MAIMÓN: Otra montañera a admirar

Pues ya he averiguado quien era la enigmática mujer que me trajo loca un par de días atrás.
– Bueno, enigmática era para mi hasta ayer, pero bien conocida en el mundo del Alpinismo.-

Evidentemente se trataba de una montañera, como yo ya había deducido por la dedicatoria de mi padre.
Y ahora, al saber de ella, digo «otra», refiriéndome a mi madre, porque era de su misma época, algo mayor, pero viviendo situaciones muy similares. De la misma edad de mi padre, de 1926,  el 30 de abril él, ella de octubre.

También de las que aprovechó la vida y la hizo larga y vivida, como mi padre, falleció en julio del 22 cerca de los 1oo años..

Maimón, Isabel Izaguirre, fue una pionera del alpinismo español. En 1952 hizo cumbre en el MontBlanc y un año después en el Cervino. Posiblemente de las primeras mujeres en tocar techo de estas cimas tan representativas. Fue la primera asturiana es escalar el Naranjo de Bulnes, y muchas otras escaladas dignas de tener muy en cuenta. Estuvo encordada con mi padre en algunas ascensiones y seguro que si ambos estuvieran todavia con nosotros podrían contarnos cosas bien interesantes de todo lo que vivieron los años en que las Montañas los hacían coincidir en sus escarpados relieves.

Para saber algo de esta mujer a la que mi padre le firmó -y dibujó- un libro, tiré de redes. Ya que están para lo malo, que sea también para lo bueno, cómo no. Así que en Facebook, en uno de los grupos de montañeros y alpinistas antiguos (Yo escalaba con clavos, estribos y Kamet Sexto Grado, se llama el grupo en cuestión, con más de 20 mil miembros), al poco de publicar la pregunta sobre la tal Maimón, me llovieron respuestas, en un post que esta siendo precioso por todas las aportaciones y comentarios, dicho sea de paso.

Pero no sólo ahí, por varios medios me está llegando información y material maravilloso por parte de amigos, conocidos, compañeros de vida y de cordada de mi padre, con fotos, artículos y recuerdos preciosos, que me están metiendo en una espiral de querer saber más y más de todo lo que vivieron entonces.

Y de esta forma ya puse cara a Maimón, a la que mi padre le dedicó ese libro que hoy está en mis manos como un autentico tesoro, y que llegó de la forma más increíble que se pueda pensar.

Porque efectivamente, Agustín Faus y Maimón eran conocidos, amigos, compartieron cimas, días de refugio, tardes en el club Peñalara, conversaciones, y tantas cosas que une la pasión por algo en común.

En esta foto, que será de 1951 o 52 podéis ver a un jovencísimo Agustín Faus, con sus botas, posiblemente en la barandilla de un refugio o de un club, muy bien acompañado, a la izquierda de Asun Mellado, y a la derecha, Maimón. (Muchísimas gracias Isidoro Rodriguez, por estas fotos que me han llegado al alma)

Maimón, el apodo de Isabel Izaguirre fue una de esas jóvenes «imperfectas» de la época, que hicieron todo lo contrario a lo que estaba establecido y se esperaba de una «señorita». Calzando botas de cuero, pantalones bávaros (¡¡ay, los bávaros, por favor, qué recuerdos), sin contar a sus padres lo que hacia cuando se escapaba a la Sierra, ni las escaladas que hacía en los viajes, con todo el entusiasmo y pasión, esta joven asturiana se dedicaba a subir a las montañas y a vivir ese ambiente tan limpio, tan bonito y tan puro que se respiraba en esos años del alpinismo «de entonces».

Me han pasado un par de artículos de cuando ya tenía sus años que recomiendo leer porque vais a disfrutar, y yo poco más puedo aportar ni voy a saber decirlo mejor. Al final tenéis los enlaces para dedicarles la lectura que se merecen.

Ambos me han tocado el corazón, porque al margen de descubrir una mujer increíble que me hubiera encantado conocer, se menciona a mi padre con respeto y admiración, algo que he ido viendo a lo largo de la vida que era el poso que dejaba Agustín Faus. Y no sólo a mi padre, si no al resto de los montañeros, donde se pone de manifiesto el buen espíritu que se vivía en la montaña, en un tiempo en que las mujeres, escasas y raras, eran tratadas con cariño, algo muy digno de valorar hacia ello.

Me encanta y me llega al alma este comentario suyo:

«… entonces los montañeros eran muy respetuosos con las chicas, pero respetuosos, respetuosos de verdad. Yo andaba mucho con grandes figuras como Antonio Moreno, Moncho Somoza, Agustín Faus (que si no le conocéis a él conoceréis sus libros) «

 

 

 

Me hace gracia, además, ver en estos dos textos acompañando al nombre de mi padre el de otras dos personas de enorme referencia, no sólo en el mundo del alpinismo, si no en el mío, el familiar.

