Dos años después

Dos años.
Hoy hace dos años que se fue el gran Agustín Faus a la cumbre más alta.
Sin saberlo, ese momento justo fue el principio del gran PATAPLOFF o el gran Tsunami de mi vida.
Si, el “cataclismo” mundial, ya sabemos, la Pandemia y esas cositas… pero el personal mío, ni os cuento (los que lo sabéis… lo sabéis) .
Así que, tal día como hoy, como homenaje y recuerdo, voy a utilizar la sabiduría de la montaña de mi padre y mi madre, para hacer una analogía de las montañas y la vida.
En los tropezones, imprevistos o bofetones de la vida, al igual que en la más difícil ascensión, por duro que sea el trayecto del “mientras”, llega un momento que llevas a un punto “por encima” de todo….
Y entonces, agotado, exhausto, derrotado, molido….cuando crees que no puedes más… es cuando paras, respiras, descansas, te serenas…
Y abres los ojos…
Y miras….
Y entonces, y solo entonces, si tienes el corazón preparado, el alma lista y la mente abierta… entonces ves lo que hay al otro lado.
Y te admiras, y te emocionas, y entras dentro de ti.
Y das gracias a quien te ha ayudado a que llegarás.
Y entonces… entonces te preguntas ¡¡¡por qué no habías llegado antes!!!!
Resulta que lo que sientes en esa “cima” te hace descubrir la verdadera naturaleza de lo que se quedó por el camino y rodó montaña abajo por su peso muerto, pesado, podrido e innecesario.
Ahí, en lo alto, reconoces y agradeces profundamente las manos y ánimos que hicieron posible que no desfallecieras ni tiraras las toalla.
Y en este punto, tan cerca del cielo, de tu cielo, donde los montañeros de verdad lloran de la emoción y gritan de felicidad, te das cuenta de la importancia de aprender y crecer, de quedarse solo con lo que suma y aporta y entusiasmarte con todo lo nuevo y bueno que has encontrado “ahí arriba”
Es la única forma, parece, de desprenderse de lo que ata y corta las alas despojándote de tú yo más verdadero, para, como Ave Fénix, sacar lo mejor de ti y sentirse vivo, feliz, completo, entero… ¡¡tú mismo!!.
Esta es realmente la recompensa del sufrimiento de la escalada.
Papá, mamá, aunque yo tiré más hacia el mar y el azul, los valores de la montaña, los de antes, tan auténticos y verdaderos, están bien arraigados en mi.
Ahora estáis los dos lejos, -o cerca-, pero sin vosotros, yo no sería lo que soy, y eso es algo que os hace tan grandes como las montañas que tanto os gustaba subir.
Dos años que me han enseñado mucho.
¡¡¡Muchísimo!!!
Un aprendizaje que comenzó con la muerte de mi padre tal día como hoy.
Me hicieron fuerte los valores y enseñanzas de estos progenitores míos y su espíritu de montañeros incansables, indomables, me ha acompañado en esta cima personal tan alta, tan rica, tan buena, tan gratificante.
Después del esfuerzo, estoy mejor que nunca, física y mentalmente y eso es algo que decía mi padre “encumbrar una montaña es la magia de sentirse tan especialmente bien a pesar de lo vapuleado que vas por el camino”

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