Una bronca submarina. Cuando el peligro no viene del mar

«Dos submarinistas se lían a puñetazos a cientos de metros de profundidad entre tiburones hambrientos y otros grandes monstruos submarinos ante el espanto de sus compañeros y lo que sucede entonces es aterrador»

 

Este sería el titular que veríamos en cualquier reel o anuncio de estos terroríficos que nos acosan por todas partes.

Ahora os cuento la versión más fiel a la realidad de la historia.

 

«Dos buzos discuten a 20 m de profundidad y lo que podrí haber sido grave, terminó en un abrazo fraterno»

 

Vamos a ver, que pelearse es algo frecuente entre humanos. Los hombres le dan más a los puños, las mujeres a la lengua.

Pero pelear, nos peleamos todos alguna vez a lo largo de nuestra vida.

Es un comportamiento que tenemos bastante integrado; tener broncas o ser testigo de ellas forma parte de la normalidad.

No es nada agradable -aunque hay a quien aparentemente le gusta-, pero es inherente a la naturaleza. En algún momento la evolución entendió que si uno se ponía bravo, el de al lado tenía dos opciones: o reculaba y le daba la victoria o comenzaba la lucha por ver quien vence y se lleva el trofeo.

Hasta aquí, un comportamiento universal, da igual la especie; humanos, animales terrestres o fauna acuática. Incluso las plantas, a su manera, tienen sus formas de imponerse, sacar pecho y decir aquí estoy yo, no te pongas chulito conmigo.

 

Pero cuando esto ocurre bajo el agua, a 25 metros de profundidad, no entre peces en su entorno, si no entre personas llevando pesados y complejos equipos de supervivencia a ese medio inhóspito para los humanos que es el fondo del mar…

 

Amigoooo, esto son palabras mayores.

 

Nunca jamás en mi vida de buceadora había visto a nadie agredirse bajo el agua.

Discutir, sí, tener diferencias o mandar al otro a kaskalaaa, por supuesto.

 

Pero pelear físicamente, con agresión real, empellones y casi puñetazos (en el agua lo de disparar el puño resulta complicado) ha sido el acontecimiento de mi historial subacuático.

 

Aún estoy flipando del estallido de feromonas que nos ha salpicado.

 

Dos hombretones, hechos y derechos, por la tontería más absurda del mundo, se han enzarzado en mitad de una inmersión, en el ambiente más agreste y peligroso que puede haber para hacer el imbécil, a ver quien la tenía más grande y quien subía el grado de chulería.

 

Algo que fuera del agua acaba como mucho con un ojo morado, aquí puede ser un verdadero drama, para ellos y para el resto del grupo.

Tonterías las justas bajo el agua, caballeros, que el mar no entiende de excesos de testosterona…

 

Me he tirado al medio de ellos no dando crédito a lo que veía, gritándoles que se separasen y ahí ha sido el momento más serio.

Veo que uno de ellos, con la excitación de la pelea había perdido el regulador (el aparato que llevamos en la boca y con el que respiramos bajo el agua) 😱

¡¡Ni se había enterado que no tenía con qué respirar!!!

Se le había quedado la boquilla entre los labios y soltado la primera etapa (la pieza que te llevas a la boca), así que si llega a aspirar para tomar una bocanada, lo que sucede tras un episodio en que se te acelera el corazón y necesitas un buen chute de aire…

…Ahí si que se monta buen pollo.

Agitado como estaba, cabreado, aún exaltado y acelerado, se llega a meter entonces un buen trago de agua de mar directo al esófago y la liamos parda en ese momento.

 

Le he clavado de inmediato el octopus (el regulador auxiliar de emergencia) en la boca, y cuando se ha dado cuenta de lo que pasaba, que le ha costado un ratito comprender, ya el otro se había separado y todos alrededor esperando que calmara el asunto.

 

Han seguido como niños chicos el resto de la inmersión y el resto alucinados, disgustados y por supuesto afectados con la escena.

 

Afortunadamente ya en el barco se han bajado los humos, se han pedido disculpas y se han dado un abrazo.

 

¡COÑO! …

¡¡QUE LA CABEZA HAY QUE USARLA ANTES, JODER!!!

 

 

Esto es un llamamiento a la cordura, al sentido común, a que no todo vale y que el autocontrol es algo absolutamente necesario en nuestra vida.

 

Que no podemos dejarnos llevar por los impulsos, que nos pueda la adrenalina y esos prontos que en un momento pueden mandarlo todo a la mierda. Da igual donde estemos, un momento de ofuscación y al carajo relaciones, matrimonios, amistades, trabajos, situaciones personales… ¡Cuanta gente ha terminado en la cárcel por un impulso absurdo, o destrozado su vida por altar ante algo que ni siquiera tenía importancia!

 

Afortunadamente hoy no ha pasado nada, pero podría haber sido muy gordo.

Una tontería que puede acabar en susto gordo o algo peor, afectar a un barco entero que no tiene ninguna culpa ni responsabilidad, a un grupo de clientes que tendría que volver a puerto, a una tripulación que tendría que lidiar con una situación muy complicada, al armador y empresa que se enfrentaría a problemas, juicios, temas policiales y periciales hasta determinar qué había pasado….

 

Un accidente, por la causa que sea, en un viaje de este tipo tiene unas repercusiones tremendas, no sólo para el «accidentado» y sus cercanos, si no para un enorme círculo con el que todos nos vinculamos en el momento que nos interrelacionamos en cualquier situación.

 

Pensemos bien antes de dejarnos llevar por la rabia, el enfado, la ira… aunque sea con razón, podemos perder toda la razón si las formas se lo cargan todo.

 

Nunca pasa nada hasta que pasa, y en ese momento, nos damos cuenta como una pequeña cosa, una cosa de mísera importancia puede convertirse en una enorme bola de nieve, imparable, destructora y destructiva.

 

Frena, mariano, frena… que la piedra de delante es demasiado dura para chocarse con ella…

 

PD  Y luego la gente con miedo de los tiburones. ¡¡¡Pero si los peligrosos de verdad somos los humanos!!!

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