Polinesia y Pacífico

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Viajar a Polinesia
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Polinesia. Un lugar del mundo. Y de mi corazón.
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Malpelo y mis Eagle Ray.
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Travesía Pacífico en Velero de Polinesia a Fiji
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Travesía Pacífico 8 – Un resumen de la experiencia
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TRAVESÍA PACÍFICO 4 – TRAVESÍA
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Maupiti (Polinesia)

Viajar a Polinesia

POLINESIA
DONDE, SI VAS MÁS LEJOS, YA ESTÁS MÁS CERCA.

Este es el artículo largo que escribÍ para la revista Buceadores (LetsDiveMag) que se acaba de publicar. Aquí comparto la versión completa, porque para la publicación se ha tenido que recortar bastante, puesto que es una revista más visual y fotográfica que literaria, y a mi me cuesta ser breve en palabras

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Polinesia. Un lugar del mundo. Y de mi corazón.

Hace unos meses me pidió Ingrid Riera, de la revista de buceo Buceadores, si podía escribir un artículo para este destino increíble que pensaba publicar en su número de primavera del 26.

Por supuesto que acepté.

Puedo hablar sin cansarme de Polinesia como un destino increíble al que viajar, como un lugar donde todos deberíamos dejarnos llevar alguna vez en la vida.

Desde esa perspectiva, que ademas me mueve comercialmente ya que en mis empresas (ViajarSolo, Buceoyviajes y Luxotren) ofrezco este viajazo, podría pensarse que escribí el artículo de esta revista: VIAJE A POLINESIA, para buceadores y amantes del azul.

Pero es que para mí, hablar de la Polinesia no es sólo hacerlo como algo que me gusta y ademas dar a conocer un lugar fascinante, que ya sería suficiente. Sin embargo, escribir, pensar y recordar este lugar, es mucho, mucho más que hablar de «un viaje»

Estas islas salpicadas en medio del inacabable Océano Pacífico tienen un significado tremendo a nivel emocional en la vida e historia de Hellen, aunque es algo que pertenece más a lo privado y a lo que muy poquitas personas conocen. Y sacar ahora el tema, era como rescatar un poco algunas vivencias tremendamente importantes que el paso de estos últimos años, tan agitados, han dejado algo escondidas.

Así que iré poniendo poco a poco enlaces y escritos sobre este lugar físico en el planeta tierra, para el que lo quiera descubrir como una propuesta de viaje, y como un lugar emocional en el planeta Hellen, para el que quiera atreverse a viajar por él, y quién sabe, si no sentir una llamada personal.

 

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Malpelo y mis Eagle Ray.

Es la tercera vez que cruzo medio mundo para llegar a este recóndito lugar en medio del océano Pacífico. Pero es que en esto del mar, nunca se repite, nunca es nada igual.
Hay ocasiones que la naturaleza y los elementos te lo pintan bello, se alinean los astros y hacen que un viaje ya repetido se convierta en una experiencia excepcional. 

Es mi tercera vez en Malpelo, y ésta ha sido realmente impresionante. 

Podría decir que lo ha sido por todo:

  • El tiempo, buenísimo
  • Una navegación tranquilísima con mar plana (30 horas para llegar a la roca, mas otras 30 de vuelta por el Océano Pacífico bien abierto, pueden dar lugar a muchos cambios marítimos…)
  • Una semana fondeados en agua tan calmada que parecía que estábamos en tierra; ni media ola para llegar a los puntos de inmersión, aunque fueran al otro lado de la isla, cuando los trayectos en zodiac ya son de por si aquí toda una aventura;
  • Temperatura del agua de 28-30 grados, no común en este área donde las corrientes de Humboldt traen aguas más frías  y las termoclinas son importantes (24 a 16 grados lo normal) y, friolera que es una, esta vez me vine con el traje seco que se ha muerto de risa y he tenido que llevar uno prestado para no morir achicharrada bajo el agua.. 
  • Podría añadir la visibilidad estupenda del agua (tanto nutriente hace que esté muy turbia) y que salvo un par de inmersiones de «pelear» no hemos tenido corrientes de esas durísimas de Malpelo que te dejan exhausto;
  • Y la fascinante vida marina de este paraíso aún salvaje que nos ha acompañado en cada inmersión (basta ver las fotos de Jorge ), el buen grupo de buceo que hemos  formado con los Chilenos y el grupo nuestro, y sin dudar la excepcional compañía, guía y coordinación de Julio que lo hace todo fácil y extraordinario.