Tan familiar, como que Antonio Moreno, era «el tío Antonio». No era tío de verdad, qué va, pero era de los íntimos de mis padres. Un hombre alto, delgado, con una nariz enorme de la que él mismo se reía y jugaba a compararla con la nuestra tan pequeñita, y que era todo corazón, simpatía, diversión y un tipo que te arreglaba lo que hiciera falta. Ha sido una relación de siempre, hasta que murió, el primero de todos, y lloramos mucho porque le queríamos muchísimo. Para contar la historia completa, Antonio fue novio de mi madre antes que mi padre, pero cuando se fue a Francia, donde vivió siempre, mi madre no quiso ir con él, tenía su vida en España, pero mantuvieron la amistad, el cariño, incluso cuando después apareció mi padre.

El otro nombre, Tomás Sanjust, era mi padrino. No mi padrino literalmente, ya que el que lo era no pertenecía al mundo de la montaña, pero como si lo fuera, ya que ejercía totalmente, siendo el marido de mi madrina, Matilde Santjust. Eran los dueños de la famosísima tienda de deportes de montaña de Barcelona «Sports Santjust», en las Ramblas,, donde todos los montañeros de la época se equipaban y un hombre de montaña y corazón tan grande como ellas. Delgadito, no muy alto, nervioso, divertido… Otro de mis referentes familiares con quien he pasado muchíiiiiisimos días de mi niñez y juventud y a los que adoraba (a los dos)

Así que si, la buena de Maimón, la muchacha rubia, bajita y de bonita sonrisa a tenor de las fotos, efectivamente se rodeaba de los mejores, de los hombres de montaña del momento, y por sí sola con mucho desparpajo, valentía y ese amor por las montañas destacó como pionera haciendo cumbre en montañas de tanta envergadura como el Montblanc o el Cervino en los Alpes suizos, y el Naranjo de Bulnes en Picos de Europa.

Pero siento una gran pena, si es que puedo permitirme hacerlo, al leer y saber que dejó la montaña cuando se casó y tuvo familia y con hijos, porque ya no podía dedicarse más a escalar.

Evidentemente si decidió eso fue por voluntad propia, pero no dejo de tener ese pensamiento, el mismo que me provoca un poquito de «culpabilidad» porque por el mismo motivo mi madre dejó la montaña cuando yo nací. Con mi hermana, casi 10 años mayor que yo, aún pudo continuar, puesto que mis abuelos eran aún jóvenes y se encargaban perfectamente de ella, pero yo ya llegué cuando eran más mayores y no podían estar al tanto de una cría tan pequeña, así que, mi madre, como Maimón y como un montón de mujeres de la época, dejaron a un lado sus sueños, su pasión, su corazón por levantar una familia, por sacar los hijos adelante, por hacer lo que nadie más que ellas podía hacer ya que no tenían ningúna ayuda.

En mi caso, mi padre seguía siguiendo las montañas. En el caso de Maimón, su marido no era más que un ligero senderista, así que su vida transcurrió alejada de las montañas criando sus 4 hijos, aunque con su corazón en ellas. Cuando enviudó, regresó al ambiente montañero, ya de otra forma, en todas las reuniones del club  Peñalara los jueves, de Secretaria, organización de biblioteca y posterioremente  llevando a los nietos, participando en marchas… pero ya lejos de esa alta montaña en la que se inició.

Todo eso me dice que debió ser un sacrificio, una renuncia, por supuesto compensada por su familia, por sus hijos, como mi madre, lo se… Pero… Yo siempre tengo este «pero» sobrevolando; a la pregunta de si hubieran seguido subiendo montañas, de no haber tenido que cuidar de los hijos y familia, si la respuesta es si (que lo es), se desencadenan mil preguntas más.

Pero este no es el lugar, sólo dejo la reflexión.

Y quede por escrito mi enorme e infinito respeto, agradecimiento y admiracion por Maimón, por Sita, y por todas las anónimas mujeres que quizá no vivieron la vida que hubieran soñado por que nosotros pudieramos hacerlo.

 

Volviendo a mi padre y a Maimón, me encanta esta foto en la cumbre de Peñalara tan súper llena de nieve. Me imagino la ascension, yo he subido varias veces, de niña, y pocas veces con nieve, y cuando estaba nevada, mi padre me subía los esquís con los suyos, mientras yo hacía todos los esfuerzos para llegar arriba, porque no es una montaña fácil.

