El Delta del Ebro

¿Lo conoces?

El Delta del Ebro.
Alucinante.

Increíble lugar de la geografía española bañado por el Mediterráneo, en esta franja de la costa donde, por algún motivo que desconozco, hay una luz especial, una energía muy bonita y una paz y tranquilidad que te envuelve en cuanto llegas.

Por eso vivo yo aquí, no en el mismo Delta, claro, pero si a su resguardo.
Por eso y por muchas más cosas, pero sin duda, esta de la que voy a hablar de la zona, es una de ellas, y no un detalle nimio.

El caso es que el Delta es un entorno en el tiempo parece detenerse y la calma envolverte.
Tiene una magia, carácter, un «aquel» que nunca sabes qué es, pero que se nota, se siente…

 

El domingo me llaman unos amigos de Barcelona que han venido al Delta a ver pájaros, que si me acerco a comer con ellos.
Pues claro, siempre hay una buena excusa para ver gente guay, así que para allá que me fui, directa al restaurante, un clásico, La Barraca del Delta, en Amposta, la parte norte. En toda la zona, Sant Jaume, Poble Nou, Amposta, hay varios restaurantes de los de toda la vida, de la típica familia de arroceros, que empezaron dando comidas, y terminaron en negocios, donde vas a disfrutar de las especialidades del lugar.

Así que fui, comimos y luego paseamos por el Delta y todo eso me llevó a pensar que debería escribir algo sobre esta zona que tanto tiene para mostrar.

¿Te atreverías a descubrirlo?
Yo te lo cuento a mi manera.

 

A MI MANERA

El Delta, es ese enorme triángulo de tierra abierta al mar de forma casi explosiva por la fuerza de un gran río, el Ebro, que durante años, siglos, ha ido arrastrando tierra y agua, creando surcos, caminos, horadando la tierra y dandole una forma tan peculiar.

Esta mezcla de elementos naturales, tierra, agua dulce, agua salada, crea una atmósfera, un ecosistema y un entorno, kilómetros a la redonda, que le da un carácter único a todo lo que directa o indirectamente está afectado por él.

Porque el Delta no es solo tierra, no es sólo río.
Es mar, es viento, es historia, es cultura, es gastronomía.
Y es una orografía realmente fascinante.

No se si has estado alguna vez, si lo frecuentas o jamás habías escuchado hablar de él.
Sea cual sea tu momento, ven, vuelve o quédate. Déjate atrapar por esa paz que transmite.

Hay unos contrastes infinitos de luces y colores, a cualquier hora a la que vayas que no deja indiferente. Cuando el sol ya empieza a bajar, vete hacia el Trabucador y mira un lado al mar, oscuro, y al otro, el relieve del Monstiá, esa montaña que recorta tras la llanura y que produce unos cambios de colores, unos dorados, sombreados y reflejos en el agua que gastarás el carrete de fotos de tu móvil ;))

 

EL VIENTO… ESE AIRE EN MOVIMIENTO

Eso sí, no te quiero engañar… en los días que sopla fuerte el viento que llega, encañonado por el Ebro, lo hace con una fuerza tremenda, y quizá ahí y entonces, se te agiten las ideas, -el pelo sin lugar a dudas- y con tanto movimiento, seguramente descubras cosas increíbles que suceden y no puedes entender. Este domingo era un día de esos, de un viento que te desengancha hasta los pensamientos más agarrados, que se te mete hasta el fondo y te grita muchas cosas, que si pones atención, es bonito escuchar.

Supongo que habéis escuchado alguna vez que en Zaragoza esta «la fábrica del viento», que cuando sopla, y sopla bastante, ese Cierzo con carácter, mueve hasta los cimientos. Y es cierto. Pero tiene su historia, su recorrido y su aquel.

Allí por donde discurre el Ebro, que llega desde su nacimiento en Cantabria, viene con un proceso. Pensad en la geografia de la Península, e imaginaros que sois «el viento», que está por ahí, por el Cantábrico, que tiene su chicha… Va creciendo y va «bajando» acompañando el recorrido labrado en la tierra de un reguero de agua, que empieza como todos, pequeñito, subterráneo y poco llamativo, pero que por el camino va creciendo y haciéndose mayor… Agua y viento discurren a la par por el relieve de este norte de España… Cuando llega a Zaragoza ya se ha hecho «mayor», y cargado de toda la energia suficiente para mover molinos a una velocidad pasmosa.

