, la experiencia y lo recibido merece un escrito largo y detallado. Quien son, cómo viven, qué hacen y sobre todo qué podemos compartir con ellos: porque vivir la experiencia indígena de su mano, no es un sueño, si no una posibilidad que tímidamente empiezan a ofrecer.

Desde ya, está en mi lista de deseos. Convivir con ellos, entre ellos, en su hogar, con sus formas, que nos acompañen caminando 4 días para llegar a La Ciudad Perdida, y dejarnos impactar por algo mucho más profundo de lo que podemos siquiera imaginar es desde hoy una de mis próximas misiones, personales, profesionales y viajeras…

Pero como el tiempo apremia, comienzo ruta del Eje Cafetero y he de continuar ruta, de momento os dejo como aperitivo un video que grabamos con Seyarin en el que nos explica de primera mano todo esto que os querré transmitir.

Él sin duda lo hará mejor, ya que es su propia vida, pero yo espero darle otro toque y visión, para que como bien se dice, la unión de dos mundos haga uno sólo.

Nota: video tal cual, sin editar, sin cortes ni filtros… Sólo para vosotros.

170. Don Diego, el culo mojado y monos aulladores

Hay veces que vas a sitios a hacer cosas porque te llevan «y toca» pero no tienes especiales ganas y aún menos expectativas.

Y de pronto va, y te llevas la sorpresa del siglo.

Eso me ha pasado con el descenso del río Don Diego, posiblemente por un exceso de prepotencia interior en la que me creo que ya pocas cosas me van a sorprender y que todo es más de lo mismo en esto del «turismo».

Error Hellen.
Menos prejuicios y más humildad.

Este viaje «cambiado» me está trayendo más sorpresas de las que me imaginaba.
Igual va a ser cierto eso de que los destinos nos eligen a nosotros de cuando en cuando…

Ha sido francamente bonito, aquí os lo cuento y espero que lo viváis en persona alguna vez

CURIOSO DESCENSO POR EL RÍO DON DIEGO

169. Contactando con la Pachamama

He caminando un buen trecho por la selva de Sierra Nevada de Santa Marta con los pies descalzos.

Ha sido en una rutilla por la selva, sí selva, de verdad, tal como os lo cuento.

Nada de una gran travesía, más bien un paseo tranquilo y agradable, de unos 30 minutos, cómodo, y fácil, completamente reodeados de vegetación de lo más frondosa.

… Árboles gigantes, con troncos inabarcables a lo ancho, entrelazados con otros de distintas especies, altísimos, en un afán de llegar al infinito, uniendo sus copas como buscando escondernos el cielo y protegernos de un sol que achicharra.

… Enormes hojas que parecieran querer abrazarnos con cuidado, sabiendo que somos extraños, endebles y absolutamente necesitados de su protección.

… Un suelo denso, totalmente cubierto de hojas, ramas, restos de frutos caídos, flores rotas y pisadas, algunas enteras donde se intuyes miríadas de todo tipo de bichos y bichitos haciendo su rutina ajenos a nosotros.

Y por este senderito marcado entre uno y otro lado de todas las tonalidades de verdes y marrones, me he quitado los Crocs para crear aún más vínculo entre este espacio sagrado y yo.

Personalmente, me cuesta andar descalza, tengo los pies poco acostumbrados, todo me pincha y me molesta, aguanto poco, la verdad. En los barcos ya estoy acostumbrada, pero en suelo firme, ni siquiera en casa, acostumbro a hacerlo. No es algo que me guste especialmente, aunque sé que debería hacerlo más y que es francamente bueno para el organismo.

Pero hoy… hoy he sentido esa llamada, necesidad, ganas de pisar directamente con la planta de mis pies y sentir «piel a piel» el contacto con esta naturaleza tan salvaje, tan entera, tan poco usada ni contaminada.

Dicen que el contacto con la Tierra de este modo te recarga de energía, te conecta con lo más auténtico, nos limpia y purifica. No lo sé, realmente, aunque me lo creo y seguro que es así.

Alguna vez me acuerdo y lo hago, forzándome, aunque «sufra» un poco.

Pero hoy ha salido sin más, súper natural, y ha sido una delicia. Me he sentido súper cómoda, andando sin ninguna dificultad.

La tierra estaba blandita, como acolchada, no había mucha piedra, y tantísimas hojas hacían como si fuera una alfombra mullida… El caminito marcado como paso, la única zona por la que poder avanzar, dada la enormidad de las plantas que nos rodeaban, era estrecho, y por algún motivo me invitaba a ello.

Asi que, pies libres, fuera artificios, para sentir pleno contacto con la tierra, con la Pachamama.

No me voy a flipar. No he sentido ningún fuego interno, no he tenido ninguna revelación, ni he visto como se iluminaban mis chacras o se me mostraban los espíritus de la selva colombiana.
Nada de eso.

