Buceoyviajes.com

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Cuando el malo de la peli no es el tiburón
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Underwater SPA: tratamientos exclusivos para clientes con escamas
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Alma de cumbre y corazón de mar
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Maldivas, 4 años después
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Mozambique, una opinión personal
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Malpelo y mis Eagle Ray.
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Buceo en Polinesia

Underwater SPA: tratamientos exclusivos para clientes con escamas

El acicalamiento de los peces es algo muy curioso.

Como cualquier otra especie, necesitan limpiarse. No es tanto un tema de «suciedad» como nosotros, que somos bastante guarretes, si no principalmente para librarse de otro tipo de bichitos, parásitos o sustancias que no les benefician y por sí mismos no se las pueden quitar.

Así que se utilizan unos a otros. Como los monos, los felinos y tantas otras especies. Trabajo en equipo para beneficio individual, una muy buena fórmula de convivencia.

Fascinante reino animal.

Os cuento cómo sucede debajo de la superficie, a los no buceadores os va a llamar la atención, y a los buceadores nos va a despertar alguna sonrisa.

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Entrevista de Juan Carlos López Medina en Alerta Digital.

 

Mira que me han hecho entrevistas a lo largo de mi carrera profesional, especialmente desde desde que fundé ViajarSolo en el 2002, pero esta me ha tocado muy muy al fondo y es realmente diferente y especial. 

 

Me ha hecho tomar conciencia que lo que somos no es si no el fruto de lo que vivimos, y que cuando empezamos a contar décadas con muchos dedos, toda nuestra historia tiene una línea de fondo, un significado antes invisible, un trazo imborrable.

 

Porque todo lo que soy, he hecho, conseguido, fallado y aprendido, realmente viene de lo que tengo en los genes, y ahí, los protagonistas son mis padres, Sita Gallejones y Agustín Faus

 

Gracias, Juan Carlos, por una labor periodística impecable y preciosa; es fácil hablar de una persona, pero difícil ligar  como tú has hecho las experiencias y logros a la magia de la unión de sus progenitores y sus circunstancias

 

CON ALMA DE CUMBRE Y CORAZÓN DE MAR

 

Os invito a leerlo, no por prurito personal, si no porque descubriréis mucho y hermoso de las dos figuras de referencia de mi vida, sin quienes que yo no sería nada de lo que soy.

 

Maldivas, 4 años después

Maldivas. 4 años hacía que no venía.
4 años después, he cerrado un círculo que ya llevaba demasiado tiempo abierto.
El lugar me lo ha puesto a huevo, porque venir de tan ultima hora no ha sido casualidad y algo tenía que pasar…
!Y tanto que ha pasado!
A nieve encuentros marinos ha sido bestial desde el primer día y subiendo cada dia el nivel de expectativas.
El barco, FLIPANTE (ya lo tenemos reservado para el año que viene)
El grupo de lo mejorcito.
Y la parte humana que he conocido en este viaje ha sido de lo mas inesperada y emocionante. Si va cuajando lo que ahí se ha propuesto, me veo parte el año en este paraíso.
Y es que la vida da unas de cal y otras de arena.
Abre círculos y te pone en el lugar para cerrarlos.
Te sorprende con la magia y te abofetea con la realidad.

Todo es para aprender.

He estado con tiburón ballena más de 49 minutos y tan cerca que su ojo me taladraba hasta los adentros.
Las mantas han hecho su espectáculo de día y de noche..
Y las águilas raya me han dado el regalo más bonito que recuerdo buceando, estar mucho, pero mucho mucho rato a su lado, tanto que me han permitido dejarme nadar con ellas “como si forraba o del glam” y eso no se paga con dinero

Mozambique, una opinión personal

Reflexiones sobre el viaje a Mozambique

Antes de cambiar de hemisferio, casi continente, país, cultura y sobre todo estilo de viaje, voy a dejar algo escrito del pequeño rincón de Mozambique que he descubierto en este viaje. 

Pequeño porque nuestra estancia se ha reducido a un trocito de un enorme país, más virgen de lo imaginable.  Un territorio de enormes distancias, largas de recorrer por las carreteras poco (y mal) asfaltadas, mayormente caminos de tierra y la siempre presente arena de las interminables dunas del área de Inhabane, vías solo practicables con tracción y tractores. 

Es un tópico, África y sus contrastes. 

Pero es una realidad. 

 

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Malpelo y mis Eagle Ray.

Es la tercera vez que cruzo medio mundo para llegar a este recóndito lugar en medio del océano Pacífico. Pero es que en esto del mar, nunca se repite, nunca es nada igual.
Hay ocasiones que la naturaleza y los elementos te lo pintan bello, se alinean los astros y hacen que un viaje ya repetido se convierta en una experiencia excepcional. 

Es mi tercera vez en Malpelo, y ésta ha sido realmente impresionante. 

