116. Charlas con mi vecino
Tengo un vecino con el que me encanta charlar.
Sentarme debajo de la enorme encina que tiene en el jardín de su casa, con su «gimnasio» particular, hecho con todo menos con artículos de gimnasio, que si dos ruedas de carretilla y una barra, que si un saco lleno de no se qué para dar puñetazos, que si una especie de columpio para doblarse y estirarse, que si… ¡bueno, todo artesano, reutilizando de todo, me flipa!
Es de estas personas que son capaces de dar vida a lo que cualquiera tiraría.
Me explicó el tremendo significado de algo que tenía colgado en uno de los muros y que no podrías pensar que era más que «cosas colgadas». Pues se «inventó» los dos escudos de sus apellidos, el suyo y el de su mujer, todo con símbolos que representaban lo que signfica cada uno, y entre uno y otro, una cadena los unía, como están ellos. Así, tal cual.
¡Me encanta!