 

Pero como si todo eso fuera poco, Neptuno ha tenido a bien hacerme un regalo de los que son difíciles de explicar. 

Quien me conoce buceando sabe que pierdo el sentido con las Águilas Raya, que Hellen desaparece y empieza a aletear como una loca cuando aparece una de estas esquivas “voladoras” de los mares por acercarme y disfrutar unos breves segundos de su presencia. Estos animales, ignoro por qué, tienen algo especial para mi, me conectan de un modo especial con el Azul, me transmiten algo diferente que ninguna otra especie marina, mucho más llamativa o espectaculares, consigue igualar. 

Fijaros el significado para mi, que están en el logo de mi empresa y en mi barco, mi Kivuca, impreso en las amuras y popa.

Y aún más, tras la experiencia de catarsis de la travesía por el Pacífico, al llegar a Samoa sentí que tenía y quería hacerme un tatuaje, y tras mucho meditarlo, todo llevó a que fueran mis águilas raya, llenas de significado, las que acabarán formando parte de mi piel y de mi ser. Y no uno, si no que al final me hice dos tatoos con ellas, el primero en un tobillo, pequeñito y simbólico (no me fiaba mucho, jeje) y el segundo ya con 3 bien diferenciadas, en el otro.

Con todos estos ingredientes de este animal, me encuentro con la maravillosa sorpresa y felicidad máxima continua, que en todas y cada una de las 18 inmersiones realizadas, han estado presentes mis adoradas Eagle Rays…!!!! Algo increible que ha hecho de este viaje un TOP para mi.
Sí, claro, cruzamos medio mundo para ver los bancos de Tiburones Martillo, que ahí estaban, pero aunque me encantan esos animales y es fascinante estar ante ellos, mi corazón se va siempre hacia esta otra especie marina…

¡Cada cual con sus rarezas, oye!

Pequeñas y enormes, solas, en parejas o en grupos, a ras de superficie o a 40 metros, de frente, de abajo, rápidas o pausadas, volando en el azul, junto a las raras móviles doradas, en las estaciones de limpieza de los peces mariposa amarillos, pasando entre los enormes bancos de barracudas, pargos, jureles e incluso entre los de tiburones martillo. 

Increíbles, mis amigas, en cada ocasión 

Pero uno de mis mejores momentos buceando  puedo asegurar que lo he tenido aquí y con ellas.  

Seguí a una, que, en vez de alejarse, curiosamente comenzó a trazar círculos a mi alrededor, como si fuera ella quien observaba a este bicho tan poco ágil en su medio que era Hellen. 

Yo me había separado del grupo al ir a buscarla y estaba sola, y ella, volando lentamente, sin alejarse mucho, permitiéndome aproximarme, tener de cerca esa cara tan bonita que tienen, que parece que sonríen. Pero ella también me miraba…

Mas de 15 minutos juntas, que en el agua es una barbaridad.
En tanto rato, y tantas posiciones, pude ver el patrón de su punteado (me he estado fijando estos días con tantas, y son realmente su huella dactilar) y los detalles que podrían hacer que la reconociera en otro momento.

Según veía que no me esquivaba, mi asombro iba in crescendo… si me quedaba atrás, cansada de tanto aletear a su lado (parece que no se mueven, pero no les sigues el ritmo…) me daba cuenta que cambiaba el giro para acercarse ella; si me quedaba quieta en una roca, cerraba más el círculo conmigo en el centro… era para llorar de la emoción. 

Nos cruzamos varios momentos las miradas, lo aseguro, con esos ojitos tan pequeños y diferentes que tienen, y yo pensaba, me acabaría conociendo, si volviera varias veces a este punto y nos encontráramos, acabaríamos teniendo una relación “humano animal” especial, porque ese comportamiento no era normal. Estábamos ya acabando la inmersión cuando apareció, por suerte a poca profundidad, entre 14 y 8 m, con lo que el aire me daba juego, pero tanto tiempo dando aletas y respirando emocionada, ya vi que me quedaba poco. Pero ella no hacía amago de irse… y menos yo! 

