Archivo8 de abril de 2026

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150. ¿Con qué objetivo?
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El mar, como la vida, no entiende de finales

150. ¿Con qué objetivo?

¿Sabes esa sensación de cuando te quedas en blanco con cara de pez sin saber que contestar a algo que te preguntan?

Pues eso me ha pasado.

Explicándole a una persona esto de que escribo un mail diario y que si quiere subscribirse y recomendarme para que otros lo hagan, y tal y cual, me pregunta

¿Con qué objetivo?

Ummmm….

Espera….

 

¿Con qué objetivo?

🤔

 

¿Que con qué objetivo escribo, me preguntas?

Opppssss

 

Pues, llámame tonta, pero… no se responder 😳

 

Mira que es una pregunta sencilla y directa.

Ni aún así.

Escribo porque me gusta

Escribo porque algún día me gustaría hacer algo, pero no se qué

Escribo porque se me da bien y a la gente le gusta (ese es el feedback que recibo)

Escribo porque es mi forma de sacar las cosas

Escribo porque es mi mejor manera de expresarme, entender y entenderme

Escribo porque me gusta compartir

Escribo porque me gusta opinar

Escribo porque me gusta hablar de lo que sé

Escribo porque diría que algo ayuda a otros

Escribo porque creo que tengo algo que aportar

Escribo para entretener y hacer leer, que es algo muy sano y bueno

Escribo porque me encanta leer

 

Pero…

No sé con qué objetivo lo hago.

Ese «para qué», no lo tengo definido. Todo lo anterior son los «por qués»

 

Así que… quizá tengo un problema,

Creo que tengo que seguir pensando en el objetivo.

 

No sé… si se te ocurre alguno, si encuentras algo que me pueda ayudar a definirlo, por favoooorrrrrr… ¡¡¡Dímelo, por dioxxx!!!

 

Ya, Hellen, pero ¿con qué objetivo?
Ese sí que te lo respondo: ¡para que yo encuentre el mío!

 

Comparto este artículo de periódico digital Euromundoglobal.com, que más que artículo, es una oda al corazón, la amistad y a la profundidad de todo lo que pasa, lo que vivimos y con quien -y cómo- lo hacemos.

Escrito por un amigo sobre la despedida de mi barco, el Kivuca, cuando lo vendí (aquí el contexto).

 

Cada una de sus palabras, de sus frases de sus expresiones, tienen un poso que son para hacer un cuadro con ellas y tenerlo siempre presente.

 

Preciosa lectura para cualquiera, incluso si te gustan el mar y los barcos.

 

Adiós, Kivuca. O quizá, hasta siempre
Juan Carlos López Medina

 

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