Cementerios de caracolas

El misterio de las caracolas muertas

Hay algunos lugares en el Mar Rojo que cuando miras al fondo encuentras montones de caracolas muertas. Cuando pasamos por encima la gente se sorprende y se para a mirarlo, y pregunta con gestos. Siempre respondo igual… “arriba os lo explico”.

Y ya en superficie, con toda la facilidad de palabra, cuento lo que os voy a contar ahora.

¿Por qué hay tantas conchas y caracolas muertas juntas?

Pero antes … ¿Cómo sabes que están muertas?

Lo primero por el color, están apagadas, sin brillos, opacas, mustias.

Y segundo, si puedes darles la vuelta, verás que están vacías.

Además que es evidente que la parte interior que es la más brillante, sedosa y de colores y tonalidades realmente vívidos y espectaculares cuando vive, esto es, cuando tiene “su bichito” dentro, el amo de la concha, en esos casos aparece triste, terrosa y gris.

Ocurre en las caracolas, de los varios tipos que hay, y tambien en las grandes “almejas” que se fijan al suelo o roca o arrecifes, y se llaman Tridacnas. Estas pueden alcanzar un tamaño realmente considerable, he llegado a ver algunas en las que casi yo cabría dentro, y las más pequeñas hasta menores de 5 cm, según la edad que tengan.

En estos “cementerios”, las tridacnas aparecen abiertas, como cuando nos comemos una chirla de la paella, y sueltas, como tiradas por el fondo, no “soldadas” a nada como cuando están vivas.

Y cuando están vivas, te aseguro que no las olvidas.

Para mí son espectacularmente atractivas, me hipnotiza mirarlas.

El ser vivo que las habita cubre todo su interior, es invisible, pero deja la parte exterior como una cubierta blandita que une las dos valvas de la concha con un opérculo por el que respira, y algunas otras rajas o aberuras …

Puedes perderte mirándolas, porque cada una tiene un color distinto, verdes, marrones, rosáceas, violetas, azules, turquesa, ocres, amarillas…. con infinidad de tonalidades brillantes que deslumbran por su belleza… una autentica obra de arte.

Al estar, por lo general, encastradas en las rocas, llama la atención ese colorido que de pronto aparece como una tira mágica resaltando en el resto del paisaje. Son muy visibles y llamativas, de verdad que si.…

Si te acercas, se cierran, pero, a no ser que vean la amenaza total y entonces quedan herméticas y no podrías meter ni un pelo, dejan una pequeña hendidura mostrando un hilillo de su color particular y al alejarte o no respirar cerca, se irá abriendo poco a poco para deslumbrarte con su belleza.

Y no solo son estéticamente maravillosas, lo cierto es que estos pobladores de los mares son el mejor indicador de un arrecife sano y saludable. Son filtradores, y su misión es la limpieza y purificación del agua que comparte con todos sus vecinos habitantes, y su fuente primordial de vida.

Cuantas más haya, más riqueza habrá.
Si no existen o son escasos, ya sabes lo que tienes delante.

Y desgraciadamente, cada vez se ven menos, así que cuando encuentro varias en un espacio pequeño, la verdad que me pongo tremendamente contenta.

Pero en los cementerios de animales, tambiénestas tambien aparecen muertas.

A veces ves las conchas vacías e inerte perfectamente mimetizadas con el arrecife, no las podrías despegar.

Pero otras, demasiadas, excesivamente abiertas en el suelo, sin más, como si alguien las hubiera tirado sin delicadeza.

 

Y realmente esto es lo que ocurre en estos sitios donde la gente se sorprende al ver tantas caracolas y conchas muertas, casi amontonadas.

-¿Son las morenas, los pulpos, sus depredadores naturales del océano?

No.

 

Tristemente, una vez más, la causa es el hombre.

Su carne tierna y jugosa es una autentica delicatessen para los locales.

Los pescadores (beduinos, los únicos que tienen permiso de pesca en esta zona del mar Rojo), y los marineros y tripulaciones de los barcos que llevan toda la vida en el mar, van locos por ellas. Les encantan.

Así que, dado que aún las tradiciones antiguas y la falta de conocimiento del daño que hacen al entorno ciertas prácticas desmedidas, más allá de la propia alimentación, lo que hacen es destruir el equilibrio de los fondos, esos fondos que, paradójicamente les dan el sustento.

Y estos restos amontonados es porque las pescan, rompen y arrancan para subir a los barcos, y cuando tienen muchas y paran a la deriva o fondean, se las comen… y tiran las conchas por la borda, que se amontonan y extienden por zonas muy concretas del fondo, justo debajo de donde han estado los barcos.

Así se crean estos tristísimos cementerios de caracolas que vemos los buceadores.

Cada vez que veo uno, me produce una lástima terrible.

Ademas me he dado cuenta que cada vez los montones son más pequeños, y aparecen menos restos. Recuerdo hace muchos años ver auténticas montañas de conchas, que entonces no entendía de qué eran.

Ahora aparecen esparcidas. Son mucha pérdida para el arrecife, desde luego.
Pero ya son pocas, porque cada vez  encuentran menos.

No es que haya menos porque pesquen pocas, si no, que pescan menos porque ya son muy escasas. 

 

Las fichas del dominó van avanzando irremediablemente y empujando unas a otras.

 

PD1. No, los pescadores beduinos no son los causantes del destrozo de los fondos marinos. Ellos practican una pesca muy pequeña y sostenible, ya sabemos que el verdadero problema viene por otro sitio.

 

PD2. Yo las he probado. Hace muchos años, no sabía lo que eran. Las compartieron conmigo con toda su buena voluntad la tripulación… Cuando me enteré casi me da algo, Un día les pillé “pescándolas”, subiendo muchas a la zodíaco, y les armé tal bulla y les explique que (creo) no han vuelto a hacerlo. A veces voy buceando con el Capitán y me las enseña y me hace el gesto de “qué ricasssss”, y le hago el gesto de NO… Hace unas semanas le conté precisamente la importancia que tienen en la salud del arrecife y espero que de fruto… Viven de esto, tienen que aprender que vivas les valen muchísimo más que en el estómago. Son cosas que cuestan, pero poco a poco se va haciendo.

 

PD3. Las grandes caracolas de las que hablamos, una vez muertas, de poco sirven. Quizá puedan ser escondrijo temporal de alguna especie más pequeñita, pero son tan grandes y pesadas que no pueden ser utilizadas por los cangrejos ermitaños, por ejemplo, que buscan conchas vacías para protegerse y como “casa”. Una vez muertas, no tienen una segunda oportunidad y suelen acabar llenas de arena enterradas. Por eso su destrucción es tan dramática.

 

PD4. Del mismo modo, cuando vayáis a cualquier sitio de mar y veáis cestos enormes llenos de grandes conchas y caracolas, podéis llorar un poco, como hacemos los que entendemos el significado. Y por supuesto, os agradecería enormemente no comprarlas, porque eso es lo que fomenta la otra parte de la destrucción. Los pescadores por sí mismos no son tantos como para dejar los fondos marinos secos, aunque todo suma.

 

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