Pasó mucho rato hasta que apareció Jorge y luego el resto, los otros ya estaban en superficie, pero se ve que me quería solo para ella, así que fue entonces cuando ya no hizo ningún giro más hacia mi y voló lejos, mientras a mi me tocaba ascender, ya con la botella a 0 bares y el corazón tan lleno y feliz como no podría expresar jamás… 

Son estos momentos que quedan para uno, en el recuerdo, en la memoria, en los sentidos… Son mágicos y especiales, se viven de dentro. 

Y te preguntas el significado y la confluencia de tantos elementos. 

Y cada uno le pone las palabras y las emociones que le conectan con lo vivido. 

Nunca pensé que mi atracción hacia estos animales me llevaría  a este punto en el que de forma física (tatuajes), emocional (lo que significan), y experiencial (lo que siento buceando en su presencia) se haya creado un vínculo tan especial y completo.

Mis águilas y yo…

Esta foto no es con «esa» águila, ya que como digo, estaba yo sola con ella. Pero fue de esos días, me la hizo Jorge en uno de los múltiples encuentros con ellas.

 

Esta otra sí es «ella», pero apenas se la ve. Intentaba sacar tipo «selfie» estirando el brazo atrás con la Gopro, pero nada… Misión imposible. De cualquier modo, ha quedado tan grabado en mis recuerdos, que cualquier imagen sería siempre mucho menos representativa de la realidad.

Travesía Pacífico en Velero de Polinesia a Fiji

«Qué vida más bonita tienes cuando dejas de soñar y vives tus sueños»

Esta dedicatoria en un libro que había en la biblioteca del Wipi, que alguien dejó escondida, me marcó especialmente en este momento tan especial de mi vida.

Una aventura, una experiencia, una vivencia, un momento de Catársis personal bastante fuerte.

Escribi mucho durante estos meses de vida nómada, en un velero, con desconocidos que se convirtieron en parte imprescindible de la supervivencia, pero lo hice en papel, en un cuaderno especial.

Lo más íntimo, lo más potente, lo más vital y hasta desgarrado en algunos momentos, está de mi puño y letra, como no podía ser de otro modo.
Pero también escribí algunas notas en el móvil, estas son, aqui las comparto.  Sin mucho vínculo, algo desordenadas, no por fecha, si no por pensamientos..

Debería acompañar de fotos, pero la palabra, en sí, tendría que ser lo suficientemente expresiva. Es lo que me dice el cuerpo ahora.

 

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Travesía Pacífico 8 – Un resumen de la experiencia

Travesía a vela por el Pacifico. De Polinesia a Fiji en velero

13 marzo 2023

2 meses exactos hace que iniciaba este viaje tan alucinante, deseado, sorpresa e inesperado. 

Desde entonces, ha sido mi casa un velero, una estrecha litera la cama donde soy feliz (dormir en cubierta bajo el inmenso cielo es la genial alternativa) y un espacio muy reducido de suelo, pero enormemente infinito alrededor…. 

4 países (Polinesia, Samoa, Futuna, Fiji), un buen puñado de islas e islotes, muchas desiertas o bien poco pobladas, playas de ensueño, palmerales, paisajes…

Más de 2.000 millas navegadas, muchos días seguidos absolutamente solos en el gigante océano sin cobertura ni rastro humano alrededor (11 días en el primer cruce y 4 el segundo más corto), con todo lo vivido y experimentado que no se puede describir con palabras. 

Estando a tan solo unas 40 millas de Marina Naisoso en Nadi, Viti Levu, la isla principal de Fiji, punto final de esta etapa de navegación donde dejaremos el WIPI bien amarrado, recogido y listo hasta la siguiente temporada de navegación en unos meses, ahora se siente el “fin”… 

 

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TRAVESÍA PACÍFICO 4 – TRAVESÍA

7 al 19 de febrero 2023
5 etapa. Cruce del Pacífico
Maupiti a… ???