Me ha hecho llorar de emocion, ver a mi padre, un crío, encerando los esquís con ese esmero y atención. Ella parece llevar un trozo de hielo en la mano, seguramente a modo de refresco, y la cámara de fotos colgando… ¡Ay, esas cámaras de fotos, con la funda de cuero, el objetivo pequeño!.

Con fácilidad puedo imaginarme estar ahí, vivir esos momentos, ahí arriba, en la cima, preparando los esquís para el descenso -que es alucinante-, en un día tan bonito, de buena temperatura, rodeados de una impresionante Sierra de Madrid totalmente blanca, llena llenita de nieve como ya no se ve, con laderas totalmente vírgenes cubiertas por el manto blanco, cumbres esperando tener su nombre, su cruz, su reconocimiento, historias infinitas en sus paredes …

Y ahí tambien entiendo parte de la dedicatoria de mi padre en su libro a Maimón mencionando sus «piernas cortas» con cariño y simpatía. Porque efectivamente sabiendo que mi padre no era alto, y aunque ahí esta algo encogido puliendo la suela, se ve claro en comparación que Maimón era bajita, y eso, está claro que para subir montañas supone un esfuerzo extra -y lo digo por experiencia, ya que yo también soy de piernas cortas-

 

En fin.
Ha sido un bonito regalo encontrar este libro, con esta dedicatoria, y encontrarme al otro lado una mujer estupenda a la que quizá no se le hizo demasiado eco en su día, y que los años dejaron olvidada, como a tantos, pero que hoy he podido volver a dar su protagonismo, su luz, su brillo que sin duda tenía.

He sabido después, que a su muerte sus hijas tiraron y vendieron todas sus cosas, sin llegar a valorar el valor que había en ellas.  Algo muy triste y demasiado frecuente. Pero gracias a ello, a mi me ha llegado el libro que estaba cogiendo polvo en una librería, el libro de mi padre qué le dedicó a ella con tanto cariño, que lo pintó con sus dibujos, lo enriqueció con sus anotaciones, haciéndolo ÚNICO y de valor incalculable.

Un tesoro de valor doble, al contener en sus páginas, entre las historias relatadas, la historia no escrita del espíritu de dos grandes montañeros de la época que de jóvenes coincidieron, y hoy más de 70 años más tarde, por extrañas situaciones, se han vuelto a enlazar.

Me ha resultado especialmente emotivo ver las conexiones, los vínculos, imaginarme las vivencias y los lazos que hace tantos años tejieron nuestros mayores, y que son el resultado de lo que somos.

 

GRACIAS MAIMÓN
GRACIAS PAPÁ
GRACIAS MAMÁ
GRACIAS A TODOS LOS MONTAÑEROS QUE HAN FORMADO Y FORMAN PARTE DE MI VIDA

 

Artículos de Maimón

REVISTA VETUSTA. Isabel Izaguirre, Pionera asturiana del Alpinismo, por Elisa Villa Otero

REVISTA OXÍGENO. Isabel Izaguirre, historia de la montaña, por MERITXELL-ANFITRITE ÁLVAREZ MONGAY

REVISTA PEÑALARA. Hoy hablamos con Isabel Izaguirre, por Carlos Muñoz Repiso (página 228)

 

PD. Una curiosidad más de esta mujer, de apellido Rimmel… porque su abuelo precisamente fue el inventor del Rimel, el maquillaje que usamos las mujeres para pintarnos cuando no vamos a la montaña ;). Lo gracioso de la historia es que el invento no iba destinado a las pestañas, si no a los largos bigotes de los señores de entonces, pero no tuvo éxito para dar la consistencia que esperaba… hasta que una señora lo utilizó en sus pestañas y ¡bingo!

12 Comments

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  • Bueno, Hellen, después de leer este escrito, me repito en animarte a relatar por escrito la história cercana a ti. Un abrazo y con ganas de conocerte. Un abrazo

    • Gracias, Xavier, la verdad que habría mucho para escribir, pero lamentablemente los protagonistas ya no están, y lo que logro econtrar y saber ya es demasiado difuso y cada vez lo será más… Aun así, lo cierto es que es realmente bonito descubrir ciertas cosas, y a la vez da pena, no haber podido saberlo antes, y que tanto se perdiera por el camino de la estupidez humana…
      Nos conoceremos cuando menos lo esperemos, parece que tenemos muchas cosas en común, en algún punto tendremos que confluir!!!

