Nepal, Tibet y Buthan

Estoy emocionadíiiiisima porque acabo de cerrar un viaje que no va a ser de profundidades, si no de altitudes.

De final de septiembre hasta mediados de octubre, ¡¡AL HIMALAYA!!

A ver, a ver.. que yo de montañera de pro solo tengo el apellido de mi padre y la impronta del amor por las cumbres que indudablemente ha dejado en mi nacer de mis padres…

Pero es que, Nepal, Tibet y Buthan son tres palabras que sólo pronunciarlas ya me ponen nerviosita y los pelillos como escarpias.

¡¡Y eso que no hay ni gota de mar!! 🤣


CONECTAR, CREAR, SOÑAR

Las conexiones existen, y en Fitur, por esas «casualidades» que pasan, conocí a Sunhil, de una agencia local de Katmandú, con quien hubo una afinidad increíble. Más que «conocí», tendría que decir «conecté», porque conocer alguien del sector en una feria de Turismo, es lo que se hace el 150% del tiempo de ferias… El cómo nos presentaron fue de estas situaciones «de chamba», que no sabes ni por qué llegan… Pero el caso es que llegan.
Y entonces, sucedió algo.

Como en el 2008 con Helmut del Transiberiano, diría yo.

Como esas cosas que de repente, no sabes cómo «pasan», pero pasan. Y para quedarse.

Se hace llamar Pedro, aunque su nombre real no es ese, sino Sunhil, y habla español a la perfección. Y eso es lo primero que sorprende de él… Pero no lo último.

Es la tercera generación de una agencia local de Katmandú, cuyo nombre tiene un significado profundo que es mejor que lo explique él para darle todo su sentido.
Guía, montañero, empresario, viajero, motero…

Y hermano amoroso de una chavala súper dulce con una discapacidad de motricidad importante, a quien cuida con un esmero impecable y le encanta llevarla a los pies del Everest para ver la montaña más alta del mundo, desde donde, mirando a lo alto, se llena de energía, de vitalidad y de esa alegría profunda que solo las almas limpias pueden expresar.

Quizá por haber vivido una dificultad de este tipo en su familia, en un entorno complicado como es una pequeña aldea cercana a Katmandú, es lo que le haya dado esta sensibilidad especial, ese reconocimiento de lo que tiene valor absoluto, esa lucha incansable y esa mirada profunda, Y una de sus pasiones es llevar a personas con discapacidad a la base del Everest, como lo hace con su hermana, desde donde admirar, contemplar y agradecer la grandeza de los ochomiles blancos, nevados, clavándose en el cielo y en los corazones. Nada hay imposible para quien realmente tiene voluntad de superar barreras. La mejor de las lecciones que podemos aprender.

En todo lo que conversamos conectamos de una forma brutal, esa sensación de que parece que te conoces de toda la vida, con una conexión absoluta.

Y me refiero a conectar más allá de lo puramente profesional; en lo humano, en lo vital, en lo experiencial; mucho más allá del trabajo, mucho más allá de eso

(No, no, tampoco «tan allá» jajajja)

El caso es que desde entonces hemos estado intercambiando whatsapps, llamadas y correos y esta mañana, tras muchas puestas en común para dar con lo que yo quería, lo que él me sugería, y lo que veíamos factible desde un lado y el otro, al fin, ya hemos terminado de perfilar algo más que un viaje.

Porque, tal como «lo huelo», si el destino en sí ya es de los que impactan, el hacerlo mano a mano con él, va a pasar mucho al terreno experiencial, de los que tocan la fibra y te transforman por dentro.

Mapa en mano, me iba explicando cómo tenía que hacerse la ruta, dónde, cómo y por qué había que parar, en tal o cual lugar, el porqué de ir en coche en una parte, las pequeñas poblaciones que nos van a mostrar el alma real de estos países…

Los detalles, los cuidados, los requisitos, las exigencias…
Las realidades que podemos encontrar, los problemas de un lugar tan agreste, una metereología tan decisiva, una historia tan peculiar, una gente particular…

La forma en que lo relataba, el brillo de sus ojos, la emoción de sus palabras…

Son esos detalles que te dicen que aquí no iremos de turistas, y que nos va a dejar huella.

Y eso, amigos míos, eso al fin y al cabo, es para mi viajar…

No pisar por el mundo, no hacer «check», no tratar de llegar a todo…

No. Tan solo dejarse fluir y llevar por lo que suceda.

 

Unos meses para prepararlo y seré yo, con algunos más privilegiados, los que lleguemos a la enorme y hermosa la cordillera que llena tantas páginas en la Biblioteca de Faus.

Personalmente, por mi historia familiar tan vinculada al alpinismo, va a ser un extra top.
Recuerdo perfectamente cuando fue mi padre en la expedición aragonesa al Everest, con sus 61 años, no para subir a cima, por supuesto, pero sí para cubrir el reportaje desde uno de los últimos campos base. Admiración total. Yo estaba entonces en plenos exámenes del primer año de Carrera, y… bueno… esta historia la contaré otro día…

Pero vamos, que poder acercarme a un lugar tan especial como es el Techo del Mundo, para mi que soy del Fondo de los Mares, es algo que me tiene ya el corazón alterado.

 

Así que, sí… 27 de septiembre, pondremos rumbo a las montañas más altas del planeta, donde, rodeados de su grandeza, sentirnos pequeños será el mayor regalo de la vida.

Deseosa de empaparme de la energía de ese país cuyo PIB se mide en FELICIDAD DE SUS HABITANTES (BUTHAN) y ojalá que quedarme con ella y contagiarla.

Queda mucho por delante, pero quería contarlo, porque estoy realmente entusiasmada por ello.

 

Y sí, por supuesto, si alguien quiere, bienvenido será a vivirlo conmigo.

Muy poquitas plazas, será un grupito muy selecto y reducido, porque no es un viaje de masas ni todo el mundo vale para ello.

Pero si encajas y te llama, no dudes en preguntarme, que te voy poniendo al día.

 

VIAJE A NEPAL, TIBET Y BUTHAN

 

PD. Atentos a esta mirada profunda, será la que me lleve lo más alto que pueda alcanzar en la base la Cima del Mundo…
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