Podría decir que lo ha sido por todo:

  • El tiempo, buenísimo
  • Una navegación tranquilísima con mar plana (30 horas para llegar a la roca, mas otras 30 de vuelta por el Océano Pacífico bien abierto, pueden dar lugar a muchos cambios marítimos…)
  • Una semana fondeados en agua tan calmada que parecía que estábamos en tierra; ni media ola para llegar a los puntos de inmersión, aunque fueran al otro lado de la isla, cuando los trayectos en zodiac ya son de por si aquí toda una aventura;
  • Temperatura del agua de 28-30 grados, no común en este área donde las corrientes de Humboldt traen aguas más frías  y las termoclinas son importantes (24 a 16 grados lo normal) y, friolera que es una, esta vez me vine con el traje seco que se ha muerto de risa y he tenido que llevar uno prestado para no morir achicharrada bajo el agua.. 
  • Podría añadir la visibilidad estupenda del agua (tanto nutriente hace que esté muy turbia) y que salvo un par de inmersiones de «pelear» no hemos tenido corrientes de esas durísimas de Malpelo que te dejan exhausto;
  • Y la fascinante vida marina de este paraíso aún salvaje que nos ha acompañado en cada inmersión (basta ver las fotos de Jorge ), el buen grupo de buceo que hemos  formado con los Chilenos y el grupo nuestro, y sin dudar la excepcional compañía, guía y coordinación de Julio que lo hace todo fácil y extraordinario.

 

Pero como si todo eso fuera poco, Neptuno ha tenido a bien hacerme un regalo de los que son difíciles de explicar. 

Quien me conoce buceando sabe que pierdo el sentido con las Águilas Raya, que Hellen desaparece y empieza a aletear como una loca cuando aparece una de estas esquivas “voladoras” de los mares por acercarme y disfrutar unos breves segundos de su presencia. Estos animales, ignoro por qué, tienen algo especial para mi, me conectan de un modo especial con el Azul, me transmiten algo diferente que ninguna otra especie marina, mucho más llamativa o espectaculares, consigue igualar. 

Fijaros el significado para mi, que están en el logo de mi empresa y en mi barco, mi Kivuca, impreso en las amuras y popa.

Y aún más, tras la experiencia de catarsis de la travesía por el Pacífico, al llegar a Samoa sentí que tenía y quería hacerme un tatuaje, y tras mucho meditarlo, todo llevó a que fueran mis águilas raya, llenas de significado, las que acabarán formando parte de mi piel y de mi ser. Y no uno, si no que al final me hice dos tatoos con ellas, el primero en un tobillo, pequeñito y simbólico (no me fiaba mucho, jeje) y el segundo ya con 3 bien diferenciadas, en el otro.

Con todos estos ingredientes de este animal, me encuentro con la maravillosa sorpresa y felicidad máxima continua, que en todas y cada una de las 18 inmersiones realizadas, han estado presentes mis adoradas Eagle Rays…!!!! Algo increible que ha hecho de este viaje un TOP para mi.
Sí, claro, cruzamos medio mundo para ver los bancos de Tiburones Martillo, que ahí estaban, pero aunque me encantan esos animales y es fascinante estar ante ellos, mi corazón se va siempre hacia esta otra especie marina…

¡Cada cual con sus rarezas, oye!

Pequeñas y enormes, solas, en parejas o en grupos, a ras de superficie o a 40 metros, de frente, de abajo, rápidas o pausadas, volando en el azul, junto a las raras móviles doradas, en las estaciones de limpieza de los peces mariposa amarillos, pasando entre los enormes bancos de barracudas, pargos, jureles e incluso entre los de tiburones martillo. 

Increíbles, mis amigas, en cada ocasión 

Pero uno de mis mejores momentos buceando  puedo asegurar que lo he tenido aquí y con ellas.  

Seguí a una, que, en vez de alejarse, curiosamente comenzó a trazar círculos a mi alrededor, como si fuera ella quien observaba a este bicho tan poco ágil en su medio que era Hellen. 

Yo me había separado del grupo al ir a buscarla y estaba sola, y ella, volando lentamente, sin alejarse mucho, permitiéndome aproximarme, tener de cerca esa cara tan bonita que tienen, que parece que sonríen. Pero ella también me miraba…

Mas de 15 minutos juntas, que en el agua es una barbaridad.
En tanto rato, y tantas posiciones, pude ver el patrón de su punteado (me he estado fijando estos días con tantas, y son realmente su huella dactilar) y los detalles que podrían hacer que la reconociera en otro momento.

Según veía que no me esquivaba, mi asombro iba in crescendo… si me quedaba atrás, cansada de tanto aletear a su lado (parece que no se mueven, pero no les sigues el ritmo…) me daba cuenta que cambiaba el giro para acercarse ella; si me quedaba quieta en una roca, cerraba más el círculo conmigo en el centro… era para llorar de la emoción. 

