201. ¡Qué responsabilidad! Me he puesto nerviosa…
Joder (perdón), ¡qué susto!
Voy a dar a enviar lo que escribí ayer, y… uuuppssss… no entiendo nada. ¿Que ha pasado aquí?
De repente el número de personas que van a recibir mi mail se ha disparado casi en un 25% y lo primero que he pensado es ¿qué he roto?
Bueno, pues antes de nada, una bienvenida especial a los recién aterrizador, de corazón y nada, no os amontonéis al llegar que hay para todos (¡espero!).
Entonces he localizado que Iñaki Arkocha me ha mencionado en su newsletter, y de ahí habéis llegado muchos.
Os hablé de él yo hace un par de días (es que el debate de la jubilación acerté que era candente) y soy consciente que a muchos os ha interesado, o al menos generado curiosidad, de lo cual me alegro enormemente.
Parezco tonta, lo acepto, -a ratos lo soy, bien orgullosa estoy de ser rubia ;)-, pero es que en esto soy nueva y me ha sorprendido, realmente, y por eso le dedico estas líneas.
Y, como suele ocurrirme, me lleva a pensar en algo que va más allá del hecho.
Compruebo de forma directa y clara lo tremendamente importantes que son las relaciones personales, «de persona de verdad a persona de verdad» en cualquiera de sus formatos, y lo que cambia una percepción cuando la recibes de no-se-sabe-quien de forma fría, o con tufillo publicitario, a cuando es personal.
Llévalo al ámbito que quieras y tendrás el bingo de cualquiera de las situaciones de la vida, desde lo más banal a lo más relevante.
Las personas y nuestras opiniones, aunque sean como el culo y el de cada cual es el mejor, tienen un poso.
Un poso, un peso y un paso que no se puede lograr de forma artificial.
Claro, que pueden gustar o no, que lo valides o lo confrontes, que digas sí o mehhh… lo que sea.
Pero genera un movimiento, una respuesta, una acción.
Porque las personas necesitamos de las personas.
Porque lo humano siempre va a tener ese componente que le va a faltar a las máquinas por inteligentes que sean… porque siempre serán artificiales.
Nosotros podemos actuar artificialmente, cierto. Pero ya sabéis el refrán, y al final, todo cae de su peso.
De su peso, de su poso y de su paso.
Uno lanza y la otra parte recibe, contrasta y decide.
¡Me encanta!
Seguramente muchos que entrasteis, saldréis, porque no os aporto, no os intereso o hasta os caiga mal (en persona mejoro, ¿eh? O no, ¿quien sabe… todo depende y según…), pero eso no es lo importante.
Lo importante es cómo nos movemos por recomendaciones, por consejos, por lo que escuchamos, leemos y captamos de otros humanitos como nosotros.
Por mi parte es un compromiso, un sustito y un agradecimiento.
No voy a hacer nada que no hiciera estéis al otro lado 2 o 2 millones, pero no ignoro que esto añade un extra de responsabilidad.
Así somos.
Fíjate qué importante.
Dale la vuelta.
No es sólo lo que recibes… piensa qué es lo que emites, y cómo lo haces.
Porque todos, todos sin excepción, tenemos una influencia en nuestro radio de acción.
UAU…
No sé a ti, pero a mi este pensamiento me resulta muy potente.
Gracias por entrar.
Pasa, tómate lo que te apetezca, que corre de mi cuenta. Y si no te dice nada, aunque mi ego sentirá la punzadita, la puerta está bien señalada. Ni un mal gesto ni una mala cara.
Gracias.
Y, repito, que tiendo a ser cansina, al loro con lo que transmitimos, que puede ser relevante.
(Si es indiferente no pasa nada, no hay efecto)
PD. Sigue pendiente Dahab, la invitación a la Fiesta del Cordero, las aportaciones sobre la jubilación y tanto más. Se me acumula el trabajo. Voy a tener que llevarme el portátil a bucear, que no me da la vida 😉
PD2. No sería la primera vez… En Polinesia encontré la horma de mi zapato 🤭

Si, ya se que es una chorrada, pero me ha venido al pelo 😉
PD3. ¡¡Y encima esta es mi newsletter número 200!! Si es queeeeeeee