Cuando viajar se complica

Viajar es algo increible. Nos gusta, nos motiva, da exotismo, queda bien, se aprende mucho, es muy vistoso…
Podría seguir hablando maravillas de viajar, porque nadie mejor que yo para hacerlo, ya que es mi vida, mi trabajo, mi pasión y que desde luego puedo opinar desde la experiencia real y de muchos años, no de boquilla ni teorizando.

Ahora bien… de la misma manera, afirmo que viajar a veces te pone en situaciones complicadas y no todo es tan bonito.

En esta ocasión lo que quiero poner en el tablero de juego qué pasa (o puede pasar) cuando estás de viaje (o tienes un viaje programado) y OCURRE ALGO, y algo lo suficientemente serio e importante donde todo lo bonito de viajar se torna negro, difícil y hasta peligroso.

Pueden ser situaciones personales (un accidente previo o en el viaje, una enfermedad de un familiar que te obliga a cambiar de planes, o un cambio laboral profesional que implica mucho…); o directamente relacionadas con el viaje en si (los vuelos, los receptivos, los hoteles…). O en el peor de los casos, escenarios totalmente ajenos a nosotros con un fuerte impacto, donde nos encontramos atrapados en un destino, desviados, bloqueados, o simplemente sin poder viajar.
Hablamos de una pandemia, que ya lo hemos vivido todos, pero también de conflictos bélicos diversos, o una guerra en Iran que afecta a todo el Golfo, como estamos padeciendo en estos momentos.

¿Como se vive y cómo afecta «al viaje» un tema así?

Te lo voy a resumir muy fácilmente. Depende en un enorme porcentaje de:

  • Si lo has organizado todo por tu cuenta
  • Si lo ha organizado alguien no profesional, o directamente en destino
  • Si es una agencia de viajes (seria) quien está detras

Hoy en día cualquiera viaja y se organiza un viaje. Es tremendamente sencillo.
Hasta hace nada, bastaba con buscar un poquito en Google, navegar por algunas páginas, y los más meticulosos estudiar valoraciones, críticas, páginas de opiniones.
Ahora incluso es más fácil aún: le dices a una IA que te monte un viaje a tal sitio, y ¡voilá! en un momento te ha armado un itinerario genial, de cabo a rabo con montón de indicaciones.

Y todo eso está muy bien. Es muy útil y desde luego un gran beneficio de la era internet.
Y como todo va bien, pues no hay problema, y todos tan contentos.

El problema surge cuando, redundantemente, surge un problema.
Cuando pasan cosas.

Siempre digo que las empresas, los negocios -y las personas y por tanto las relaciones- no se conocen ni se pueden evaluar de verdad ni decir que «son buenas» hasta que pasa algo. Hasta que hay problemas que gestionar y solucionar.

Ahí está el quiz de la cuestión.
No en que ocurran conflictos, haya incidentes o equivocaciones, si no en LA FORMA DE RESOLVERLOS.

Antes se decía cuando alguien se montaba un viaje por internet, que si tenía un problema en destino que «llamara a internet» a que se lo solucionase.
Ahora podemos añadir, llama a la IA, que sí, seguro te va a RESPONDER (siempre lo hace, y muy amable y servicialmente), pero no te va a SOLUCIONAR. Porque la IA no es una persona al otro lado del teléfono que te pueda dar una solución en tiempo real, y porque la IA ha bebido y se ha nutrido de lo que se le ha informado, de lo publicado en internet o subido en datos, pero no tiene capacidad de discernir lo que es real, lo que no, lo que funciona, lo que tiene humano detrás…

En cambio, cuando tienes una agencia de viajes detrás, cuando en tu teléfono llevas el teléfono de una central, o un whastapp de emergencias… ahí si puedes llamar, recibir respuesta, y tener una solución.

Y te digo algo que si no lo sabes, te lo aseguro:

Cuando estás fuera de casa, en otro país, en una situación delicada, lo que necesitas antes que nada es una voz humana, cálida y eficiente que te de tranquilidad, seguridad, confianza y por supuesto, soluciones.

