158. Olvidos, prisas y vida rápida
Ayer era el cumple de un buen amigo y me olvidé.
Totalmente.
No me suelen pasar estas cosas pero pasó.
Me he enterado justo hoy que este mismo amigo me llevaba al aeropuerto y nos hemos reído, pero a mi no me ha hecho ninguna gracia, la verdad.
Llevo unos días de esos que mejor que acaben y salga ya del ciclón loco en el que estoy metida, de ello iba a escribir, pero mejor cuando pase.
Veremos.
El caso que la vida atropellada y todo lo que se descontrola nos altera y descoloca y nos olvidamos de lo importante.
Y eso no es bueno.
Tan enfrascados íbamos hablando precisamente de este tema, que los dos, los dos como dos tontos, nos hemos saltado el desvío al aeropuerto.
MIIIIIEEERRRRDDD
Porque esto hace que un trayecto de 25 min se convierta en 50, te obliga a hacer porrón de km de más y dar vuelta y media hora larga más.
Bravo por los dos, jaja.
Y como las cosas se van encadenando, yo ya había salido muy justa por mil cosas que no vienen al caso, y como íbamos apurados, ya sabes, los coches se compinchan con Murphy para jodernos un poquito, y encima va y nos pasamos la salida…, pues nada… lo que toca, ponerse un poquito más nervioso, ya que estamos.
Pero llegué, y tras otro momento de estrés facturando, que también se solucionó, subo al avión, aterricé y…
¡¡¡Coño con que la gente no viaja!!!!
¡Madre del amor hermoso como está Barajas!
Las cintas más que sacar maletas, las escupen del volumen que hay, larga espera hasta que sale la propia, la gente en carreras de carros, y una vez sorteado eso, vas a la salida haciendo un poco de dribling…
¡Y, ay la salida!!!
Pero si todo Madrid estaba ahí apretujado en la zona de salidas, hacía tiempo que no veía semejante follón…
¡Gente, gente. muuuucha gente!
Y 40 minutos de cola de taxi. Y es que va pum pan pim bien rápido. Imaginad la cola. Para llorar. Pero nada, rapidito va.
Y gente como loca de aquí allá.
Normal que nos olvidemos lo importante.
Si es que no nos damos tregua para vivir.
Y cuando digo vivir me refiero a estar atentos a la cosa de cada día.
Cada momento son disgustos, cabreos, gente incompetente, follones, prisas… se encadenan que da gusto.
¿Cómo no olvidarme un cumpleaños?
Hay que parar.
Hay que frenar.
Hay que reducir.
Y los incompetentes y estupidos que nos cambian el ritmo, por favor que se aparten del camino.
¡Felicidades, amigo, gracias por acompañarme y lo celebramos a la vuelta!
PD. Repasad las agendas y sistemas de recuerdo de fechas, que no es bonito que pase esto.