200. Profundo, vital, humano
Había quedado a tomar algo aquí en Dahab con un amigo (otro día os hablaré de este sitio tan mágico) y media hora antes me avisa que no puede salir, que vaya a su casa si quiero y charlamos en la terraza. Tiene a su suegra muy enferma en casa (ya me lo había dicho) y ahora no quedaba nadie para relevarle.
Así que en vez de estar con él ahora, estoy con vosotros compartiendo lo que me ha generado el tema.
Es alemana, como su mujer (él Egipcio), y hace dos meses se fueron a Alemania a traerla aquí porque ella, sabiendo que estaba muy mal ya les pidió estar sus últimos días juntos y no en la frialdad de un hospital.
Fijaos en el detalle, una mujer alemana que elige venirse a un sitio casi infradesarrollado (tendríais que ver las calles, de arena, las cabras por el medio, la gente y la vida más allá de la calle principal, que es donde viven ellos) a morir, y no en su casa en un país como Alemania, ni en una habitación perfectamente atendida por enfermeras y médicos.
Me ha pasado un video desde donde estaba, con una cama normal con una personita, muy consumida la pobreta, en cuenta atrás; con oxígeno, rodeada de cajas de medicinas y esa mirada y livianez de cuerpo de cuando se está entre un mundo y el otro.
Amro fue mi instructor de apnea aquí en Dahab, con quien en un momento tremendamente difícil de mi vida, a los pocos días de «irme a por tabaco» en lo que sería el inicio de una separación y divorcio que ni me imaginaba a lo que iba a llegar, me enseñó a comprender mi respiración, a descender a lo profundo en el mar, pero desde lo profundo del ser, a llegar a 21 metros y no enfadarme por la frustración de no poder superarlos, no por falta de capacidad, que hubiera podido, si no, por imposibilidad de compensar, entender y aceptar algo que tiene que ver más con bloqueos mentales que físicos.
Lo que compartimos esos días de entrenamiento lo convirtió en una de esas personas importantes de una vida, a las que ves poco pero intentas coincidir porque más allá de su paz manteniendo la respiración de forma asombrosa bajo el agua, es de estos seres de luz que llegan a iluminar tus zonas de oscuridad.
Fue una persona especial por lo que me transmitió en esa fusión nueva y diferente que descubrí con el Azul en la apnea, en esos momentos de absoluta conexión con el océano en los que nada más que un muy fino hilo te separa de la vida, de la muerte, de los retos personales, con lo mínimo humano y la máxima humildad y respeto…
Alguien que ahora está acompañando a su suegra en el paso más difícil por el que todos pasaremos, de una forma tan humana, tan cercana, tan generosa, tan especial, que por eso mismo he sentido un agradecimiento enorme por haberle conocido ese septiembre de 2020.
Porque es bonito como historias, conexiones y experiencias que aparentemente no tienen nada que ver, en algún momento de la vida confluyen para darle un sentido, significativo y profundo como esa profundidad del mar a la que llegué gracias a él.
Cuando sea que el alma de su suegra se desprenda de este cuerpo ya apagado, tengo claro que va a continuar abrazando a Emro con ese amor y cariño de quien sabe que ha recibido lo mejor de un ser humano.
PD 1. Tengo que hablaros de Dahab, de los cambios y la esencia de este lugar que conocí cuando no era nada más que cuatro casas cutres, y la energía que conserva. Otro día.
PD 2. Y de la jubilación del mail de ayer… ¡Vaya, vaya, cuantísimas diferencias de interpretación me estáis compartiendo, tan válidas e importantes para cada uno! ¡¡¡Me encanta leeros!!!