Archivo6 de abril de 2026

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148. Despedidas y mentiras
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Despedirse de un barco

148. Despedidas y mentiras

Hay un famoso dicho en el mundo náutico que dice eso de «los dos días más felices de un armador son, el día que compra el barco y el día que lo vende»

Mentira cochina.
De feliz nada.

El sábado cerré la venta de mi querido Kivuca ⛵️, y os puedo asegurar que ha sido complicado y por supuesto, han caído lágrimas.

Me ha costado mucho, y aunque estaba decidido y meditado, era el momento y lo que tocaba, tengo un dolor en el corazón.

Mi querido barco ya no es mío.

Sigue siendo todo lo que vivimos, y va a seguir formando parte de mi vida, y se transforma en otra realidad, con otra forma.

Pero la penita está ahí.

Claro que seguiré navegando, posiblemente hasta más que con él, ya que es más fácil y requiere menos tiempo y exigencias cuando es el barco de amigos; Seguramente no tarde mucho en hacerme con otra embarcación, pequeñita, una lancha o barquita, fácil y ágil para salir, moverme por mi mar sin grandes travesías, para disfrutar del salitre, un bañito o relajarme con las olas.

Pero mi Kivuca no estará.

Todas las despedidas tienen su punto de amargura, de tristeza, de nostalgia, de pensar si te equivocas, de agradecer, de revivir, de….

Pero tocaba y toca. Es lo correcto y lo que debe ser.

⛵️ Un barco necesita cuidados, atención, dedicación, y mi tiempo no da para todo.

⛵️ Un barco no es para estar quieto en un amarre, haciendo sitio a los caracolillos en su casco, si no para disfrutarlo, sacarlo, mojarse y navegar. Y mi tiempo no da para ello.

⛵️ Un barco requiere un esfuerzo físico, y yo cada vez tengo menos fuerza, era grande para salir yo sola, no siempre encuentras quien te acompañe.

⛵️ Un barco grita solo en el amarre, y tanto tiempo que paso de viaje no me permite venir a cuidarlo, darle mimos. No era justo para para el barco, y era un pesar para mi.

⛵️ Y además, pide dinero, por supuesto. Asi que lo reinvierto en mi casa, y de este modo, el Kivuca formará siempre parte de mi por lo vivido y por donde vivimos.

Asi que tocaba.

No, no soy feliz ni es un día alegre.
Pero así son las cosas y toca avanzar.

Y mientras escribía en el blog lo que sentía por toda la despedida, ha sido como una revelación ver la historia de ese barco en la mía.

Flipante lo que nos ocurre, y cómo si prestamos atención, encontramos los hilos conductores y todos los recursos que se nos ponen a nuestro alcance.

DESPEDIRSE DE UN BARCO

 

PD. Al final del post hay un audio, es una canción preciosa que me ha dedicado uno de mis compañeros Capitanes como despedida… los pelos de punta se me pusieron al escucharlo.

¡¡¡Tan bonita!!!

Despedirse de un barco

Mi última navegación con el Kivuca

Fue el sábado 4 de abril del 26 y era una despedida. A eso de las 11,30 h entrando a puerto, cuando la proa estaba justo entre las luces Roja y Verde de la bocana rumbo a su amarre, me di cuenta que era la última vez que entraríamos a puerto como armadora y su querido velero.

Ultima entrada a puerto del Kivuca

Tan solo un rato después de esta prueba de mar, se confirmaba la venta y el traspaso, y el Brisa 40 pasaba a manos de otro armador, de una familia con ilusión y muchas ganas de disfrutarlo.

Ahí entendí que terminaba una etapa muy importante de mi vida, y me sentí un poco «huérfana».

Por primera vez desde el 2011, no tengo barco, no soy armadora, no cuento con un apéndice náutico que une mi «ser persona» con mi «ser acuático» a través de un cascarón donde sentirse una en el azul.

 

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