Montaña y alpinismo

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Mar y Montaña
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156. Un reloj de Cuco
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MAIMÓN: Otra montañera a admirar
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Misterio Cara a la Montaña
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Nepal, Tibet y Buthan
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Dos años después
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Las Chiruca

Mar y Montaña

TUS 3.000 m SON MIS -30 m

Para los amantes de las cimas que tocan el cielo…

Tus 3.000 m serían mis 30 m de profundidad bajo el mar buceando

Para los amantes del buceo, de forma análoga

Tus 30 m de fondo son mis 3.000 m de altitud

 

Para los que amamos ambos, MAR Y MONTAÑA, resulta que la tierra, nuestro planeta, es este lugar mágico y maravilloso que nos permite disfrutar sus dos caras. Dos caras que aparentemente son independientes, pero que, al final, forman todo una unidad.

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156. Un reloj de Cuco

El reloj de Cuco.

Adoro el sonido de un reloj de Cuco.

Esta tarde me ha llamado alguien a contarme cosas (si, de este tema), y de repente, he escuchado por detrás ese sonido tan, tan familiar para mi. No he dicho nada, seguía escuchando la animada conversación, pero de fondo, Cu-Cu, Cu-Cu… hasta siete veces. Bien. Estaba en hora.

 

He visto, sin ver, como de esa casita de madera, pintada con colores vivos gencianas, edelweiss y otras flores alpinas, se abría una ventanita justo debajo del pico del tejado, y ahí, curioso, aparecía un pajarito pequeño, con el pico abierto.

 

Y como si de verdad fuera él el que cantase, ese «cu cu – cu cu – cu cu» me ha envuelto en una sensación muy bonita de infancia y adolescencia, porque siempre ha habido un Cucu en la casa Faus Gallejones, era uno más de nuestra pequeña familia.

 

Sí, estoy pesadita estos días, pero parece que todo va de esto. Ya sabéis, cuando uno está con un brazo roto, sólo ve gente con escayolas por la calle…

 

Pero ese Cuco era de verdad, e inevitablemente, creo que vosotros mismos vais a terminar la frase que voy a escribir, me ha llevado a recordar el Cuco que de niña escuchaba cantando todas las horas.

Había otro sonido que formaba el tandem, no era uno solo, era un combinado…

Ese  riiiisssss – rasssssss del movimiento de las cadenas que colgaban de su parte baja, al final de las cuales unas pesadas piñas de hierro hacían contrapeso y con las que había que dar cuerda cada día para que nuestro pajarito no dejara de marcar la hora y pudieraser puntual a sus horarios.

Lo hacían mi madre o mi padre, indistintamente, de mi no se fiaban mucho, porque tenía su aquel y más de una vez que lo intenté salieron las piñas dando botes por el suelo dejando unas marcas en el parquet que no hacían ninguna gracia,

Ahora me pregunto donde habrá quedado ese Cuco que recuerdo, porque con tanto trasiego y traslados familiares, no visualizo con claridad si después del hotel y Jaca llegó a estar en casa de mis padres en Zaragoza.

Yo sí que tuve un Cuco en Zaragoza, hace unos años. No tenía cadena, era moderno aunque queriendo parecer antiguo. Me empeñé en comprarlo en Zermatt, aunque era más caro que en Ginebra o cualquier otro sitio por los que pasábamos, pero es que la pequeña ciudad suiza de mis sueños, bajo la sombra del Cervino, ese enero que la nieve salía por las orejas, era «el sitio» para comprarlo. No valía otro.

Era un reloj de Cuco de los actuales, no muy grande, tampoco tenía nada muy especial, normalito, simplemente estaba bien, era un Cuco y hacía su papel. Los que me gustaban valían un dineral que no podía pagar y este, al fin y al cabo, era un Cuco, me valía.

Tampoco lo conservo, aunque era muy mío «se quedó» entre las mil cosas cosas que se van fruto de un divorcio mal arreglado, pero la verdad que tampoco lloro por él, no me importaba tanto, no era «de solera» ni tenía historia detrás… En cualquier momento podría conseguir uno tal cual y más bonito sin dificultad.

(De hecho… creo que voy a empezar a buscar alguno, ahora que lo pienso… 🤔)

Escucharlo, hoy, mientras esa persona me hablaba de cosas de montaña de mi padre, de mi familia (¿quien si no va a tener un reloj de Cuco cantando las 20 h si no viene de este ambiente?) me ha puesto otra sonrisa de las largas.

