170. Don Diego, el culo mojado y monos aulladores
Hay veces que vas a sitios a hacer cosas porque te llevan «y toca» pero no tienes especiales ganas y aún menos expectativas.
Y de pronto va, y te llevas la sorpresa del siglo.
Eso me ha pasado con el descenso del río Don Diego, posiblemente por un exceso de prepotencia interior en la que me creo que ya pocas cosas me van a sorprender y que todo es más de lo mismo en esto del «turismo».
Error Hellen.
Menos prejuicios y más humildad.
Este viaje «cambiado» me está trayendo más sorpresas de las que me imaginaba.
Igual va a ser cierto eso de que los destinos nos eligen a nosotros de cuando en cuando…
Ha sido francamente bonito, aquí os lo cuento y espero que lo viváis en persona alguna vez