230. La dichosa funda del edredón y las caricias.
Hoy me han regalado un masaje.
Mucho más que eso, realmente: una experiencia completa en un Spa impresionante de un hotelazo de Sharm.
Vamos a hacer una colaboración muy guay (pinta muy bien) con una empresa que tiene varios hoteles y hoy, después de mi segunda visita a todas sus instalaciones, me han dicho que ya que no me podía quedar como huésped, nada mejor para opinar y recomendar, que conocer de primera mano como trabajan en su producto estrella diferencial: El Centro de masajes.
Y quien va a decir que no a algo así.
Agradecida y encantada, oye.
Me han asignado su mejor masajista, Samia, “que no habla nada de inglés pero se hace entender de maravilla”.
Y tal cual.
Qué manos, pero sobre todo qué sonrsias y qué amabilidad. No de la casposa de servilismo, no… de la que notas que le sale de dentro. Como una madre cuidadosa, algo que no había visto nunca en un centro de este tipo.
El masaje ha sido lo último.
Antes me han pasado por no sé cuántas salas a hacerme cosas que no sabía ni que existían.
Y como iba sin tener ni idea de lo que me iban a hacer, ha sido todo una sorpresa tras otra.
- Que si espuma a gogo como cuando de niña echaba todo el gel en la bañera en lo que mi madre se daba la vuelta…
- Que si chorros de agua de todas las temperaturas, desde helarme a casi quemarme en todo rango de presiones…
- Que si exfoliación corporal que no ha debido dejarme ni una piel suelta…
- Que si empapuzarme en barro y hacerme la foto riéndose con toda su simpatía (cachonda Samia)...
- Que si Nefertiti en estado pura envuelta como una momia en no se cuántas capas de plástico y telas que pesaban como plomo
Y al final el masaje “de toda la vida”, súper bueno.
Ahhhhh
¡Qué gustito, por favor!
Dos horas largas.
Pues voy a hacer una confesión.
Algo que entra en lo íntimo… pero es que aquí ya es como si fuéramos íntimos.
Con tanto trajín arriba y abajo pensaba una cosa.
Estando súper bien sola, tranquila, muy felizmente soltera y sin compromiso, hay algo que sí echo a faltar de la vida en pareja.
Dos cosas solo añoro de estar con alguien, digo siempre.
Que antes eran 3 pero para una he encontrado “sustituto compensatorio” (de eso hablaré otro día). –Y nooooooo, que os veo venir, no hablo del satisfyer, jajajaja-
Son estas dos:
1- La dichosa funda del edredón. Me cuesta la vida cambiar la cama. Entre dos es súper fácil, para uno es un brrrrrrrrr infinito….
2- Las caricias
Casi todo se puede pagar.
Alguien que te ayude a hacer la cama, colgar un cuadro, cocinar… lo que sea que pueda darte el otro.
Pero las caricias, -“esas caricias” que no vale cualquiera-… eso no se paga.
Me lo ha recordado el masaje y mira, me abro en canal y os lo comparto.
En fin, en la vida todo no se puede tener.
Y hoy he tenido un masaje buenísimo, relajadita y con la piel como un bebé me han dejado
PD. Si estás felizmente en pareja, disfrutad y aprovechad esas caricias y lo que no se puede comprar.
PD2. Si no, ¿hay algo que echas en falta?
PD3. No hay nada malo en echar algo de menos, no quiere decir estar mal, sólo significa ser persona, que nada en la vida tiene «todo».
PD4. Mañana no a no tardar mucho os tengo que hablar de alguien increíble de esta semana.