¡¡¡Las Chiruca!!!!
¿¿Quien de mi quinta no las ha llevado o no las conoce?? Apuesto que los que sois de antes del 80 habéis calzado al menos un par de ellas en vuestra vida. Hablo de las antiguas, de las de antes, no las nuevas, que siguen existiendo, si no «las auténticas»

Esas botas recias de gruesa tela, suela de goma, entre aterciopeladas y ásperas que tantas aventuras han pisado.
Eran marrones, de un marrón raro, tipo tierra, y en los últimos años de las originales, sacaron un modelo en azul, que era lo más, y las que a mí más me gustaban.
Pues os voy a contar una historia que no sabéis y diría que os va a despertar una sonrisa….
Seguramente las que calzasteis en vuestros tiempos pasaron por mi casa, y probablemente hasta por mis manos, o las de mis queridos vecinos Iñigo y Covi, ya que mi padre era el representante de estas botas, y fue el mayor distribuidor de Chiruca de España (bueno, no se si se vendían fuera, ahora que lo pienso).
Desde el almacén de la calle Encinas 17 en Madrid donde vivíamos, el mismo lugar donde mi padre tenía su trabajo, llegaban hasta todas las tiendas de deporte de la provincia y más, y de ahí, porque entonces solo se compraba en tiendas físicas, llegaba a las casas de todos.
Para nosotros, niños, era una fiesta cuando venía el camión de las Chiruca cargado de cajas enormes en cuyo interior estaban no se cuántas cajas de pares de distintas talla. Las enormes cajas se amontonaban en el garaje de mi casa, esperando abrirse y colocarse dentro en el almacén.
Ese día, o por la tarde o a lo más tardar el fin de semana, los críos vecinos nos juntábamos y ayudábamos a mi padre a sacarlas y colocarlas por número en los estantes. Iba a cambio de una propina para chuches, pero lo más divertido era lo que venía después. Las cajas gigantes vacías quedaban a nuestra disposición y era el momento fabuloso de recrear la creatividad…
Hacíamos casas, túneles, escondites y lo que se nos ocurriera… ¡era el momentazo de todos los críos de la calle!
¡¡Qué recuerdos más bonitos tengo de pensar en esto!!
El origen y fabricación era en Barcelona, pero el mayor vendedor, un montañero catalán afincado en la capital.
El dueño, Joan Fontfreda (padre o abuelo de
Victor Fontfreda Puig, navegante) era un gran amigo de mis padres, una relación de mucho cariño, a quien recuerdo como un “
señor mayor” entrañable que muchas veces venía a casa o íbamos a ver en Barcelona.
Era muy cariñoso y tenía mucho cariño a mi familia.
Supongo que por eso, o vaya usted a saber el origen de esto, los pies de mi madre, fueron durante muchos años la imagen de la marca de los anuncios de periódicos y revistas de la época… Me encantaría recuperar alguna de esas imágenes, no sé en qué archivo antiguo podrían estar.
– “Tienes unos pies preciosos, Sita”
Siempre contaba mi padre que esto lo decía Joan de mi madre, de sus pies, realmente, y de ahí que fuera la elegida como “modelo” para sus anuncios… Aunque, claro, calzada con las Chiruca, es evidente que se veían poco sus pies. Quiero recordar que sí había un anuncio en que aparecía descalza con las botas al lado.
En fin… que las Chirucas van muy, muy unidas a mi vida, a mi familia, a mi infancia, a mis recuerdos…
¡¡La de pares que he llevado en mis pies y tocado con mis manos!!
Que sonrisa mas agradable me ha despertado esta foto que ha aparecido en Fb, de unas botas que, ¿quien sabe? casi seguro pasaron
por mi casa,
por mis manos,
por mi vida.