La previsión era ir hasta el norte de Tonga, lo más línea recta. Pero un ciclón que se está formando por Nueva Zelanda podría evolucionar y afectarnos en la navegación, así que ponemos rumbo más norte para evitar sus efectos indeseables, con lo que posiblemente, tras 6-7 días de travesía, según velocidad que podamos llevar, nuestra siguiente recalada en tierra será Samoa.

Pero como todo puede variar, este es el plan, y veremos que dicta el día a día.

A partir de ahora estaremos sin cobertura, comunicados solo por satélite para seguimiento de la meteo, mensajes y consultas con nuestros apoyos en tierra para actualizaciones importantes en la evolución de los frentes.

Espero que todo marche bien.

Va a ser mi primera travesía en velero tan larga y en un océano tan grande, abierto y sin nada alrededor. He navegado mucho por el Pacífico, sin ver tierra en muchos días y sin cobertura, pero siempre en los barcos de buceo, mucho más grandes, de motor, con todas las comodidades (camarotes privados con baño, tripulación, agua caliente -dulce-, cocineros, tripulación…) y es otra cosa diferente.

Ahora estamos los 8 que nos quedamos dedicados al 100% a la navegación, en turnos y coordinados. Cocina, limpieza, navegación, mantenimiento, guardias… todo es importante y lo repartimos a partes iguales para que funcione bien el engranaje. El agua dulce es un bien muy preciado y limitada. Ya llevamos días duchándonos, fregando, limpiando solo con agua de mar.

Día y noche sin parar sobre el azul, que deseo nos trate bien. Si hay calma, nos podremos relajar más; si toca bregar con vientos fuertes, tormentas o reparaciones, a full.

Serán momentos de estar solo con cada uno de nosotros, y es algo que personalmente tengo muchas ganas y necesidad.

Me pregunto como va a ir todo, pero no tengo ni expectativas ni preocupaciones, me dejo llevar por mi “let it flow”, y hasta ahora me está funcionando tremendamente bien.

 

 

Maupiti a Apia (Samoa)
1.260 millas de distancia
11 días de travesía

Ni rastro humano de cualquier tipo (velero, mercante, avión, naufrago…), salvo nuestro estrecho círculo de 8 personas en menos de 60 m2 (15 m eslora x 4 de manga).

Infinito Azul que nos rodea: a nuestro alrededor en 360 grados de horizonte ininterrumpido; desde abajo los más de 5.000 m de profundidad y en lo alto, el cielo.

Azules en el mayor despliegue de su gama, salpicado de pocas variaciones cromáticas: los blancos y grises de las nubes, que hacen plateados los reflejos Del Mar; los cálidos anaranjados, rojizos o rosas de las apariciones y ocultaciones del Rey sol; esporádicamente algún arcoíris nos ha regalado unos minutos multicolor, hasta desaparecer discretamente; el negro absoluto de la noche, con los amarillos y rojizos puntos estelares y planetarios.

No hay más colores naturales, el resto lo ponemos este grupo humano con nuestros equipos, ropas, y enseres, y es una mota insignificante en esta inmensidad.

Los días pasan tranquilos. Hemos tenido poco viento, siempre portantes, pero suficiente para poder movernos a una media de 100-120 millas por día. Tormentas de formación tan rápida como su desaparición salpicando cada jornada a cualquier hora, aumentando velocidad y obligándonos a arranchar, despejar y ponernos finos al timón ante las rachas. Además, cuando fuerza no era demasiada, cosa que realmente no ha ocurrido en mi fin momento, estas tormentas nos han dejado el momento refrescante con la tan agradecida agua dulce con la que limpiar un poco la capa de sal que va impregnando nuestra piel. Algunos días soplaba algo mas; otros, por suerte los menos, rayando la calma total y obligándonos a usar motor para seguir avanzando, a cambio de la molestia del ruido, tan poco agradable cuando te acostumbras al dulce siseo del casco sobre las olas y el viento sobre las velas.

La vida a bordo es tranquila, sin gran actividad aparte de la puramente náutica y los turnos de trabajo. Navegación, mantenimiento, cocina y limpieza. Además, las guardias nocturnas, para cubrir la noche en 4 tramos de 2,30 horas.