Nos cruzamos varios momentos las miradas, lo aseguro, con esos ojitos tan pequeños y diferentes que tienen, y yo pensaba, me acabaría conociendo, si volviera varias veces a este punto y nos encontráramos, acabaríamos teniendo una relación “humano animal” especial, porque ese comportamiento no era normal. Estábamos ya acabando la inmersión cuando apareció, por suerte a poca profundidad, entre 14 y 8 m, con lo que el aire me daba juego, pero tanto tiempo dando aletas y respirando emocionada, ya vi que me quedaba poco. Pero ella no hacía amago de irse… y menos yo! 

Pasó mucho rato hasta que apareció Jorge y luego el resto, los otros ya estaban en superficie, pero se ve que me quería solo para ella, así que fue entonces cuando ya no hizo ningún giro más hacia mi y voló lejos, mientras a mi me tocaba ascender, ya con la botella a 0 bares y el corazón tan lleno y feliz como no podría expresar jamás… 

Son estos momentos que quedan para uno, en el recuerdo, en la memoria, en los sentidos… Son mágicos y especiales, se viven de dentro. 

Y te preguntas el significado y la confluencia de tantos elementos. 

Y cada uno le pone las palabras y las emociones que le conectan con lo vivido. 

Nunca pensé que mi atracción hacia estos animales me llevaría  a este punto en el que de forma física (tatuajes), emocional (lo que significan), y experiencial (lo que siento buceando en su presencia) se haya creado un vínculo tan especial y completo.

Mis águilas y yo…

Esta foto no es con «esa» águila, ya que como digo, estaba yo sola con ella. Pero fue de esos días, me la hizo Jorge en uno de los múltiples encuentros con ellas.

 

Esta otra sí es «ella», pero apenas se la ve. Intentaba sacar tipo «selfie» estirando el brazo atrás con la Gopro, pero nada… Misión imposible. De cualquier modo, ha quedado tan grabado en mis recuerdos, que cualquier imagen sería siempre mucho menos representativa de la realidad.

Buceo en Polinesia

Voy a explicar un poco como es esto del buceo en Polinesia,  en los atolones,  porque a mi la primera me ha parecido interesante.

Estos son muuucho mas grandes que los de Maldivas y aunque algo se parece,  las dimensiones hacen diferencias.

Rangiroa de hecho es la laguna salada más grande que hay.  Los puntos de buceo aquí están justamente en lo que llaman «pasos»,  es decir,  las aberturas que comunican el océano con el mar interior del atolón, puede haber 1, o varios.  El nombre es totalmente apropiado, son los únicos puntos por los que se puede acceder al interior de los atolones. Si no hay abertura, paso, rotura del anillo de arrecife… pues no se puede entrar dentro. Y hay muchos atolones donde la laguna no es accesible, precisamente porque el arrecife no tienen ninguna rotura por la que poder acceder.

Y si no hay paso,  tampoco hay vida habitable, ya que el flujo océano mar es lo que evita que los temporales inunden la tierra y por tanto con ellos la laguna se «vacía», puede crecer vegetación,  construirse casas… 


Los pasos son, por tanto la vida, para los atolones. 


Y es en ellos dónde debajo,  se encuentra toda la «fiesta» submarina,  porque esta abertura provoca fuertes corrientes, y en el mar, por si no lo sabéis, las corrientes son la vida. 

Esta foto es Tiputa, uno de los 2 pasos de Rangiroa que están muy cerca uno del otro. Se ve el arrecife a los dos lados.

En una hora yo misma voy a estar ahí en la sunset Dive, disfrutando el cambio de luces y la jarana que montan los peces cuando empieza a irse el sol.  Es una de mis favoritas…   

Las corrientes se llaman entrantes, cuando van del océano hacia la laguna,  o salientes, al revés,  y esto hace que cada una sea distinta.

La verdad, que aunque siempre se bucea en los mismos puntos, no hay una inmersión igual que otra, parecen totalmente lugares distintos, y es por las corrientes, que nunca son iguales, y hacen que todo pueda ser muy diferente.

Y aunque aquí la verdad que zumban que da gusto, no se lucha,  te dejas llevar por ellas (es imposible ir en contra, básicamente, de la fuerza que llevan) y es la pura sensación de volar… 

A veces a velocidades que están en el puro limite entre el susto y el éxtasis. 

Si veis en las fotos, también  hay olas: El viento sopla por superficie (hoy bastante,  sería divertido estar aquí con el Kivuca) y levanta mar,  mientras que la corriente por debajo va ahora en dirección opuesta y se forman esos remolinos en superficie y cierto efecto «lavadora» en el fondo con el que hay que tener cuidado.

Entre todo esto, toda la vida inimaginable y abundante a rabiar que es lo que nos hace disfrutar como auténticos cosacos a los tarados por el buceo como yo.

Bueno, os dejo,  me toca vestirme para el remojón,  ya os he soltado la chapa y me voy tranquila de haber ilustrado un poquito la magia de este lugar tan alucinante.

 

 

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