Buceo con chispa en Huahine (Polinesia)
Buceo con chispa… o con otro tipo de burbujas… ¡Un tipo de inmersión que nunca había hecho!
Huahine me encantó.
Una isla pequeña, sin turismo, con muy pocos veleros (ahora realmente no hay apenas en ningún sitio, es temporada baja y se nota bastante, son más los locales y gente que vive en ellos o en la zona). De los sitios donde si me podría quedar a olvidarme del mundo y la civilización.
Pero no me quedé (tengo que seguir buscando “mi palmera ).
Sin embargo si lo recordaré donde el lugar donde hice una inmersión totalmente nueva, diferente, lejos de los cánones, y muy, muy divertida.
Se nos hizo tarde para salir al arrecife así que Marcos nos hizo una propuesta de buceo que no fuimos capaces de desperdiciar.
El resumen era: saltar del barco a bucear, salir al muelle, tomar una cerveza (o dos), volver a saltar al agua y volver al barco igualmente buceando.
Pues oye… ¡ni tan mal!
Tras todo el día ajetreado, llegó el momento del descanso y el relax. Algunos fueron a la isla en la tabla de padle, y el resto… iríamos bajo el agua :))
Al final de la tarde nos equipamos, jacket, regulador, botella… y saltamos del barco. Unos 15 m máximo de fondo, y por ahí, siguiendo la orientación estimada, fuimos buceando y disfrutando paralelos a la línea de la playa. Por arriba estaban alineados a la costa los guest house, tiendecitas, muelle de dinguis y…. ¡¡¡chiringuito!! Ese era nuestro objetivo final, aunque desde debajo del agua, teníamos que «calcular» a que distancia en superficie se encontraba.
Una media hora de inmersión, y empezamos el ascenso… Ahí ya salimos del agua como los navy seals de las películas…
De repente, rompiendo la rectitud de la lámina del mar en ese lugar tranquilo, aparecen unas burbujas, y poco después asoman puntos negros, que se convierten en cabezas, y más adelante cuerpos de personas, que buscan el espigón por donde salir del agua, con las botellas de buceo a la espalda, las aletas en la mano y chorreando mientras caminan…
Así aparecimos, pasando por delante de los paisanos tomándose su refresco de sábado…
Dejamos los equipos en la punta del muelle ante las miradas entre sorprendidas y divertidas del personal, y ¡al turrón!
Nos encontramos con el resto de los compañeros, y ya sí, cervecitas Hinano, como no podia faltar, para todos a la puesta de sol.
Se nos acercó bastante gente a preguntarnos de dónde éramos, qué barco, si de verdad habíamos llegado buceando (era evidente, por la pintas, pero resultamos un poco marcianos…), a dar conversación, algo que se agradecía y nos entretuvo un buen rato.
Nos contaron lo bien que se vive en esa isla (jubilados franceses principalmente)… donde hay tienda, farmacia, clínica y bar, «y no hace falta más». Ganas de quedarse, desde luego que daban, a la vista de su bienestar.
Se autoinvitaron dos locales jóvenes, con muchas ganas de charlar y fumar maría con nosotros (aunque nadie lo hicimos) y contarnos sus cosas. Tantas, que casi terminamos yendonos con ellos de pesca de “cientos de langostas y atunes enormes” a lugar muy especial que nos explicaron, pero dado su estado de coloque, decidimos no creernos demasiado.
Muchas risas y buen rollo después, ya de noche cerrada y ante los atónitos miradas de los presentes, nos dirigimos de nuevo a la punta del muelle, donde volvimos a equiparnos con nuestros achiperres de buceo y saltamos del espigon que nos vió salir del agua, ahora diciendo adiós a todos los que ya se habían levantado, incrédulos, a mirar como desaparecíamos bajo las ya oscuras aguas de la bahía…
Con tan sólo dos linternas para todos, mucho cachondeo fruto de unas cervecitas y un picoteo, con una corriente a favor de narices que nos llevo volando, no tardamos ni 10 minutos en llegar, vía submarina, a la popa del WIPI para seguir riéndonos comentando la experiencia tan entretenida, y descansar del día antes de seguir ruta a la mañana siguiente.