7 al 19 de febrero 2023
5 etapa. Cruce del Pacífico
Maupiti a… ???
La previsión era ir hasta el norte de Tonga, lo más línea recta. Pero un ciclón que se está formando por Nueva Zelanda podría evolucionar y afectarnos en la navegación, así que ponemos rumbo más norte para evitar sus efectos indeseables, con lo que posiblemente, tras 6-7 días de travesía, según velocidad que podamos llevar, nuestra siguiente recalada en tierra será Samoa.
Pero como todo puede variar, este es el plan, y veremos que dicta el día a día.
A partir de ahora estaremos sin cobertura, comunicados solo por satélite para seguimiento de la meteo, mensajes y consultas con nuestros apoyos en tierra para actualizaciones importantes en la evolución de los frentes.
Espero que todo marche bien.
Va a ser mi primera travesía en velero tan larga y en un océano tan grande, abierto y sin nada alrededor. He navegado mucho por el Pacífico, sin ver tierra en muchos días y sin cobertura, pero siempre en los barcos de buceo, mucho más grandes, de motor, con todas las comodidades (camarotes privados con baño, tripulación, agua caliente -dulce-, cocineros, tripulación…) y es otra cosa diferente.
Ahora estamos los 8 que nos quedamos dedicados al 100% a la navegación, en turnos y coordinados. Cocina, limpieza, navegación, mantenimiento, guardias… todo es importante y lo repartimos a partes iguales para que funcione bien el engranaje. El agua dulce es un bien muy preciado y limitada. Ya llevamos días duchándonos, fregando, limpiando solo con agua de mar.
Día y noche sin parar sobre el azul, que deseo nos trate bien. Si hay calma, nos podremos relajar más; si toca bregar con vientos fuertes, tormentas o reparaciones, a full.
Serán momentos de estar solo con cada uno de nosotros, y es algo que personalmente tengo muchas ganas y necesidad.
Me pregunto como va a ir todo, pero no tengo ni expectativas ni preocupaciones, me dejo llevar por mi “let it flow”, y hasta ahora me está funcionando tremendamente bien.
Maupiti a Apia (Samoa)
1.260 millas de distancia
11 días de travesía
Ni rastro humano de cualquier tipo (velero, mercante, avión, naufrago…), salvo nuestro estrecho círculo de 8 personas en menos de 60 m2 (15 m eslora x 4 de manga).
Infinito Azul que nos rodea: a nuestro alrededor en 360 grados de horizonte ininterrumpido; desde abajo los más de 5.000 m de profundidad y en lo alto, el cielo.
Azules en el mayor despliegue de su gama, salpicado de pocas variaciones cromáticas: los blancos y grises de las nubes, que hacen plateados los reflejos Del Mar; los cálidos anaranjados, rojizos o rosas de las apariciones y ocultaciones del Rey sol; esporádicamente algún arcoíris nos ha regalado unos minutos multicolor, hasta desaparecer discretamente; el negro absoluto de la noche, con los amarillos y rojizos puntos estelares y planetarios.
No hay más colores naturales, el resto lo ponemos este grupo humano con nuestros equipos, ropas, y enseres, y es una mota insignificante en esta inmensidad.
Los días pasan tranquilos. Hemos tenido poco viento, siempre portantes, pero suficiente para poder movernos a una media de 100-120 millas por día. Tormentas de formación tan rápida como su desaparición salpicando cada jornada a cualquier hora, aumentando velocidad y obligándonos a arranchar, despejar y ponernos finos al timón ante las rachas. Además, cuando fuerza no era demasiada, cosa que realmente no ha ocurrido en mi fin momento, estas tormentas nos han dejado el momento refrescante con la tan agradecida agua dulce con la que limpiar un poco la capa de sal que va impregnando nuestra piel. Algunos días soplaba algo mas; otros, por suerte los menos, rayando la calma total y obligándonos a usar motor para seguir avanzando, a cambio de la molestia del ruido, tan poco agradable cuando te acostumbras al dulce siseo del casco sobre las olas y el viento sobre las velas.
