162. Cali. El problema no es el dulce
Aunque me gusta escribir de los sitios donde voy, lo cierto es que Cali, no es que tenga mucho de lo que contar. He venido ya varias veces y a no ser que os encante la salsa, no lo recomendaría.
Aún así, para que no se enfaden mis amigos Caleños, me he esmerado, y al final os dejo el link para que curioseéis un poco lo que se puede ver y esperar de esta ciudad que al menos sí tiene dos cosas que os llamarán la atención
Sin embargo, yo marcharé mañana con un recuerdo especial.
Y no, no es un souvenir.
Ni siquiera un Gato
(al final entenderéis, MIAUUU)
Si algo hay sabroso en este país son los dulces, y para disfurtarlos, los guías nos llevaron a una cafetería bien chula al lado del río.
Ale a pecar y meter calorías al cuerpo…
Pero por si fuera poco, el pecado que va a resultar en exceso de peso ¡¡se duplica!!
Porque, vamos a ver, pregunto..
¿¿A quien se le ocurre poner una librería pegada a una cafetería donde va a sentarse Hellen un rato largo? ![]()
Me picaba el culo en la silla tomando el café y tras la tarta de Zanahoria, mi favorita, que estaba exquisita, imposible evitar dejar las conversaciones humanas para buscar las del papel… con la firme intención de resistirme.
¿¿Cómo voy a cargar con libros, cuando voy hasta arriba de peso, -maldito buceo que es lo menos lligero para viajar-??
Lo sabía…
Error.
Misión imposible.
Un libro te mira.
Tú lo miras.
Y en ese momento ya sabes que has perdido. O ganado, ¡a saber!.
Al final salí con dos.
Uno no bastaba, no. Dos…
No tengo remedio.
Y aún me doy palmaditas, porque a punto estuvo de que fueran tres…
El primero, racional, de esos que justificas.
Hablar al aire, de John Durham Peters, sobre la historia de la idea de la comunicación, cosas raras que me interesan.
El otro… de esos que no hay explicación.
Los Mares de la Luna, de Juan Fernando Merino autor vallecaucano que intuyo me va proporcionar un curioso rato de lectura las largas horas de navegación que nos esperan hasta Malpelo.
Solo el título ya era una promesa, pero cuando di la vuelta para ver si me sorprendía… ¡¡vaya si lo hizo!!
Con semejante descripción era imposible renunciar a llevármelo puesto.
Mira, mira, y a ver qué opinas… «Un sexador de pollos en Vladivostok….» menudo comienzo… Indiferente no deja, ¿no?

Curioso, curioso desde luego es.
Veremos el resultado.
PD1. Y luego me quejo de mis problemas de peso. Arrastrando mochila, maleta y en los mostradores de facturación. Y de los míos, también, claro… pero del dulce ya me he olvidado, enfrascada en el libro.
PD2. Ya contaré si es interesante o si acaba sumergido con los Tiburones Martillo bajo la roca…
PD2. Aquí para culturizarse un poco sobre la ciudad Caleña ![]()










