Y es que estos días están siendo muy extraños.
Está saliendo gente por todas partes, de verdad que el alcance de las redes es realmente importante cuando focalizas en el lugar oportuno…

Amigos de la familia, compañeros de expediciones, hijos, nieto y otros familiares de amigos que siempre han oído hablar de los Faus, conocidos de los amigos..

Gente que estuvo en el Hotel Faus Hütte, que disfrutaron de la flauta y los triolariros de mi padre en las excursiones que él guiaba, que recuerdan aún salivando los asados de mi madre…

Que han encontrado una dedicatoria en uno de sus libros, me cuentan cuando compartieron algo o simplemente están disfrutando con esta historias y contra historias que se van sucediendo,

También me llegan lamentaciones, miedos a perder cosas cuando uno falte, admiración por objetos emblemáticos de históricos que dejaron sus piezas en Clubs, Museos, Centros Deportivos, como los piolets de mi padre en Peñalara.

Estoy recibiendo tantas muestras de afecto, de admiración, de reconocimiento por eso de haber «destapado» recuerdos olvidados, que me pregunto…

¿¿POR QUÉ NARICES TENDREMOS QUE ESPERAR A QUE LA GENTE MUERA PARA QUE HAYA QUE RECORDARLA Y VALORARLA CON TANTO CARIÑO??

Siempre he dicho que los últimos años de mi padre fueron muy tristes.

Él no se daba cuenta de nada.
O precisamente porque no quería darse cuenta, dejó que su cabeza se perdiera no se sabe donde.

 

Fueron muchas cosas las que llevaron a eso en las que no voy a entrar, o al menos no hoy, desde luego. Pero cuando ves que alguien es apreciado, querido, valorado y sin embargo alrededor pasan ciertas cosas, justo cuando quizá más falta hace…a mi se me revuelve todo.

Y además, cuando ves que la historia se repite en otras personas con similares características, (porque son las que llaman más la atención, aunque pasa en todo)… de verdad que mi cabeza, no es que se pierda, es que le rebotan demasiado los pensamientos y prefiero pararlos un rato.

 

En fin.

Ese Cu Cu sigue sonando como un bonito y dulce eco de fondo.

 

Lo tengo claro, sentía que «algo» faltaba en mi casa para ser ese «hogar», y creo que ya lo he entendido.

 

Tengo que dejarme encontrar por un Reloj de Cuco que me cante las horas y me acune el alma

 

 

 

PD. Si alguien tiene un reloj de Cuco de verdad que le sobre, que le moleste, que esté cogiendo polvo en un trastero o vaya a acabar en un rastro en el mejor de los casos… me comprometo a cuidar a ese pajarito con amor hasta el fin de sus días.

MAIMÓN: Otra montañera a admirar

Pues ya he averiguado quien era la enigmática mujer que me trajo loca un par de días atrás.
– Bueno, enigmática era para mi hasta ayer, pero bien conocida en el mundo del Alpinismo.-

Evidentemente se trataba de una montañera, como yo ya había deducido por la dedicatoria de mi padre.
Y ahora, al saber de ella, digo «otra», refiriéndome a mi madre, porque era de su misma época, algo mayor, pero viviendo situaciones muy similares. De la misma edad de mi padre, de 1926,  el 30 de abril él, ella de octubre.

También de las que aprovechó la vida y la hizo larga y vivida, como mi padre, falleció en julio del 22 cerca de los 1oo años..

Maimón, Isabel Izaguirre, fue una pionera del alpinismo español. En 1952 hizo cumbre en el MontBlanc y un año después en el Cervino. Posiblemente de las primeras mujeres en tocar techo de estas cimas tan representativas. Fue la primera asturiana es escalar el Naranjo de Bulnes, y muchas otras escaladas dignas de tener muy en cuenta. Estuvo encordada con mi padre en algunas ascensiones y seguro que si ambos estuvieran todavia con nosotros podrían contarnos cosas bien interesantes de todo lo que vivieron los años en que las Montañas los hacían coincidir en sus escarpados relieves.

