Polinesia. Un lugar del mundo. Y de mi corazón.

Hace unos meses me pidió Ingrid Riera, de la revista de buceo Buceadores, si podía escribir un artículo para este destino increíble que pensaba publicar en su número de primavera del 26.

Por supuesto que acepté.

Puedo hablar sin cansarme de Polinesia como un destino increíble al que viajar, como un lugar donde todos deberíamos dejarnos llevar alguna vez en la vida.

Desde esa perspectiva, que ademas me mueve comercialmente ya que en mis empresas (ViajarSolo, Buceoyviajes y Luxotren) ofrezco este viajazo, podría pensarse que escribí el artículo de esta revista: VIAJE A POLINESIA, para buceadores y amantes del azul.

Pero es que para mí, hablar de la Polinesia no es sólo hacerlo como algo que me gusta y ademas dar a conocer un lugar fascinante, que ya sería suficiente. Sin embargo, escribir, pensar y recordar este lugar, es mucho, mucho más que hablar de «un viaje»

Estas islas salpicadas en medio del inacabable Océano Pacífico tienen un significado tremendo a nivel emocional en la vida e historia de Hellen, aunque es algo que pertenece más a lo privado y a lo que muy poquitas personas conocen. Y sacar ahora el tema, era como rescatar un poco algunas vivencias tremendamente importantes que el paso de estos últimos años, tan agitados, han dejado algo escondidas.

Así que iré poniendo poco a poco enlaces y escritos sobre este lugar físico en el planeta tierra, para el que lo quiera descubrir como una propuesta de viaje, y como un lugar emocional en el planeta Hellen, para el que quiera atreverse a viajar por él, y quién sabe, si no sentir una llamada personal.

 

La Polinesia y yo

La primera vez que fui a este país fue en un viaje fascinante de buceo, hace muchos años, en octubre de 2014, descubriendo la magia que tienen sobre el agua y desde luego bajo su superficie.

Pero cuando para mí fue mucho más que un viaje, fue cuando aterricé en 2023 para vivir una de mis experiencias más deseadas y que con creces superó lo que nunca pude imaginar. Se convirtió en un momento de transformación y catarsis personal, y viví emociones y sensaciones que difícilmente podré volver a repetir.

La Polinesia era el punto de origen de partida de una travesía en velero por el Pacífico cuyo objetivo final de ese tramo era llevar el WIPI (un precioso velero Amel 52 Supermaramu) desde Tahití, donde llevaba amarrado desde antes de la pandemia, hasta Fiji, disfrutando y aprovechando al máximo todo el recorrido intermedio con las delicias de esa travesía para los amantes de la navegación, el buceo y la aventura.

La ruta inicial era en línea recta, Polinesia – Islas Cook – Tonga – Fiji.

Pero la época en la que navegábamos (enero a marzo) es la misma en la que los ciclones acostumbran a dar vueltas (nunca mejor dicho), por esas latitudes, así que, ya que estar en el ojo de un ciclón en un velero no es lo que nadie desee, nuestra misión era ir esquivando los que venían en nuestra ruta planeada y nos hacían cambiar rumbo, mucho más al norte, para lidiar sólo con los efectos de sus colas. Lo increible de eso es que nos  llevaron a lugares impensables y tan poco conocidos como Samoa (las auténticas, no la americana) y Futuna (si jamás habéis oído de estas islas país/priorato, tranquilo, a mi me pasó igual hasta que puse el pie en ellas), amén de muchas otras islas totalmente desiertas y hasta quizá desconocidas por el camino… Donde con mucho gusto me habría quedado yo, dicho sea de paso ;)).

¡Eh, que no quiero desviarme!
El título de este post es Polinesia, y de lo otro ya hay algún otro escrito de lo poco que relaté en digital durante la travesía y que iré rescatando y poniendo en enlaces para quien tenga curiosidad, o para mí misma.

Sobre la Polinesia en sí, me gusta escribir porque por avatares de la vida, por mi situación personal de ese momento, por que las cosas son como tienen que ser, porque el barco llevaba años parado y los arreglos, mantenimientos y espera de llegada de piezas hicieron que la partida del archipiélago se demoró bastante… y todo eso y mucho más me llevó a vivir esas islas de una forma e intensidad que se me quedaron en el corazón.

Así que, retomando el principio, cuando me pidieron escribir sobre la Polinesia, recordar, revivir y dar la importancia que da el paso de tiempo a las vivencias tan fuertes, lo primero que pensé es que me iba a costar escribir algo «aséptico» sobre algo tan «personal».

Pero no fue así, centrarme en sacar la esencia de un lugar, sin personalizar, pero sin banalizar, despertando -espero- la curiosidad y el deseo de que cada cual viva su propia «Polinesia», es lo que salió de mis dedos y de mi corazón.

Os dejo el artículo completo, sin los recortes necesarios para el espacio reservado de una revista digital, donde prima la imagen y el texto no es lo primordial:

👉 VIAJAR A POLINESIA para buceadores y amantes del Azul. (En espera de que se publique la revista)

 

Y para el que tenga más curiosidad sobre «ese otro Polinesia» que viví y experimente, aquí va parte de ello, algo deslabazado, porque… hubo aventuras e incidentes que formaron parte de la vivencia tan profunda.

 

RELATOS DURANTE LA TRAVESIA
Fueron pocos, escribía todo en papel, en una libreta. Esto es lo que publique en Facebook, justo antes que me hackearan la cuenta (otro movidón…).
Con tiempo y ganas iré recuperando poco a poco cositas y colgándolas aquí, que es donde debe estar todo
(Nota importante: No dependas de nada que no dependa de ti)

 

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