Siestas, charlas, alguna partida de cartas, risas..

Personalmente me he deleitado en la lectura, he devorado varios libros con auténtico placer. También le he dado algo a escribir, a boli, en un cuaderno, como más me apetecía hacer, pese a las dificultades de hacerlo en continuo movimiento. Y sobre todo, un auténtico ejercicio y resultado de vaciado de la mente, algo realmente maravilloso y difícil en mi cabeza. Como si todo, absolutamente todo lo de “allá”, fuera tan lejano como los km que hay por medio, más una ensoñación, idea lejana o pensamiento que la realidad que es.

Todos mis sentidos se han enfocado, sin forzar, de forma natural, en tan solo sentir estar en el aquí y ahora. Una sensación realmente agradable, necesaria y única.

Ha sido difícil para algunos, deseando llegar y teniendo suficiente de “travesías a velero” para el resto de su vida. Aunque para nada con mal rollo ni a disgusto, lo que es muy loable.

Y es que… Es normal. Esto no es para todo el mundo; de hecho diría que es para un pequeño porcentaje. No se trata de habilidades o capacidades personales, simplemente diferentes formas de ver y entender las cosas.

Un lugar tan pequeño del que no poder bajarse, sin tocar tierra, con recursos limitados: la comida fresca se estropea, acabas harto de las pocas opciones de lo conservable; se va agotando los productos que más apetecibles o de capricho; los fumadores van muy justos de tabaco; nos duchamos, fregamos y limpiamos solo con agua de mar…

La intimidad no existe, en este barco en particular la distribución de camarotes es peculiar y es más tipo “comuna”, otro de los factores a tener en cuenta. Y las comodidades escasean, por no decir sin inexistentes. Bastante ha sido hacer funcionar lo más esencial para navegar con tranquilidad, ya sea a vela o a motor.

Sin embargo… yo estoy feliz, a gusto y contenta. Se me ha hecho corto, y me hubiera gustado aún más días de esta soledad existencial tan increíblemente enriquecedora. Mis ratos en la proa o en la popa leyendo o mirando el maravilloso mar, me los quedo para mi como auténticos regalos. He dormido como una reina, con una paz absoluta, ya fiera en mi litera o fuera con las estrellas guiando mis sueños. La comida no sería la que yo tomaría habitualmente, pero qué más da, lo justo y más que suficiente para alimentarse y estar bien. Moky y Mario nos han proporcionado pescado fresco al inicio y al medio (un marlin enorme y dos atunes, lo más fresco de mi vida… en dos horas del mar al plato!).

El aire, el sol, el salitre, la compañía, el grupo humano, tan dispar pero tan bien…

Nunca había estado tantos días desconectada del mundo en una travesía en velero, pero sabía que me Iva a gustar y no me equivoqué. Claro que he pasado mucho en circunstancias similares, pero los viajes de buceo son distintos, barcos más grandes, con tripulación, camarotes privados con su baño y agua dulce, comida servida, y las inmersiones que te llenan el día a día sin darte cuenta ni tener fuerzas de más.

Mi conclusión es que quiero más de esto. Podría perfectamente llevar esta vida… aunque haya llegado muy tarde para descubrirla y hacerla mía… ¿quien sabe? De momento me quedo con tantísimo bueno que me ha aportado y buscaré más embarques de este tipo.

Ahora empieza otra fase del viaje, navegaciones de máximo 2 días para llegar a otros lugares, y mientras, descubrir islas, lugares, gentes, dejarme llevar y seguir con mi let it flow.

Samoa últimos días

El silencio y la distancia en ocasiones, son los más grandes gestos de amor y respeto hacia los que quieres en lo más profundo.

 

 

Maupiti (Polinesia)

MAUPITI

Maupiti, la última isla de Polinesia hacia el Oeste. 

Y… ¿¿Que sería de una isla remota sin cobertura?? 

 La globalizacion llega hasta el lugar más escondido, está claro, por sencilla y aislada del mundo que sea. 

Llegar hasta Maupiti ha sido la mayor aventura y bastante estresante…

La entrada a la isla es la más difícil de toda la Polinesia y ya varios me habían advertido… ¡y tal cual es!