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Misterio Cara a la Montaña

El otro día buscaba en los libros de mi padre si había alguna referencia a su viaje al Cáucaso para una petición de información de uno de sus viajes más extraños…

👉 De esto hablaré de ello en otra ocasión, porque es interesante el tema. Es para una novela que está escribiendo el hijo de un ciclista profesional de los 70 que participó en una carrera en «la Rusia» de entonces, y quería saber si tenía más detalles de cuando mi padre fue entonces, en su viaje solo al Pamir que relató aquí) para enriquecer su relato.  👈

No encontré nada, pero fue por este motivo que mirando el libro «Cara a la Montaña» , justamente uno de los que compré hace poco en una librería de viejo porque era de los que, lamentablemente, me faltaban… me quedé bastante sorprendida.

Tenía una dedicatoria, algo normal en mi padre (y en todos los escritores, imagino); le encantaba dedicar sus libros.
Pero esta dedicatoria tenía algo diferente, algo que no vi el día que me llegó el libro a casa.

Dice así:

Para Maimon, la simpática y entrometida «piernas cortas» de nuestra Sierra.
Faus
Madrid, marzo 54

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Nepal, Tibet y Buthan

Estoy emocionadíiiiisima porque acabo de cerrar un viaje que no va a ser de profundidades, si no de altitudes.

De final de septiembre hasta mediados de octubre, ¡¡AL HIMALAYA!!

A ver, a ver.. que yo de montañera de pro solo tengo el apellido de mi padre y la impronta del amor por las cumbres que indudablemente ha dejado en mi nacer de mis padres…

Pero es que, Nepal, Tibet y Buthan son tres palabras que sólo pronunciarlas ya me ponen nerviosita y los pelillos como escarpias.

¡¡Y eso que no hay ni gota de mar!! 🤣

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Dos años después

Dos años.
Hoy hace dos años que se fue el gran Agustín Faus a la cumbre más alta.
Sin saberlo, ese momento justo fue el principio del gran PATAPLOFF o el gran Tsunami de mi vida.
Si, el “cataclismo” mundial, ya sabemos, la Pandemia y esas cositas… pero el personal mío, ni os cuento (los que lo sabéis… lo sabéis) .
Así que, tal día como hoy, como homenaje y recuerdo, voy a utilizar la sabiduría de la montaña de mi padre y mi madre, para hacer una analogía de las montañas y la vida.
En los tropezones, imprevistos o bofetones de la vida, al igual que en la más difícil ascensión, por duro que sea el trayecto del “mientras”, llega un momento que llevas a un punto “por encima” de todo….
Y entonces, agotado, exhausto, derrotado, molido….cuando crees que no puedes más… es cuando paras, respiras, descansas, te serenas…
Y abres los ojos…
Y miras….
Y entonces, y solo entonces, si tienes el corazón preparado, el alma lista y la mente abierta… entonces ves lo que hay al otro lado.
Y te admiras, y te emocionas, y entras dentro de ti.
Y das gracias a quien te ha ayudado a que llegarás.
Y entonces… entonces te preguntas ¡¡¡por qué no habías llegado antes!!!!
Resulta que lo que sientes en esa “cima” te hace descubrir la verdadera naturaleza de lo que se quedó por el camino y rodó montaña abajo por su peso muerto, pesado, podrido e innecesario.
Ahí, en lo alto, reconoces y agradeces profundamente las manos y ánimos que hicieron posible que no desfallecieras ni tiraras las toalla.
Y en este punto, tan cerca del cielo, de tu cielo, donde los montañeros de verdad lloran de la emoción y gritan de felicidad, te das cuenta de la importancia de aprender y crecer, de quedarse solo con lo que suma y aporta y entusiasmarte con todo lo nuevo y bueno que has encontrado “ahí arriba”
Es la única forma, parece, de desprenderse de lo que ata y corta las alas despojándote de tú yo más verdadero, para, como Ave Fénix, sacar lo mejor de ti y sentirse vivo, feliz, completo, entero… ¡¡tú mismo!!.
Esta es realmente la recompensa del sufrimiento de la escalada.
Papá, mamá, aunque yo tiré más hacia el mar y el azul, los valores de la montaña, los de antes, tan auténticos y verdaderos, están bien arraigados en mi.
Ahora estáis los dos lejos, -o cerca-, pero sin vosotros, yo no sería lo que soy, y eso es algo que os hace tan grandes como las montañas que tanto os gustaba subir.
Dos años que me han enseñado mucho.
¡¡¡Muchísimo!!!
Un aprendizaje que comenzó con la muerte de mi padre tal día como hoy.
Me hicieron fuerte los valores y enseñanzas de estos progenitores míos y su espíritu de montañeros incansables, indomables, me ha acompañado en esta cima personal tan alta, tan rica, tan buena, tan gratificante.
Después del esfuerzo, estoy mejor que nunca, física y mentalmente y eso es algo que decía mi padre “encumbrar una montaña es la magia de sentirse tan especialmente bien a pesar de lo vapuleado que vas por el camino”

