El arte de viajar cuando los planes se rompen
Pues no vamos a Malpelo.
Cancelado.
Lo que mal empieza, cuesta enderezar, y ahora ya puedo hablar de ello.
Llevamos más de una semana antes del viaje en vilo.
Y justo una semana después, el peor escenario que podríamos esperar.
Desde que el lunes previo a salir de viaje el sábado nos comunican que por un cambio de dirección en IMAR, hay que hacer cosas en el barco para una nueva inspección, ya nos ponemos a temblar. Este organismo viene a ser una Capitanía en España, es decir, quienes controlan la operativa de los barcos en un puerto, y se ve que hay nuevo Capitan que ha solicitado algunos temas para los que es imprescindible sacar el barco del agua. Y esto son palabras mayores.
No voy a contaros los pormenores, porque no es necesario, sólo deciros que cuando llevas 16 personas a un lugar tan lejano y remoto, y que las situaciones no se ven claras, no se pasa nada bien. No fue hasta el jueves a la tarde, hora Colombia, que se pudo sacar el barco del agua a varadero, y esto supone que hay poco margen, y en nuestra cabeza saltaban chispas. Está complicado, pero hay esperanza.
Hasta ese momento, no se podía decir nada al grupo, porque no puedes meter a 16 personas en un bucle de incertidumbres, hay que esperar a cuándo se puedan dar soluciones, respuestas, tomar acciones… Y esto lo hace aún mas complicado.
Como nos indicaron que seguía bien el tema, volamos. No podíamos no hacerlo, porque la naviera no ha cancelado el viaje, dice que al 90% saldremos a tiempo, y lo peor sería hacerlo un día más tarde y recuperar ese retraso de alguna manera.
Asi fue que llevamos 2 largos días en Cali, sin ver que el tema se aclare demasiado.
Nos llevan de restaurantes, nos pagan las comidas, nos hacen visita a la ciudad, otra noche extra en el hotel…
Bien atendidos, desde luego, estamos.
Pero es todo muy confuso, no te explican bien, no sabemos si creernos todo… Las llamadas son escasas, audios de WhatsApp que no terminas de entender, «te llamo en 30 minutos» que se convierten en 3 horas sin saber nada…
Nervios, nuestros nervios no descansan.
De cualquier modo, no hay alternativa, sólo podemos esperar la hora de salir hacia Buenaventura, que se concreta para el lunes después de comer, cuando se supone que ya estará todo listo.
Cuando ya se ha hecho el check out del hotel, las maletas abajo, esperando desde las 16 h a que nos digan a qué hora nos recogen… un bofetón de realidad.
No han aprobado el permiso, por algo que suena a «por mis narices no os lo doy«, y a las 19 h nos comunican oficialmente que no hay viaje a Malpelo.
BUFFFFFF
Tenemos delante 16 personas, con 16 sueños, 16 frustraciones, 16 situaciones particulares, 16 opiniones, 16 formas de ver las cosas….
Nos ofrecen una alternativa interesante, y toca comunicarlo.
Estas situaciones que vivimos los agentes de viaje, los que nos dedicamos a viajar con grupos, a gestionar problemas, no se ven cuando se piensa «qué bonito y qué bien vivís».
Ay amigos… la semana que llevamos, no se la deseo a mi mayor enemigo…
Y el desenlace, todavia menos
Pero no hay más.
Al menos la empresa del barco se lo está currando.
CAMBIO DE PLANES.
Malpelo es Malpelo, es un lugar único, súper remoto y súper complicado de acceder. Es uno de los TOP ONE del buceo del mundo.
Pero por eso mismo, si ocurre algo, no hay opción, no hay más barcos, no hay más tiempo, no hay más plazo.
Nos dan una alternativa: ir a bucear a la otra punta de Colombia, a la zona del Caribe, en Santa Marta, dominios del Parque Nacional de Tayrona.
Por supuesto todo cubierto, vuelos, alojamiento, pensión completa, inmersiones…
Y el año que viene, en la nueva temporada, volver a Malpelo en una fecha que elijamos.
Vale.
Ummmm….
Esto es como si planeas subir al Everest y estás ya a punto con todo el equipo, y cuando estás en Katmandú te cambian el plan y te llevan a la otra punta a unas las colinas donde va la gente con el picnic de domingo.
O si vas a comenzar el Camino de Santiago, y te lo cambian por ir a la iglesia del final de la calle.
Bueno, los ejemplos son tontos, pero es lo que hay.
No estará mal el buceo en Santa Marta, pero es un lugar donde jamás se hubiera venido a bucear. El Caribe es un «si estoy ahí, hago una inmersión», pero no un destino de buceo per se para gente con un nivel de experiencia alto como es el caso.
Y pasar la expectativa de enormes bancos de tiburones martillos, grandes pelágicos y corrientes en paredes de piedra, en uno de los puntos más destacados de inmersiones del planeta, a otro con arrecifes de color normativos, con nada de vida grande, un bahhh… pues se entiende, es un poco shock.
Pero, no hay otra.
O esto, o volver a casa. Porque quedarse aquí en esta ciudad donde no hay nada, pues ni se plantea.
Así que cambio de planes. Absolutamente.
Gestión de crisis. De reacciones, de sentimientos, de frustraciones, de enfados, de decepciones, de no-me-lo-puedo-creer, de lo que haya que ir asumiendo y manejando con 16 personas.
Nada sencillo.
Veremos como va todo.
Mañana volamos al otro extremo de este gran país que es Colombia, con un total giro de los planes.
Personalmente no conozco nada de esa zona, así que es algo nuevo.
Profesionalmente, seguro que sale algo interesante.
Humanamente, todavía hay que esperar, porque según avance todo, con 16 personas nada se puede dar por hecho.
Y unos mensajes muy claros que salen de todo esto:
Viajar puede romperte por dentro si no eres capaz de tomar los imprevistos como parte intrínseca del viaje.
El problema no es que cambien los planes, es cuánto nos cuesta soltarlos.
Aceptar cuando algo no es lo que queríamos, pero puede seguir siendo una gran experiencia, y que sea así, sólo depende de cada uno.
Próximo capitulo… Os daré a conocer un lugar al que nunca hubiera ido: Santa Marta.