Un canal realmente estrecho, muy sinuoso, entrando teníamos las olas grandes batiendo por la popa el viento que venía con ganas, y una corriente fuerte que te puede hacer una mala jugarreta si no cuentas con su deriva. Una vez pasadas la rompientes, ya en el canal, arrecifes a babor y estribor realmente cerca, visibilidad al fondo nula, (todo arena y removido) y todo todo plagado de cabezas de coral, con lo que hay que ir cantando cambios de rumbo constantes al patrón y ser muy fino al timón. 

Pero llegamos genial, fondeamos, y por no bajar el dingui que está desmontado para la travesía, fuimos nadando a la isla a caminar. 

Una sola calle, casas espolvoreadas, gente súper amable, todos saludando “¡Ia Orana!” y animándonos a participar en los bailes (como quien va a Pilates, pues aquí, bailan), los niños se nos acercaban y todos sonreían. 

Aquí no hay nada de turismo, ni un hotel, un par de “pensiones” que deben ser bien, bien sencillas, (por no decir cutres, la pinta que se ve), y ahora no hemos visto a nadie. 

Somos el único barco, aparte de los locales, por supuesto. … sensación de auténtico total. 

Cenamos en un sitio que preparaban platos para llevar, pero nos ofrecieron comer en su casa, en la terraza (bueno, aquí todo es abierto) y estuvimos de cine. El mejor carpaccio de atún que he tomado en mi vida, con una salsa que era absolutamente delicioso. Los niños, perros y gente de la casa a nuestro alrededor. Nos dejaron sus platos, vasos y cubiertos mientras ellos seguían su vida. Entrañable. 

Vistas espectaculares a la enorme laguna, y a la noche, volver al barco… nadando otra vez. 

Luna llena enorme, con lo que resultó delicioso. Como un sueño. 

Yo he dormido fuera hoy, y algo raro aquí, no ha caído ni una mi una gota de lluvia, por lo que como un tronco, ha sido de las mejores noches desde que he llegado. Temperatura perfecta, brisa, y en cuanto la luz ha empezado a romper, la vista de la móntaña que es espectacular. Imposible despertar mejor. 

En esta laguna vive todo el año un grupo de mantas y hay un punto de inmersión en la estación de limpieza, así que ahí hemos estado, poca visibilidad, pero ¡ahí estaban!

Tocaba hacer alguna revision a tope del palo antes de la travesía larga, así que he aprovechado para que me subieran a lo más alto del WIPI y disfrutar de una de las vistas más espectaculares que se puede tener, desde 18 m de altitud, con todo turquesa alrededor, y mis compañeros, pequeñitos como pulgas. Ha sido estupendo y desde esta perspectiva, he tenido la enorme suerte de ver pasar una manta por la laguna…

 

La isla más bonita para mi de todas las que he visto y en la que me quedaría una semana o más… y los demás, igual, nos ha cautivado.

Pero no podemos porque Raul y Moki tienen fecha de vuelta y si no, los vientos nos nos acompañan… así que zarpamos cuando cambie la marea y que sea saliente, y no marea en contra. Si no que nos ayude a salir, ya al alejarnos de tierra perderemos ya la conexión con el mundo. 

7-11 días de navegación tenemos por delante, un gran hermano particular  y  una experiencia vital que creo que va a ser importante. 

Estoy feliz, cumpliendo un sueño de mi vida.. y lo que me queda por vivir!! 

Gracias vida. 

Gracias a todos. 

 

 

PD. Sin tener ni idea, el último día que tuve Facebook fue en Maupiti, el 8 de febrero.

Y desde ahí, justo antes de salir para la travesía larga, compartí lo siguiente:

 

Cuando me dicen que estoy colgada , algo de razón tienen… 

Despedida de tierra por todo lo alto 

 Subida al mástil del WIPI para buscar las mantas desde la mejor perspectiva y enseñaros lo guapo que es el barco en el entorno mas flipante…. 

A todo esto, quede constancia que soy la abuelita del grupo; de esta, las “señoras mayores”, ganamos puntos sí o sí 

Hellen ”maricharcos” o “medusita” son mis últimos apodos

 

 

 

 

 

 

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