Islas Brothers. Navegacion de altura por estrellas
Navegación de altura por estrellas
Destino final: Brother Islands, Mar Rojo
26° 18,67′ N de latitud
34° 51,00′ E de longitud
Cómo he disfrutado.
Navegación de altura, que en términos marineros significa lejos, muy lejos de costa.
Navegación por estrellas. Significa sólo mirar al cielo para orientarte dónde tienes que ir. Como los antiguos navegantes. Lo que nunca falla y todos deberíamos aprender mínimamente si pretendemos salir a la mar más allá de donde los ojos te pueden orientar.
Tenemos 90 millas desde Beacon Rock, el último arrecife donde hemos fondeado y buceado en su pared y el Dunraven, el pecio que hace años se hundió al chocarse con él.
90 millas si fuéramos rumbo directo, pero unas 100 ya que para evitar viendo de proa y navegación con meneo, hacemos un bordo grande.
Estas cosas que se hacen en el mar y que la gente de tierra no entiende “¿por qué nos desviamos? ¿por qué no vamos directos? ¿por qué lo hacemos más largo?”
Pues mirad, esto es porque el mar no es plano, porque aquí, donde no hay nada más que agua, cielo, y nosotros, una minucia, en medio, todo lo que ocurre afecta muchísimo.
Así que, tanto si hay viento de más o de menos, como olas grandes, o en una dirección y altura u otra, una gran parte de la experiencia de un buen patrón es buscar lo mejor para el barco y la tripulación.
Y esto pasa por evitar lo que puede ser molesto, incómodo, frenar el paso y hasta peligroso, para llegar al punto de la forma más segura.
Y no, en la mar, lo más seguro no suele ser lo más rápido, ni mucho menos lo más directo.
Así que tras 4 horas a rumbo 190º enfilando la punta de una isla frente a la costa africana de Egipto, el barco vira hasta tomar el 150º que nos pone en línea con nuestro destino.
Vemos esconderse el sol tras la silueta de las montañas, dejar un resplandor naranja incandescente por nuestra espalda, e ir oscureciendo el cielo hasta convertirse en negro profundo. La luna tardará mucho en salir, por lo que la noche es oscura, y las estrellas comienzan a brillar con fuerza.
Después de mi experiencia hace unos días con el desastre del casi apagón de mi móvil, hoy sucede todo lo contrario.
En la cabina del Capitán del South Moon, ya noche cerrada, queda todo oscuro, incluida la electrónica, apagada voluntariamente – mejor dicho, tapada para que la luz no moleste-.
¿Apagado?
Si…
¿Por qué?
Porque no se mira.
Tenemos toda la instrumentación que se quiera a bordo, la obligatoria, la recomendada y la extra.
Pero la verdadera forma de navegar de esta gente, pelada de cruzar estas aguas salpicadas de arrecifes tan hermosos como peligrosos, es la de las estrellas.
Veo al Capi mirar fijamente por el ventanuco que tiene delante, por donde entra la brisa y sale su mirada, mientras agarra el timón con soltura y lo va moviendo poco a poco.
La silueta de tierra, a estribor (derecha) es muy lejana, vamos ya muy mar a dentro.
Le pregunto cómo sabe donde vamos.
– Las estrellas, – me señala con el dedo.
Me costaba diferenciarlas, y eso que cuando me examiné de Capitán me las sabía todas.
Pero claro, una cosa es verlas en un temario, o un día de prácticas, o por ocio o disfrute una noche estrellada vacilando de las que conoces, y otra, que sean lo que marquen por donde tienes que ir durante 10 horas de oscuridad.
Recordé cuando en la travesía por el Pacífico, Marcos nos iba diciendo las principales y cómo comprobábamos que realmente nos acompañaban y las teníamos de referencia una noche tras otra. Pero ahí siempre navegábamos con GPS. Era bonito tenerlas de referencia, pero muchas veces las nubes las tapaban, o realmente, no nos guiábamos por ellas, simplemente disfrutábamos de su compañía.
Me señala Malak (el capi) con el dedo donde tengo que dirigir la mirada:
– ¿Ves las 3 seguidas, en línea?. Ahí apuntamos la proa, hasta dentro de unas 4 horas que serán otras.
Y ahí estaban.
Quietas, pequeñas, yo tenía que fijarme bastante para no perderlas de vista, y si pestañeas, volver a situarlas.
No son grandes astros, no son puntos de luz fuertes ni especialmente brillantes…
¿Ves esa estrella? te dicen… y cuando tienes delante miles de puntos blancos… Claro… pero ¿cual de ellas? Hay que afinar mucho, mucho, para no errar…
Tiré de APP móvil para identificarlas porque fui incapaz.
Parece Altair, le dije…
Me mira con cara de pez, se encoge de hombros y dice “No sé sus nombres”
Le da igual como se llamen. Las reconoce, y listo.
Se las conoce todas.
Huele la profundidad o la falta de ella, mejor dicho, y el peligro de los arrecifes.
Sabe perfectamente cuando la visibilidad del agua es buena, mala o regular, o la dirección de las corrientes cuando tú no ves más que una masa de agua plana unicolor…
Lo sabe todo de este mar.
Pero no sabe como se llaman las estrellas que le orientan.
Ni falta que le hace.
-¿Y si está nublado y no se ven las estrellas?
Realmente aquí es raro que haya nubes, pero en ese caso… Rumbo de aguja (de compás o brújula, para entendernos)
Tienen todos los medios a su alcance, GPS de pantalla enorme, dos más pequeños, otro en el móvil, y no los usan. Además, estaba mi Navionics al que de cuando en cuando echaba un ojo cuando yo lo miraba para demostrarme cómo íbamos de bien encaminados…
(Aprovecho y de paso os digo a los navegantes, que el Navionics en esta zona de Egipto no es nada bueno, no os fiéis, u os comeréis un arrecife seguro… no marca ni la mitad, y la posición le falta un buen % para ser exacta)
Cuando llevan desde críos en estas aguas, acostumbrados a ver lo que para nosotros es invisible, todo sale solo.
Me quedé a dormir fuera en proa, llevando el timón algún ratito, mirando al cielo fascinada, escuchando el casco romper en las olas, ese Fiiiiuuu Fiuuuu que aunque sea de un barco a motor, me fascina; viendo el resplandor blanquecino de las olas rompiendo y la estela sobre un negro denso del mar que se une con el del cielo, sin poder distinguir bien donde empieza uno y termina el otro.
Quizá porque no son tan distintos.
A las 4:30 de la madrugada, aún de noche, pero ya con cierta luminosidad llegamos a esos dos trozos de roca que emergen de la profundidad y son un espectáculo único para buceadores, por lo que venimos de tan lejos para meter la cabeza bajo la superficie.
La mayor, Big Brother, tiene un faro y frente a él, la tripulación maniobró para dejar el barco amarrado bien seguro y poder descansar un par de horas antes de comenzar el día de buceo.
Empezaba a amanecer y una luz preciosa me recordaba que toda la tecnología nunca podrá suplantar los conocimientos de la Tierra y la Naturaleza más profundos e importantes.
Y que olvidar todo esto nos aleja cada vez más de nuestra esencia.
Y que por eso me gusta tanto estar con gente que vive, piensa y siente de otra manera y me conecta con esta parte salvaje, natural y auténtica del planeta y de mi misma.









