244. Efecto dominó

Seguro que en alguna ocasión habéis visto o escuchado este «chiste»

Cliente en una pescadería

Le entregan el pescado y dice:

-¿Me da una bolsa de plástico por favor?
Y le contesta la pescadera:

-La lleva dentro

La lleva dentro (El plástico, la basura)

De gracia poca

De realidad, demasiada.

Somos guarros, descuidados, sucios.

Pero también somos limpios, cuidadosos, preocupados.

El mar es maravilloso. Pero está muy sucio.
La montaña es una delicia. Pero está muy sucia.
Los ríos son brutales. Pero están muy sucios.
De las ciudades, las carreteras y donde sea que haya humanos, no hace falta hablar.

Y todos tenemos nuestro papel y responsabilidad.
Podemos elegir tirar, o recoger.

Quedarnos en el asqueo o movernos hacia un pequeño gesto.

Yo tengo la «manía» de ir recogiendo todo lo que encuentro en el mar que no corresponde al medio.

Termino con los bolsillos llenos de todo tipo de mierdecillas, vasos de plático, latas, trozos de cinta aislante, restos de sedales, telas… os sorprenderías lo que se llega a encontrar.

Da asco.

Rabia.

Y mucha pena.

Cada vez que lo hago, por pequeño que sea, pienso esta tontería:

Será poco, pero igual he salvado la vida de un pececito, que si se come esto le podría matar, o al que se le coma a él…

¿Pero sabeis lo mejor?

¿Lo que me he dado cuenta y me encanta, me da una esperanza brutal?

Pues que en mis grupos siempre veo que la gente termina recogiendo lo que encuentra, desenredando sedales, o dando aletas para llegar a esa bolsa de plástico que va flotando en el azul.

Y no es porque yo diga que haya que hacerlo.

Es porque me ven hacerlo.

Y no lo piensan, les sale automático.

Porque, igual que se copia lo malo, (ves un sitio guarro, y enguarras tú también),

también se copia lo bueno.

Y cuando arriba vemos todo lo que hemos sacado entre unos y otros, tomamos consciencia de lo que podemos hacer cada uno.

Así que el mensaje está claro.

Cualquiera que sea tu ambiente (mar, montaña, pueblo, ciudad, colegio, oficinas, trabajo, ocio…), el cómo te comportes puede multiplicar exponencialmente ese comportamiento.

No sé tú, pero yo lo tengo claro.

Quizá el próximo pescado que comas no lleve ese trozo de plástico dentro, porque acabó en mi bolsillo o en el de alguien que lo sacó del mar.

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