Las Chiruca

¡¡¡Las Chiruca!!!! 
¿¿Quien de mi quinta no las ha llevado o no las conoce?? Apuesto que los que sois de antes del 80 habéis calzado al menos un par de ellas en vuestra vida. Hablo de las antiguas, de las de antes, no las nuevas, que siguen existiendo, si no «las auténticas»

Esas botas recias de gruesa tela, suela de goma, entre aterciopeladas y ásperas que tantas aventuras han pisado.
Eran marrones, de un marrón raro, tipo tierra, y en los últimos años de las originales, sacaron un modelo en azul, que era lo más, y las que a mí más me gustaban.

Pues os voy a contar una historia que no sabéis y diría que os va a despertar una sonrisa….
Seguramente las que calzasteis en vuestros tiempos pasaron por mi casa, y probablemente hasta por mis manos, o las de mis queridos vecinos Iñigo y Covi, ya que mi padre era el representante de estas botas, y fue el mayor distribuidor de Chiruca de España (bueno, no se si se vendían fuera, ahora que lo pienso).
Desde el almacén de la calle Encinas 17 en Madrid donde vivíamos,  el mismo lugar donde mi padre tenía su trabajo, llegaban hasta todas las tiendas de deporte de la provincia y más, y de ahí, porque entonces solo se compraba en tiendas físicas, llegaba a las casas de todos.
Para nosotros, niños, era una fiesta cuando venía el camión de las Chiruca cargado de cajas enormes en cuyo interior estaban no se cuántas cajas de pares de distintas talla.  Las enormes cajas se amontonaban en el garaje de mi casa, esperando abrirse y colocarse dentro en el almacén.
Ese día, o por la tarde o a lo más tardar el fin de semana, los críos vecinos nos juntábamos y ayudábamos a mi padre a sacarlas y colocarlas por número en los estantes. Iba a cambio de una propina para chuches, pero lo más divertido era lo que venía después. Las cajas gigantes vacías quedaban a nuestra disposición y era el momento fabuloso de recrear la creatividad…
Hacíamos casas, túneles, escondites y lo que se nos ocurriera… ¡era el momentazo de todos los críos de la calle!
¡¡Qué recuerdos más bonitos tengo de pensar en esto!!
El origen y fabricación era en Barcelona, pero el mayor vendedor, un montañero catalán afincado en la capital.
El dueño, Joan Fontfreda (padre o abuelo de Victor Fontfreda Puig, navegante) era un gran amigo de mis padres, una relación de mucho cariño, a quien recuerdo como un “señor mayor” entrañable que muchas veces venía a casa o íbamos a ver en Barcelona.
Era muy cariñoso y tenía mucho cariño a mi familia.
Supongo que por eso, o vaya usted a saber el origen de esto, los pies de mi madre, fueron durante muchos años la imagen de la marca de los anuncios de periódicos y revistas de la época… Me encantaría recuperar alguna de esas imágenes, no sé en qué archivo antiguo podrían estar.
– “Tienes unos pies preciosos, Sita”
Siempre contaba mi padre que esto lo decía Joan de mi madre, de sus pies, realmente, y de ahí que fuera la elegida como “modelo” para sus anuncios… Aunque, claro, calzada con las Chiruca, es evidente que se veían poco sus pies. Quiero recordar que sí había un anuncio en que aparecía descalza con las botas al lado.
En fin… que las Chirucas van muy, muy unidas a mi vida, a mi familia, a mi infancia, a mis recuerdos…
¡¡La de pares que he llevado en mis pies y tocado con mis manos!!
Que sonrisa mas agradable me ha despertado esta foto que ha aparecido en Fb, de unas botas que, ¿quien sabe? casi seguro pasaron
por mi casa,
por mis manos,
por mi vida.

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