En esos momentos de total vulnerabilidad estando en un lugar ajeno, todas las alarmas internas se disparan, las inseguridades se multiplican, los miedos te devoran, los nervios juegan muy malas pasadas y los sudores que corren por tu cuerpo son el menor de los problemas que sientes.

Os voy a dar un dato, para que lo penséis. NO lo digo yo, es real, podéis buscarlo (hasta en una IA hacer la consulta).

En la pademia, cuando tantos miles de personas quedaron atrapados en lugares de todo el mundo tratando de volver a sus casas (yo en Ecuador y Bogotá, por poneros un ejemplo), ¿quienes fueron los primeros en volver? O si quieres darle la vuelta ¿sabes quienes fueron los últimos en poder tener un vuelo de vuelta, no pagarlo y ser repatriado? Cuando ha saltado lo de Oriente Medio y se han cerrado los aeropuertos de Dubai, Qatar… etc, toda la gente pillada a uno u otro lado ¿sabéis quienes son los que han vuelto pronto, sin problemas?

La respuesta es siempre la misma: los que viajan con agencia de viajes, son los primeros ser atendidos y repatriados. 

Todos los que van por su cuenta, son los últimos de la fila, de las aerolíneas, de las listas de los consulados y embajadas, de estar siquiera contemplados… porque muchas veces, ni se sabe que estás fuera de tu país.
Por si no lo sabes, hay un registro de viajeros… si no estás ahí cuando ocurre algo… no existes. Te puedes comunicar, pero entonces comenzará un trámite para «encontrarte», verificar y ver qué se hace contigo. Cuando vas con una agencia, automáticamente estás localizado e identificado y eres una prioridad.

Claro que es más caro viajar con agencia de viajes (o no, pero bueno, dejémoslo así…), porque todo lo que vale cuesta, y cuando no pasa nada, te pones muy contento de lo listos que somos al «ahorrarnos» cuatro duros.

Pero, ay amigo, cuando hace falta y hay que sacar la cartera porque no estamos cubiertos, o cuando te sientes «abandonado» porque te dejan para el final y ves a otros pasar por delante, subir a aviones a los que a tí no te dan acceso, estar en su casa cuando tú sigues tirado en un aeropuerto, o cuando no sabes donde ni a quien llamar para que te solucione un problema sin duda grave… ahí es cuando igual piensas que igual había algo que se te había pasado de largo…

Esto como los seguros, da mucha lata pagarlos, y ojalá que no los usemos… pero cuando hay que usarlos, benditos los euros «perdidos» durante tantos años.

No escribo esto de forma interesada comercialmente, lo escribo desde el conocimiento.

Hay muchos que alardean de organizar viajes y llevar a gente detrás «pasando de agencias de viajes», haciendo todo en local. Genial mientras va sobre ruedas… Pero piensa que si tienes un problemilla en destino (no te quiero desear uno gordo), ese «organizador» se va a lavar las mano y como no es empresa, no se va a mojar ni una gota, y los negocios o guías locales no tienen ninguna obligación con la legislación española (o del país de origen). Y el «buscarse la vida» no siempre es tarea fácil.

El que va a pringar es el que ha viajado sin saber realmente todo lo que ponía en juego, la mayor de las ocasiones por puro desconocimiento.

En fin, a veces creo que es predicar en el desierto, pero he visto tantas cosas y podría contar tantas historias, que de alguna manera me veo en la obligación de, al menos, poner en aviso.

Las agencias de viaje somos los profesionales que podemos asegurar la seguridad de un viaje.

Simplemente recuérdalo.
Y tira de hemeroteca si no te dan mucha confianza mis palabras.

Ojalá que no jamás tengas que darme la razón, y que todo sea…

¡Buen viaje!

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas HTMl y artributos.

Todo el contenido de esta página es propiedad y opiniones personales de © Hellen Faus. Los contenidos externos están indicados o vinculados a sus sitios web o sus autores. Si ves algo que no debería estar, equivocado o incorrecto, no dudes en hacérmelo saber.

Verified by ExactMetrics