  • Muchísimas gracias Hellen por este relato. Siempre he admirado mucho a Isabel, mi madre era de abril del 26 también y no podía evitar hacer la comparación con el resto de mujeres de la época. También conocí a tu padre y a principio de los 90 me publicó una doble página en el periódico.
    Me da mucha pena que las hijas tiraran todo porque por esas casualidades de la vida estábamos en el tanatorio muchos de Peñalara despidiendo a un montañero querido y en la sala de al lado alguien reconoció a una de las hijas de Maimon que había fallecido esa noche por lo que al día siguiente fuimos de nuevo muchos Peñalara a despedirla. Que gran oportunidad tuvieron las hijas de hablar con cualquiera de nosotros para donar esos tesoros al Club. Que gran suerte que hayas encontrado ese libro!!!
    Un saludo y feliz de leerte.

    • Muchas gracias, Pilar a ti… pues, oye… ¿por qué no me pasas ese artículo que te hizo mi padre?? Me encantará leerlo y por qué no, seguir hablando de mujeres poco habituales en la época…
      La verdad que si que es una pena no haber podido recuperar tantas cosas de ella, pero al menos aquí ha salido una historia muy muy bonita… 🙂

  • Hola Hellen, me llamo Montserrat Barbera y soy hija de un escalador catalan. No tengo duda que mi padre conoció al tuyo.
    Me ha encantado tu historia, ya que yo estoy haciendo un inventario de todos los documentos, libros, fotos, etc que dejó mi padre cuando murió. A través de este inventario estoy recuperando historias muy interesantes.
    Mi padre un gran escalador, escribió también varios libros, uno en especial que se titula MONTSERRAT PAM A PAM, ya que escaló todas las rocas de Montserrat.
    Curiosament a Tomas Santjust y a Matilde Santjust he tenido oportunidad de conocerlos. Tomás asistió muchas veces a los reuniones entre escaladores del Cavall Bernat que organizava mi padre. Tengo bastantes reportages de estas reuniones. Unas bellisimas personas.
    Ademas, como estoy con los libros de mi padre, precisamente acabo de leer uno de tu padre, CARA A LA MONTAÑA, Editado por la EDITORIAL JUVENTUD de Barcelona, del año 1954.
    Me ha encantado conocerte, aunque sea por Internet, pero es que el nombre de tu padre siempre lo he tenido presente.
    Un abrazo,
    Montserrat Barberà

    • Uauuu Montserrat, que interesante lo que cuentas, y seguro que se conocieron, estoy descubriendo muchas cosas bien interesantes de esta época yo también, la verdad que es algo muy gratificante.
      Si quieres escríbeme y nos ponemos en común de cosas que sin duda les han unidos, y creo que puede salir algo chulo, claro que si… Tomás y Matilde eran para mi personas de muchísima cercanía y referencia, asi que me alegro de que tú tambien los vieras así…

      Estamos en contacto, por favor! Mil gracias!!

  • ¡Muchas gracias por este artículo sobre Maimón! A la que no conocía y me ha encantado leer su historia, como me encantó leer libros y artículos de tu padre, que por cierto, nació el mismo día que yo, pero muchos años antes.

    Te descubrí cuando preguntabas por Msimon y me alegro que hayas descubierto y compartido su historia.

    Saludos

    Víctor

    • Pues si algo he hecho que sea para bien estoy encantada, la verdad que están saliendo cosas por aquí bien bonitas, esto es una maravilla, lo que la Montaña esta uninendo y conectando!!! Gracias Victor!!

  • Tu primo agustin, se parece mucho a tu padre, que estuvimos años trabajando juntos, había salido a esquiar y con Ramón.

    Pero con tu otro primo, Santi, fuimos durante muchos años compañeros de cordada y de esqui de montaña, de hecho cuando yo me rompi la pierna esquiando , a el pasó lo mismo en la semana siguiente.

    Hizimo pero que muchas escaladas en Montserrat y recuerdo la ascención al Naranjo, el espolón de los franceses en Peñavieja, las crestas del diablo, las de Salanques y las del Pedraforca

  • Muy bonita la historia que has descubierto.
    Yo de vez en cuando iba a su trabajo a recoger todos los números atrasados de montaña del periódico deportivo AS , que el en persona me atendía, publicadas siempre en sus paginas centrales a doble página, si los encuentro te digo, pues después de varias mudanzas, no se si los sigo teniendo. Pues tenia todos sus reportajes. Ya te diré. Un abrazo.

    • Pues me encantaría, la verdad, porque yo igual, con tanta mudanza y cosas que pasan he perdido demasiadas cosas que me encantaría poder tener… pero ahora están apareciendo joyas en digital gracias a gente como tu, de verdad… estoy super contenta :)))

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