Archivo22 de abril de 2026

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164. Adaptación 1. Garbanzos negros, 0

164. Adaptación 1. Garbanzos negros, 0

¡Cómo cambian las caras cuando aceptamos los cambios y miramos con ojos limpios!

Hoy había otras expresiones, otros movimientos, otras motivaciones.

Cuando uno asume que lo que pensaba no es, y que quizá lo que venga luego pueda tener su interés, se transforman hasta las fisonomías.

Aún no puedo contar qué tal la experiencia de buceo, porque con el cambio horario, cuando salga este mail estaremos prácticamente saliendo del agua, y todavía no puedo escribir y mandar mails mientras buceo (¡¡¡¡gracias a Dios!!!!), pero sí que noto en la gente esas «ganas de»…
De ver qué pasa, de ver qué hay, de ver qué tal es esto, de ver qué otras cosas se pueden hacer…

Percibo hasta cierta ilusión, o quizá no tanto como «ilusión», pero sí curiosidad de la bien orientada, de la que te lleva a sacar las cosas buenas antes que las malas.

Incluso, con la actividad de tierra que haremos el último día, hay mucha expectación, porque es algo realmente único que no existe apenas en el mundo, y quizá, solo por eso, haber acabado aquí tenga una justificación. Ya os lo contaré.

Para rizar el rizo de «las cosas que convergen», recordé que en Fitur vino un chico Colombiano precisamente hablando maravillas de una zona que no tenía nada que ver con el «Caribe normal» en cuanto al buceo, y nos quedamos con la copla de lo que quería montar y ofrecer, no sólo para buceadores, si no para snorkel.
Nos tenía que enviar información, pero nunca lo hizo.

Tirando de tarjetas de visita, ¡voilá! resulta que era este lugar de que nos hablaba con tanto entusiasmo, Santa Marta, y casualidades de la vida, es el mismo chico con el que vamos a bucear estos días, a quien ha contratado la empresa que nos tenía que llevar a Malpelo, porque son el mejor centro de aquí…

Así que, ¿quien sabe, si es que tocaba descubrir este sitio?

Una vez pasa la incertidumbre, el soponcio y la decepción, el cuerpo humano es sabio y descansa. Y cuando descansa, todo está más relajado, y cuando se liberan las tensiones, se cae al suelo el velo negro, la vida tiene otro color, y las caras cambian ¡Y como cambian!

Habrá que estar atentos, de todas formas, que la gente esté contenta, que no falte nada, que se aproveche el tiempo y se disfrute de lo que nos toca.

Y quizá entonces, resulte que no ha sido tan malo que haya pasado esto.

Ya veremos, y ya os lo iré contando.

Mientras tanto, no dejo de admirar la capacidad del ser humano de «resucitar» y dar la vuelta a las situaciones para provecho propio.

Sí es cierto que cuando hay garbanzos negros, pueden arrastrar, contagiar y desequilibrar una balanza, pero en este caso y hasta el momento, no los hay, todo va rodando y eso dice mucho del grupo humano.

Santa Marta… ¡veremos qué es lo que nos traes de bueno!

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