Echar el cierre

Hay etapas en la vida que cuando pasan, no sólo es bueno saber que han pasado, si no que es importante echar el cierre.

Un cierre sirve para marcar este “hasta aquí llegó”, para hacer un repaso, una mirada atrás, una mirada adelante y sacar conclusiones.

No significa borrar, olvidar, renegar.. Simplemente significa reconocer, asumir y verbalizar que aquello ya terminó.

Y hoy ha tocado uno de esos cierres.


Atravesé mi ciclo de 7 años horríbilis, del 18 al 25, con sus altos, bajos, y muchas, muchas sacudidas y embestidas.

Como una es totalmente consciente de sus limitaciones y absolutamente convencida de que solos llegamos mucho más lento (si llegamos) y además no me crea ningún reparo reconocer y gritar cuando necesito ayuda, si hoy estoy donde estoy es porque pasé mis buenos tragos de terapia.

Esto de la terapia y los psicólogos es como una lotería; puede irte muy bien, muy mal, o sencillamente no ir.

Yo tuve la grandísima suerte de topar con una pedazo de profesional que me ha aguantado, empujado, escuchado, animado, reforzado, despertado y acompañado de una forma increíble en este camino agreste que me tocaba padecer.

Vaya por delante que no existen los milagros y todo depende de lo que cada cual quiera hacer y aceptar.

Que no hay terapia ni ayuda que valga ante una mente cerrada o creyente de no necesitarlo.

Pero si ambas partes ponen de su parte, como ha sido el caso, pasan dos cosas:

– Que la experiencia e intuición de un buen profesional ponen las herramientas precisas que tú necesitas en cada momento para superar las pantallas que te tocan.

– Que la base de humildad, aceptación y ganas de avanzar te permite recibirlas y te capacita para usarlas con resultados.

Nadie dice que sea sencillo y durante el proceso te cagas en todo, el sufrimiento se te come, la rabia te consume y la impotencia te deja tirado…

Pero aunque “durante” no se ve, “a lo largo de” se va avanzando, creciendo, saliendo.

Y cuando ha pasado el suficiente tiempo desde el «final», el suficiente como para mirar atrás desde la paz, la tranquilidad, el equilibrio y la calma, la satisfacción que se siente y la sonrisa que se te pone, hace que todo lo pasado sea motivo de agradecimiento por lo que gracias a todo eso has conseguido.

Y como había que echar el cierre, ayer cerramos.

Y muy bien cerrado.

Fuera de consulta, lejos de la silla de paciente y la posición del terapeuta, sin protocolos ni alarmas de tiempo.

Un restaurante, con un arrocito, un caña, risas, repaso, actualizaciones, puesta al día, comparaciones, conclusiones…

Comentar y contrastar las diferencias ente un punto de partida y el de llegada tan abismales da para estar más que contentas.

Yo como paciente.
Ella como profesional.

No ha sido fácil, estaba jodida la cosa, la verdad… pero lo hemos hecho.

Seguro que volveré, porque es bueno confrontar y porque en la vida aparecen muchas crisis en las que es necesario poder tirar de ayuda, pero será otro momento, otra situación, otra vivencia.

Esta se ha cerrado.

Gracias, Magda, eres un puto crack, ha sido un placer.
Sí, un placer… a pesar de lo que me has hecho llorar y sufrir, jodía.

 


NOTA: 

La «culpa» fue de estos Baturros…

Se podía haber alargado o no concretado el día de esta comida, estaba pendiente hacía tiempo, pero a veces hace falta un empujón para materializar los momentos.

Y la nobleza baturra lo dio. Verlos en un escaparate en Zaragoza al ladito del Pilar la semana pasada, acordarme de ella y ser el regalo perfecto (cosas de terapeutas, oigan, a mi no me digan nada…) pues puso fecha.

Y con la fecha llegó el cierre.

¡Viva Zaragoza y viva la Virgen del Pilar!

 

PD. Si alguna vez necesitáis una buena terapeuta, evidentemente mi recomendación va a ser ella: Magda Cubel.
Tiene la consulta en Valencia, pero también atiende online, que no es lo mismo, ni mucho menos, pero si no se puede ir, hace igual de bien.
AQUÍ SU WEB: Magdacubel.es

 

 

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