Pero su recorrido no se acaba en la capital Aragonesa. Allí donde «se fabrica» el viento, se esmera bien ese Cierzo en tener consistencia, personalidad, fuerza… y sin dejar de lado a su eterno compañero desde la niñez, discurren juntos por el cauce del Ebro, que ya se ha hecho grande, hermoso, ancho, caudaloso…

Amigos!! Pero he aquí que este río que llega al mar como todos, sigue un recorrido sinuoso y con el paso de los siglos, escarpado y con mucho relieve a sus dos orillas.
Ahora imagina, un señor viento fuerte, sobre un río grande, que se va estrechando y metiendo entre «paredes» de tierra, de árboles, de camino… FUUUUUUUU, como el Dragon Khan, a toda velocidad pilla una marcha que no veas, se encañona y disfruta de la diversión….
Hasta que llega al Delta.
Ahí de pronto, el terreno se aplana totalmente y se abre a los dos lados…. BUUUUUMMMMM, ya está servida, la explosión de la enorme fuerza de ese viento que sale disparado como loco, y con unas rachas enormes que si te pilla pisando mal, te puede levantar por los aires.

Eso es lo que pasa por aquí cuando sopla. En el Delta, y en el «temido» Golfo de San Jordi… temido cuando navegas, porque si pillas esas rachas, vas a sufrir un poquito… Pero como ahora no vamos de mar, si no de tierra, vamos a seguir disfrutando de sus bendiciones.

 

DE ARROZ Y LOS ARROZALES 

Evidentemente, el arroz, en cualquiera de sus formas, es uno de los obligados. Paellas, Arrossegats, Arroz caldoso, meloso o simplemente delicioso en cualquiera de las especialidades de cada lugar, aderezado con el pescado y el marisco de la zona.

Claro que puedes comer muchas más cosas, pero si me preguntas, lo que te recomiendo es que te centres con lo propio, para no fallar. Que si quieres un chuletón o una fabada, si hay suerte y lo tienen, igual te lo van a dar, pero digo yo, que para eso no vas al Delta del Ebro, la cuna del arroz ¿no te parece?

Porque el Delta es arroz, claro está. Cuando lo visitas a partir de marzo o abril, en que abren las compuertas y se inundan todos los arrozales, es realmente impresionante la vista. Vas por esas carreteras, caminos de tierra muchos de ellos, estrechos, con campo a ambos lados, y la verdad, impresiona. En cualquier época del año, porque claro… Ya sea en seco, todo inundado o de ese verde intenso cuando esta ya a estallar, cada uno de sus momentos tiene su momento de gloria…

¿Y qué ocurre cuando hay plantas, humedad, tierra fértil?
Pues que la vida se vuelve loca de alegría.
Que la Naturaleza da palmas y despliega todas sus formas, tamaños, colores y diversificaciones para demostrar todo aquello de lo que tendríamos mucho que aprender. Está todo lo que no vemos, animalitos pequeños, insectos y otros bichitos a los que poco caso hacemos…

Pero están las aves, de tanto tipo y tanto colorido, que hay que ser muy insensible para no quedarse prendado.
Aves grandes y pequeñas, pájaros de muchos tipos, las delicias de cualquier ornitólogo que se precie, y de cualquiera que tenga un mínimo de sentido estético y reconocimiento del medio natural.

 

DE AVES… ¡Y FLAMENCOS!

No soy nada experta en aves, la verdad que me cuesta identificar más de unas pocas, sin embargo, desde mi ignorancia taxonómíca, disfruto y me flipo viendo la enorme diversidad que se despliega ahí delante, como si nada. Tantas y tantas especies que conviven y se ignoran en un mismo espacio, juntas, separadas, se cruzan, se mezclan, posiblemente se interrelacionan,  y lo que desde luego hacen, es generar un espectáculo visual digno del mejor museo.

Garzas, cormoranes, gaviotas y patos de distintas familias están ahí. Para que las contemples y disfrutes de sus variedades. Y muchos tipos de pájaros de los que ignoro los nombres, pequeños, juguetones cuando hay viento, tranquilos cuando no lo hay. Personalmente me encandilo mirando los patos… tengo una debilidad con estos animales, como nadan, como mueven las patitas… Supongo que estoy influenciada por los cuentos de niñez, pero… ¡me producen una ternura y simpatía infinita!

Pero no vamos a engañarnos, los grandes protagonistas son los flamencos. Todos vamos a la laguna donde están siempre, en grandes grupos, tan tranquilos, pasando de nosotros y de nuestro interés por ellos.

