Filandia, Eje Cafetero Colombiano
Hay lugares que te sorprenden nada más llegar.
Filandia, así, sin N, es sin duda uno de ellos.
Quizá si has leído o visto ya algo, foto, un reel o video, vayas un poco aventajado y no te pille tan de sorpresa. Pero si eres como yo, de los que llegas a los sitios sin hacer los deberes, entonces te pasará como a mi, que lo vas a flipar.

Salimos por la tarde de Cali sin mucha prisa y con varias paradas, y son casi 4 h de coche, así que era bien de noche cuando vimos el cartel de «Filandia», y nos costó media vida encontrar el hotel.
Calles estrechas estrechísimas, aceras que parecen muros de cárceles, coches en zonas de paso, apenas nadie por ningún sitio, luz poca, gps que parece ir a su bola…
Pero al final entre las indicaciones de Marcelo para guiarnos a la entrada y la habilidad de Julio girando por esas esquinas, llegamos a «mi» lugar: CASA HELENA.
Encantador, la verdad, con muchísimo gusto, sencillo, pero súper agradable. Una casa como casa, tal cual, donde podríamos vivir cualquiera, donde cada habitación tiene su baño y una llave, y por tanto, se convierte en alojamiento turístico, pero que te sientes pues así… ¡como en casa!
De hecho, ahora mismo estoy escribiendo desde el salón, en el sofá azul, con las puertas del balcón abiertas, viendo la casa de enfrente, con sus colores, escuchando a mis compañeros por la calle que traen pan y vino para acompañar los quesos que hemos traído de España para cenar… ¡tan a gustito!

Cuando salimos después de acoplarnos, empezamos a quedarnos con la boca abierta. ¿¿Qué lugar es este, donde cada casa está pintada de varios colores, una tras otra, sin acabarse la pintura, los colores, la creatividad, el encanto??

Era de noche, todas las puertas cerradas, bien bonitas (de día, abiertas, todo tiendas y locales turísticos ya no tiene tanto encanto, dicho sea de paso), luces igualmente de colores, murales en las paredes, flores, plantas, verde por todas partes, colgado, en los balcones, en macetas…



Poca gente, parecíamos los únicos habitantes. Había mucha paz, silencio, calma…
Nos dio para cenar unas arepas con queso, algo de carne los chicos y cuatro cervecitas frescas Club Colombia que entran suave y a dormir.
¡Ay de día! De día aún parece otro lugar.
Todavía más colores, más animación, mucha gente. Cada puerta, ahora abierta de par en par es una tienditas de recuerdos, de artesanía, un café, de comida o esas tiendas que se llaman SALSAMENTARIAS, donde venden cierto tipo de encurtidos, de salsas y algunas cosas que ni sé lo que son…

Cada esquina es una pequeña obra de arte, las escaleras pintadas, las calles empinadas que aqui llaman «lomitas» que acaban en un verde infinito, lleno de cafetales, plataneras, bosques…


Hemos recorrido la ciudad en bicicleta, cada una de un color distinto, como no podía ser de otra forma, decoradas que si con unas flores, o unas ramas, unos sacos de café (de pega) o una bandera de Colombia, todo para dar aún más ambiente, más color, más alegría…
Francia, no el país, si no el nombre de la guía que nos ha llevado a cada rincón, nos iba explicando cada historia, contando cada curiosidad de su ciudad, ademas que nos ha fotografiado y hecho videos sin parar, orgullosa como está de lo que se ha hecho en un remoto pueblo de Colombia que hace tan solo 15 años era casi como un lugar fantasma donde por el día no había nadie en la calle porque estaban en el campo, y por la noche todos descansando de la dura faena…
Hasta que alguien pensó que dar color podría dar vida y atraer más gente… y aunque le llamaron «Quijote» por la quijotada de la idea… resultó ser todo un acierto, y tras los años los agoreros tuvieron que callarse, e imitarle y ver que la idea de transformar algo normal en algo especial para atraer gente, turismo, vida, economía, limpieza y animación fue toda una visión.
Así es como está la casa del Quijote, recordando esa hazaña, sin molinos pero con resultados, y todas las demás que se unieron poco a poco para enseñar al mundo como un lugar sin nada puede convertirse en un lugar lleno de encanto, creando un conjunto arquitectónico realmente singular….

Hasta el Ayuntamiento es diferente a cualquier lugar. Nada de un edificio emblemático en la plaza principal, si no un conjunto de casitas en un calle lateral, casi donde termina el asfalto, con un patio central, pinturas murales en las paredes de artistas locales, con representaciones del pueblo, sus personajes, animales o actividades tradicionales… todas con mensaje; oficinas bien sencillas sin ninguna ostentación, una zona de huerto y otra de animales donde un gallo te recuerda que las horas pueden sonar en cualquier momento.

Pero no solo son casas y tiendas a cada paso. Todo a lo largo del lado oeste de la ciudad es un enorme mirador, con espectaculares vistas a los cafetales, a los parques de café, a las colinas verdes, a los bosques al fondo, al relieve de las montañas y a los impresionantes colores naturales, ahora sí, que al ocaso, el sol termina dibujando para demostrar quien es el primer artista.
Una zona perfectamente aprovechada y arreglada, escaleras pintadas con distintos motivos, alguna que otra figura escultura representativa, farolillos, bares y cafés desde donde contemplar la puesta de sol o disfrutar de una velada nocturna de lo más agradable.

Filandia, sin N, es una total atracción turística, cierto.
Los souvenirs atiborran las paredes de los locales como en cualquier otro lugar turistico; los de fuera paseamos despacio mirando admirados cada edificio, los de dentro te animan a degustar un café, llevarte un poncho típico o venderte algún recuerdito, mientras te endulzan con todo tipo de muestras de dulces de café, arequipas, cacao, coco y o todos ellos en mezclas de lo más sabrosa…
O pasean ignorando a los visitante.
O simplemente nos miran sabiendo que no mucho tiempo atrás aqui no venía nadie porque nada había que ver y que una buena gestión tiene resultados más que visibles.


Hay una pregunta que me tiene loca… Por mucho que un Ayuntamiento o gestión de gobierno o comunidad ponga unas ciertas normas para su población, el conseguir poner a tantísima gente de acuerdo para hacer algo todos igual, dentro de las particularidades y diferencias, siguiendo una línea, me parece realmente admirable y aún más sorprendente que el lugar en sí mismo. Siempre tiene que haber un vecino díscolo, alguien que no esté de acuerdo, que no tenga dinero para hacerlo, que no le parezca bien… ¡yo que se! Por mucha ordenanza que haya, me parece todo un ejemplo a seguir, y felicito a los Finlandeses por ello.
PD. En ViajarSolo tenemos un viaje a Colombia, muy variadito, y donde, por supuesto, no falta la visita al Eje Cafetero y Filandia… Aquí el programa completo