Archivo25 de abril de 2026

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167. La música en el alma

167. La música en el alma

Si hay algo que me fascina es la gente que sabe bailar, que tiene ritmo, que se mueve al son de la música y son como uno solo…

Y si algo tiene el Caribe es que nacen con el ritmo en el cuerpo. Yo no se bailar, se me da fatal, pero me encanta verlo. Admiro a esas personas que de la nada comienzan a moverse, como si nada, y es todo armonía y fluidez total con los acordes, da igual lo que suene y como suene.

Anoche paseando por la playa y el paseo de El Rodadero, donde nos alojamos, una vez mas comprobé como lo que se mama, se lleva…

Música por todas partes, pero no por bares, si no que todo lo largo de la playa, del paseo, estaba lleno de grupitos de personas, de todos los colores, edades y estilos, y en cada uno de esos grupitos, había un altavoz, un móvil, algo sonando y cualquiera alrededor, de pie, sentado o en el suelo, moviéndose al compás…

Parecería un estruendo de tanta diversidad, y para alguien un tanto PAS como yo, había momentos que era demasidado, pero la verdad es que no era molesto, dentro del aparente caos parecía haber una cierta sincronicidad.

Y como no podía ser, unos músicos callejeros, con parcos instrumentos y mucha voz, ritmos caribeños, salsa, y un corrillo alrededor, todos moviéndose, todos al son, todos bailando… jóvenes, niños, adultos, mayores y ancianos, locales, turistas, de pie, sentados, incluso 3 invidentes agarrados uno al otro en una especie de trenecito, con su bastón en una mano, la otra apoyada en el hombro de otro, y al frente un joven que los dirigía…

Al otro lado de la calle una especie de moto con pick up para llevar a gente, una pareja esperando clientes, y ella, tan natural, encima del sillín, moviendo caderas, piernas, cabeza…

No por espectáculo, no porque nadie les viera… si no porque la sangre manda y la música dirige.

Me encanta. Ver, sentir, escuchar… hasta tímidamente moverme algo porque cuando suena, es como un abrazo enorme que te quisiera envolver y llevarte consigo para bailar, como si todos tuviéramos cabida, cualquiera que sea nuestro origen.

Soy un patán con el baile, pero estoy segura que si pasar más tiempo en un lugar como este… acabaría aprendiendo un poco y dejando que el ritmo desbloqueara mis reticencias y complejos.

Como envidio ver a la gente bailar con tanta armonía, me parece un don maravilloso…

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