La vida a bordo es tranquila, sin gran actividad aparte de la puramente náutica y los turnos de trabajo. Navegación, mantenimiento, cocina y limpieza. Además, las guardias nocturnas, para cubrir la noche en 4 tramos de 2,30 horas.
Siestas, charlas, alguna partida de cartas, risas..
Personalmente me he deleitado en la lectura, he devorado varios libros con auténtico placer. También le he dado algo a escribir, a boli, en un cuaderno, como más me apetecía hacer, pese a las dificultades de hacerlo en continuo movimiento. Y sobre todo, un auténtico ejercicio y resultado de vaciado de la mente, algo realmente maravilloso y difícil en mi cabeza. Como si todo, absolutamente todo lo de “allá”, fuera tan lejano como los km que hay por medio, más una ensoñación, idea lejana o pensamiento que la realidad que es.
Todos mis sentidos se han enfocado, sin forzar, de forma natural, en tan solo sentir estar en el aquí y ahora. Una sensación realmente agradable, necesaria y única.
Ha sido difícil para algunos, deseando llegar y teniendo suficiente de “travesías a velero” para el resto de su vida. Aunque para nada con mal rollo ni a disgusto, lo que es muy loable.
Y es que… Es normal. Esto no es para todo el mundo; de hecho diría que es para un pequeño porcentaje. No se trata de habilidades o capacidades personales, simplemente diferentes formas de ver y entender las cosas.
Un lugar tan pequeño del que no poder bajarse, sin tocar tierra, con recursos limitados: la comida fresca se estropea, acabas harto de las pocas opciones de lo conservable; se va agotando los productos que más apetecibles o de capricho; los fumadores van muy justos de tabaco; nos duchamos, fregamos y limpiamos solo con agua de mar…
La intimidad no existe, en este barco en particular la distribución de camarotes es peculiar y es más tipo “comuna”, otro de los factores a tener en cuenta. Y las comodidades escasean, por no decir sin inexistentes. Bastante ha sido hacer funcionar lo más esencial para navegar con tranquilidad, ya sea a vela o a motor.
Sin embargo… yo estoy feliz, a gusto y contenta. Se me ha hecho corto, y me hubiera gustado aún más días de esta soledad existencial tan increíblemente enriquecedora. Mis ratos en la proa o en la popa leyendo o mirando el maravilloso mar, me los quedo para mi como auténticos regalos. He dormido como una reina, con una paz absoluta, ya fiera en mi litera o fuera con las estrellas guiando mis sueños. La comida no sería la que yo tomaría habitualmente, pero qué más da, lo justo y más que suficiente para alimentarse y estar bien. Moky y Mario nos han proporcionado pescado fresco al inicio y al medio (un marlin enorme y dos atunes, lo más fresco de mi vida… en dos horas del mar al plato!).
El aire, el sol, el salitre, la compañía, el grupo humano, tan dispar pero tan bien…
Nunca había estado tantos días desconectada del mundo en una travesía en velero, pero sabía que me Iva a gustar y no me equivoqué. Claro que he pasado mucho en circunstancias similares, pero los viajes de buceo son distintos, barcos más grandes, con tripulación, camarotes privados con su baño y agua dulce, comida servida, y las inmersiones que te llenan el día a día sin darte cuenta ni tener fuerzas de más.
Mi conclusión es que quiero más de esto. Podría perfectamente llevar esta vida… aunque haya llegado muy tarde para descubrirla y hacerla mía… ¿quien sabe? De momento me quedo con tantísimo bueno que me ha aportado y buscaré más embarques de este tipo.
Ahora empieza otra fase del viaje, navegaciones de máximo 2 días para llegar a otros lugares, y mientras, descubrir islas, lugares, gentes, dejarme llevar y seguir con mi let it flow.
Samoa últimos días
El silencio y la distancia en ocasiones, son los más grandes gestos de amor y respeto hacia los que quieres en lo más profundo.