Despedirse de un barco
Mi última navegación con el Kivuca
Fue el sábado 4 de abril del 26 y era una despedida. A eso de las 11,30 h entrando a puerto, cuando la proa estaba justo entre las luces Roja y Verde de la bocana rumbo a su amarre, me di cuenta que era la última vez que entraríamos a puerto como armadora y su querido velero.

Tan solo un rato después de esta prueba de mar, se confirmaba la venta y el traspaso, y el Brisa 40 pasaba a manos de otro armador, de una familia con ilusión y muchas ganas de disfrutarlo.
Ahí entendí que terminaba una etapa muy importante de mi vida, y me sentí un poco «huérfana».
Por primera vez desde el 2011, no tengo barco, no soy armadora, no cuento con un apéndice náutico que une mi «ser persona» con mi «ser acuático» a través de un cascarón donde sentirse una en el azul.