Sin embargo, me he sentido bien, me ha gustado y creo que he disfrutado de otra manera algo que he hecho tantas veces como es caminar por el monte, por un bosque, por caminos cerrados.

Posiblemente sea algo que ya hagáis muchos y os parezca una tontería que escriba de ello, pero por si acaso, creo que me atrevo a recomendarlo.

No hace falta estar en una selva colombiana, ni al otro lado del mundo. Cualquier trocito cerca donde haya tierra, elemento natural, es bueno para dejar que penetre por las células de la planta de los pies, que al fin y al cabo, son la parte de nuestro cuerpo que nos conectan, nos aguantan y nos mantienen.

Así que, devolverles parte de su esencia indudablemente les va a sentar bien, y por ende, al resto de nuestro yo con el que están íntimamente conectados.

 

PD 1 – Mañana hablaré del descenso por el río San Diego en un neumático.
ES PEC TA CU LAR

 

PD 2 – Pasado, de Seyarin, un indígena Arhuaco que nos ha acompañado todo el día y al que he entrevistado, y con un mensaje que merece escuchar

 

PD3 – Quizá el orden sea otro, es lo de menos

 

PD4 – Tengo mucho para escribir y contar sobre esta zona de Colombia que me está sorprendiendo tanto, y que desde luego voy a recomendar; a ver cuando encuentro tiempo para hacer un artículo en condiciones en el blog.

 

PD5. Pachamama = Madre Tierra o Diosa Madre, en Quechua, de comunidades indígenas americanas (por si acaso)

 

PD 6. De los pies también voy a escribir. Leí algo hace unos días que me dio muchísima luz y me encantó, os lo contaré.

 

PD 7. Hay quien me dice que cómo soy capaz de escribir un mail diario… ¡coño! si podría escribir diez y aún no lo contaría todo 🤭

Curioso Descenso del Rio Don Diego

Sierra Nevada de Santa Marta de Colombia, área natural protegida.
Zona muy montañosa tremendamente verde, pura selva, con picos que se levantan sin pudor, llegando dos de ellos, el Pico Cristóbal Colón de 5.775 m y el Pico Simón Bolívar hasta los 5.800 m, lo que les convierten en las montañas más altas del mundo… al lado del mar.

-Los nombres de las cumbres serían para otro escrito, eso sí.-

Si soy sincera, venía con pocas ganas, me hice la idea que la excursión que íbamos a hacer iba sería una «turisticada», y resulto que estaba tremendamente equivocada.

No sólo ha sido una experiencia peculiar de lo más interesante y especial, si no que desde luego es un lugar que que merece mucho la pena conocer, por lo que trataré de poner mi grano de arena al respecto.

 

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168. El mejor aplauso para Barbra Streisand

Leí esto de Barbra Streisand y me parece que es más que digno de darlo a conocer.

Copio tal cual.

Durante una prestigiosa gala de alfombra roja en Los Ángeles, el 20 de diciembre de 2025, con magnates del cine, multimillonarios tecnológicos y las figuras más influyentes de Hollywood, Barbra Streisand subió al escenario para recibir un premio en honor a toda su carrera.

Pero en lugar de pronunciar un discurso de agradecimiento tradicional, eligió un momento de verdad: directo, valiente y profundamente humano.

No dio las gracias a la Academia.

No habló de Broadway ni de sus álbumes que encabezaron las listas.

En cambio, Streisand miró fijamente a los ojos de aquel público de riqueza y poder y declaró:

«Estamos aquí, rodeados de diamantes y gloria artística, mientras el mundo, allá afuera, se derrumba. Si tu voz puede llegar a millones y eliges no usarla por quienes no la tienen, entonces no estás creando cambio, estás creando ruido».

La sala quedó en un silencio absoluto. Los ejecutivos de los estudios y los invitados permanecieron inmóviles, impactados por el peso de sus palabras. Ella continuó, inquebrantable:

«Si tienes más de lo que necesitas, ya no te pertenece solo a ti. Tu responsabilidad es levantar a quienes todavía están por debajo de ti».

Y no se quedó solo en las palabras.

Esa misma noche, Streisand anunció que todos los beneficios de sus álbumes de archivo y de sus futuros lanzamientos musicales —estimados en 160 millones de dólares— se destinarán íntegramente a financiar la investigación sobre la salud de las mujeres, iniciativas climáticas y la educación artística para niños desfavorecidos.

Su mensaje fue inequívoco:

«Un legado no se construye sobre lo que uno gana. Se construye sobre lo que uno da».

En una época en la que las celebridades suelen ser percibidas como ídolos caídos, Barbra Streisand le ofreció al mundo un poderoso recordatorio: el verdadero impacto no nace de los aplausos, sino del alivio del sufrimiento ajeno.

PD. Poco más que decir.

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