Ay, las apariencias de los c***
Estamos demasiado condicionados por ellas, en todos los ámbitos. Pero especialmente el estético, de imagen, o como queramos llamarlo. Y a todos nos toca vivirlo, desde un lado y desde el otro.
Viernes 9 de marzo de 2012, al fin llegó el gran día en que me convertiría en armadora, o como vulgarmente se entiende, propietaria de un barco. El día en que independientemente del nombre, yo cumplía una especie de mantra que siempre había rondado en mi cabeza y dicho en voz alta “algún día tendré un barco”.
La idea inicial, por temas de logística varios, era el de ir a Tarragona yo sola, y pasar esa primera noche en el barco, para por la mañana ya recibir a Jordi, hacer la travesía y encontrarnos en Alcanar con todo el resto de la tropa.
Pero las cosas van cambiando y evolucionando, y lo que iba a ser una “noche romántica de dos” (el barco y yo), se convirtió en algo mucho menos íntimo, un trío + el barco, pero sin duda mucho mejor, más divertido y compartido, como tienen que ser estas cosas. Lo organizamos de otra forma, sin traer al gato, que era uno de los problemas que veíamos (¿¿cómo iba a llevar Jimmy el estar en un barco???) y Saby y Teresa se quedaron conmigo. ¡¡guay!!
Colegio Santa Catalina de Sena, calle Alfonso XII 160 de Madrid
Mi cole.
«En el colegio de enfrente, nos llaman las Catalinas, pero más quisieran ellos ¡¡aúpa!! que entrar en la portería…»
Esta era una de las canciones insignia que cantábamos una y otra vez en encuentros, convivencias, excursiones, marchas… Y fuimos capaces de re-cantarla 25 años después de terminar nuestra vida colegial, en ese día mágico en que nos encontramos muchas de las que habíamos compartido horas y horas de pupitre, clases, juegos y tanto más!
Este es un relato en primera persona de mi primera experiencia de narcosis en una inmersión muy profunda.
Para los no iniciados en el buceo, cuando sobrepasas cierta profundidad buceando (se dice a partir de unos 30 metros, aunque depende de cada uno), se puede producir este estado de confusión de la mente provocada por la toxicidad del nitrógeno en sangre, que puede ser peligroso si no se gestiona bien. Yo ya había bajado algo más de 40 metros pero nunca había experimentado la famosa «narcosis». A unos les da por la felicidad absoluta, a otros por la tristeza, a otros por la vitalidad, algunos ven sirenas, cangrejos hablando o fantasmas marinos, a otros por… De ahi que se le llame también la «borrachera de las profundidades». Hay tantas formas de narcosis como de personas y nunca es igual, ya que puede variar según el momento, estado o situación de la persona o el tipo de agua, la temperatura…

Río de Janeiro, Brasil. 27 de agosto de 1994.
Mientras mis tíos y primos intentaban inútilmente llamar mi atención desde la terraza de casa, yo paseaba y me mojaba, con el mar en los pies, y con la lluvia a cántaros en todo el cuerpo, en esa playa de Copacabana, una tarde de agosto sombría, muy sombría de pensamientos.
Enfurecida y rebotada, llorosa e indignada, escribía e inquiría:
… ¿No podrás, tú, Mar, aclararme algo la mente?
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