Mar y Montaña
TUS 3.000 m SON MIS -30 m
Para los amantes de las cimas que tocan el cielo…
Tus 3.000 m serían mis 30 m de profundidad bajo el mar buceando
Para los amantes del buceo, de forma análoga
Tus 30 m de fondo son mis 3.000 m de altitud
Para los que amamos ambos, MAR Y MONTAÑA, resulta que la tierra, nuestro planeta, es este lugar mágico y maravilloso que nos permite disfrutar sus dos caras. Dos caras que aparentemente son independientes, pero que, al final, forman todo una unidad.
Porque sí, la tierra (donde pisamos todos) y el fondo (lo que «sobrevolamos» los buzos), no son entes independientes ni mucho menos desconectados.
No hace mucho que me dí cuenta de esto. Posiblemente me lo explicaran en clases de geología, pero hasta que algo no te toca la emoción, es fácil que no lo hagas tuyo… Recuerdo perfectamente hace un par de años saliendo de puerto Colón en Mallorca con un velero para un traslado. Sin apenas alejarnos del abrigo del puerto (natural, por cierto, maravilloso), a estribor un paredón de piedra imponente que me flipaba mirando, ya que mi zona habitual de navegación (el Delta del Ebro y Costa Azahar) es tremendamente plana…
Casi podia tocar la roca del acantilado con la mano si la estiraba un poco… Me asusté y miré horrorizada la sonda, por si al poco escuchaba el terrible CRROOONNCCCHHH de chocar la orza con el fondo… Pero para mi sorpresa, teníamos cerca de 40 m bajo nuestra quilla, aunque la transparencia del agua pareciera sugerir mucho menos.
Entonces flipé. Y seguramente hasta exclamé…
– ¿¿¿40 m????
Es que claro, mi referencia base es mi zona habitual de navegación, la que más controlo manejo por ser «casa», y ahí, en mi costa, desde el Delta del Ebro hasta Sierra de Irta, y mucho más al norte y al sur, pero por tomar esa referencia, para llegar a 20 m de sonda tenemos que alejarnos casi 10 millas de la costa… Y eso es mucho. Cuesta un tiempo ir aumentando profundidad, es un fondo arenoso, donde los 10-15 m se extienden durante mucha distancia en paralelo a la linea de tierra «poblada».
Por eso, cuando salgo de mi zona, siempre me sorprende y me admira. En áreas como Baleares, Canarias, Costa Brava pasa mucho esto, pegado a tierra tienes muuuucha agua bajo tus pies… Y como somos animalicos de costumbres, lo que sale de lo de siempre, nos cuesta integrarlo.
Ese día, mi compi, patrón, capitán y amigo me miró con cara de saleroso y me soltó un irónico…
–¿Todavía no te has enterado que el fondo es espejo de tierra?
AAAAAAMIGOOOOOO
¡¡¡Claro!!!
Son estas cosas que sabemos pero que no interiorizamos hasta que algo nos hace clic.
Reviso visualmente «mi costa», y es todo plano, al fondo lejos alguna elevación…. y en cuanto acaba la tierra, la playa, lo que se pise, y entras en el mar, lentamente, muy lentamente va bajando y subiendo la profundidad.
En cambio, otras costas, escarpadas, con profundos relieves que brotan del agua, debajo igualmente tienen el paredón sumergido.
Todo esto va de placas tectónicas, de la orografía de la Tierra, de los movimientos internos y todas esas cosas que tan bien explicarían mis amigos geólogos…
Pero yo, que soy una romanticona, prefiero verlo como otra muestra más de la tremenda belleza de nuestro planeta y los profundos significados que pueden tener en nuestra vida al nivel que quieras llevarlo.
Asi que cuando estoy en la cima de una montaña, da igual la altitud puedo sentir esa misma conexión con la Madre Tierra que siento cuando mi manómetro me marca el montón de metros de agua que tengo sobre mi cuerpo.
Y es algo maravilloso.
Soy Mar.
Soy Montaña.
Soy de Mar por iniciativa propia, por la llamada del Azul que tocó directamente la puerta de mi alma y no pude más que seguir el flow y encontrar mi lugar, donde sentir la paz más profunda…
Soy de Montaña por mis genes, por donde crecí y lo que mamé. Porque forma parte de mi como naturaleza física, como esencia, como vínculo, como realidad, como mi lugar de hogar y mi descanso de paz.
Tanto uno como otro han hecho en mi una amalgama que representa la misma unidad y armonía de la tierra.
La misma armonía y unidad a la que aspiro llegar.
A la que deberiamos aspirar todos, independientemente del medio de cada uno.
Tras un periodo «de montaña», aunque haya sido más literario y emocional que real, en una horas vuelvo al mar, a sumergirme, a hacerme nada en su infinita materia…
Necesito ese salitre, ese calarme la piel y empaparme de su esencia.
Es mi homeostasis.
MAR Y MONTAÑA