Hay dos especies (no me preguntéis nombre, podéis buscarlo fácil,  que yo escribo de corrido y de lo que me sale tecleando rápido, no voy buscando exactitudes, que si no, pierdo el hilo), una es más pequeña y toda blanca; la otra es la que todos tenemos como imagen de «flamencos», ese animal tan increíblemente bonito blanco puro y rosa brillante, con sus enormes y larguísimas patas rosas, su pico rosa, el borde de sus alas rosa, que sube, flexiona, torsiona y mete y saca su interminable cuello para rebuscar en el agua y comerse las delicias que debe haber en su fondo.

Me encanta cuando los miras un rato, porque de repente ves que empieza a «patear», da patadas literalmente, como si pisara algo o se le hubiera metido algo entre los deditos de los pies (que ya lo se, no son pies, jajajaj)… pero no, ¡qué narices! lo que hace es menear el fondo para salgan más bichitos de esos que come, y la verdad, a mi al menos me resulta super curioso verlo.

Pero lo fascinante es cuando vuelan. ¡Qué preciosidad, por favor! Zaaassss, abren esas enormes alas y entonces aparece ese color rosa tan vivo por debajo y hace un contraste tan bonito… Pico rosa, cuello y cuerpo blanco, alas blancas con las partes rosas y patas rosas… alargados, elegantes, rompiendo el aire como si nada, cruzando ante nuestra mirada de bobos, porque te quedas como lelo mirándolos. ¡Qué bellezón! He tenido la suerte de verlos volar pasando por delante del barco cuando vas navegando, y como siempre van en grupo, la imagen multiplica su belleza, y el contraste te deja sin palabras. Imagino que desde tierra, ver un grupo de flamentos volando delante de un velero debe ser ya el summun de la estética, pero eso si que no he tenido el gusto de contemplarlo.

 

DE MUCHO MÁS

Hay mucho más para hablar del Delta. Esa especie de T gigante curvada que se abre al Mediterráneo, dando dos bahías y dos zonas totalmente distintas.

La sur tiene una particularidad, la Playa del Trabucador, esa enooooorme lengua de arena que separa el Mediterráneo de la laguna. Un estrecho trozo de tierra, de arena pura, nada más que arena, donde a un lado tienes el mar con sus olas y su azul profundo, y al otro una laguna, de agua salada, pero laguna, con agua turquesa y apenas fondo, paraíso de la navegacion a vela y del Kitesurf. Es tan grande esta lengua que hay hasta una salina, y ver una enorme «montaña blanca» en medio de un cacho de arena, llama la atención. Pura sal, un montículo de sal que parece crecer en la nada. ¿No te suena mágico?

Navegar por dentro de la bahía de los Alfaqs, así se llama, y os sonará por el famoso y desdichado Camping de los Alfaqus donde hubo un tragiquísimo accidente hace muchos años (casi 50 si no me equivoco, yo tendría 8 o 9…), es una delicia. Ahí aprendí yo a navegar y le tengo un cariño especial, tantas y tantas jornadas de viento, de calma, de relax, de sustos, de embarrancadas, de comidas, de Musclarium, de amigos…

Las Muscleras, son las bateas de mejillones que están dentro de la bahía, casi todos los mejillones de la zona son locales, y riquisimos. Tambien ostras, aunque hay menos. Y en ellas hay 2 restaurantes, en la propia batea, en maderas y con las cuerdas debajo con los moluscos bien agarrados. Solo puedes ir navegando, pero si no tienes barco, está todo pensado, te van a buscar y te devuelven a San Carlos. ¡Para que no te lo pierdas!

El Trabucador, es el punto de encuentro de cientos de cometas enormes a las que van atados unos locos que vuelan como locos cuando sopla el viento (bastante a menudo), y que te puedes quedar horas mirando atontado como surcan el aire, saltan las olas, ¡¡y no se matan!!

Podría contar muchas más cosas del Delta, porque hay para no cansarse y mucho hay en el tintero…
Pero de momento ya vale, que hay que saber parar, y dejar para otro día.

Ah, y por supuesto, otra parte importante del Delta es desde el mar.
Eso, para los navegantes, es otra historia, es otro cuento, es otro relato. Y para mi tiene varios capítulos, algunos escritos por aquí, con el Kivuca pequeño (el Furia 25), con el grande (el Brisa 40) y con otros barcos que lo he cruzado… Pero eso será para otro momento, porque aquí ya termina esta parte.

 

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