Tiburon Guitarra cazando Raya Torpedo
¿Instrumento musical o depredador de mala fama con aires de flamenco?
Con este nombre, la verdad que lo tiene todo…
Tiburón guitarra moteado (o Bowmouth Guitarfish)
Este es el individuo en cuestión:

Sí, es un tiburón.
Os sorprende, ¿verdad?
No es la imagen que se tiene de un «tiburón»… Pero lo es.
(Como nosotros, que a veces parecemos lo que no somos, o nos ven de una forma muy distinta a la realidad.)
Realmente está más cerca de la familia de las Rayas… bueno, digamos que entre pinto y valdemoro.
Tiene cabeza de raya, cola de tiburón y cuerpo una mezcla de los dos.
Y encima con el moteado tan especial que le da un punto de lo más curioso.
Es una especie vulnerable que se ha reducido muchísimo (¿por qué será?? ¡ay hymanos….) tímido y esquivo que se deja ver poco.
Pues este animalito, de unos casi 2 m, ha sido la aparición estelar de hoy, la primera inmersión de este nuevo safari en el Mar Rojo, en Ras Caty, en el check dive, vamos… algo absolutamente atípico.
El animal y el lugar.
Pero es que además, pasaba ampliamente de nosotros, debía ser su hora del su desayuno y venir con hambre el chaval (o chavala, no he podido verle los bajos para diferenciar), así que, ignorándonos totalmente, nos ha dado un espectáculo.
Son animales muy planos por abajo porque van rastreando literalmente el fondo.
Y así iba, como un sabueso, hasta que se ha emocionado porque sabia que había «chicha» bajo la arena… de pronto se ha acelerado alrededor de una zona, de donde ha salido disparado algo volando, parecía un lenguado, con una pirueta cirquense, buen salto desde su escondite bajo la arena, sobrevolando el tiburón en una curva increíble, para volver a caer y tratar de librarse.
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Ha sido un salto mortal con todas las de la ley… porque de poco le ha servido.
El guitarra no estaba para aplaudir el espectáculo, así que se ha dado la vuelta super rápido y se lo ha zampado sin remordimientos.
Una vez entre sus fauces es cuando ha comenzado otra estampa que aún podía sorprendernos más…
Ha comenzado a dar vueltas girando sobre sí como un loco, con movimientos bastante hieráticos, con temblores y espasmos.
Mientras lo veía, pensaba que se estaría pinchando por dentro con las espinas externas de la presa, pero no… hasta la noche no he descubierto el motivo.
Con tanto meneo algo descontrolado y yo que estaba muy cerca, se me ha venido casi encima de tal forma que me he tenido que apartar en una pirueta casi como la del infeliz que ha acabado en su estómago. Ya os digo que le estábamos importando una mierda los bichos raros de negro con burbujas alrededor.
Han sido unos segundos, no llegaría a minutos, se ha calmado y ha seguido el rastreo por el arrecife, que eso era solo el aperitivo y queda mucho estómago para rellenar.
Y nosotros con los ojos brillantes de la emoción.
Cuando te encuentras con situaciones así, la verdad es que recuerdas por qué nos gusta tanto esto del buceo.
Cualquier momento puede convertirse en un auténtico espectáculo de la naturaleza, nada hay totalmente escrito, y estar abiertos a la sorpresa, hasta en lugares donde aparentemente nunca pasa nada es la actitud que despierta todo tipo de emociones.
Pero, ay amigo, ¡aún quedaban más sorpresas!
Viendo los videos por la noche y comentando en el grupo hemos visto algo más del puro momento «Nat Geo»…
Y es que aunque lo parecía, al reproducir en cámara lenta se veía bien el acróbata de la arena, y NO era un lenguado como parecía…
¡¡Era una pequeña raya torpedo!!
Posiblemente un juvenil, por el tamaño, como mi mano, no mucho más grande…
Y resulta que estos animalitos provocan descargas eléctricas precisamente para defenderse.
De nada le ha servido, ni sus acrobacias ni el chorro eléctrico han evitado que terminara de menú de nuestro invitado estrella. Pero su efecto sí ha tenido.
El ratito de tembleque por calambres de nuestro tiburón guitarra moteado, no se lo quita nadie…
¡El torpedo le ha puesto las pilas pero bien! 🤣
La verdad, ha sido un espectáculo.
Llevo más de 20 años viniendo a bucear al Mar rojo, desde el 2004, varias veces al año, temporadas largas incluso…
Pues nunca había visto este tiburón en estas aguas.
Y encima en la primera inmersión, que siempre se hace en un sitio tranquilo muy cerca del puerto, por si a alguien le falta algo estar a mano para buscarlo antes de seguir la ruta, estos lugares donde nunca te esperas que pase nada.
Pero pasa.
Y aparece este señorito, bien activo y con traca final para demostrarnos que bajo el agua y en plena naturaleza nada hay escrito y todo puede ocurrir.
Vamos, que la historia no va del tiburón ni de su comida, que ya es suficiente en sí…
Va de lo bonito y gratificante que es saber que todavía, SIEMPRE, quedan cosas por descubrir.
Que no podemos dar todo por sentado ni mucho menos creeros que lo hemos visto todos y que nada nos va a sorprender ya.
Y no, no hablo sólo en el fondo del mar.
Hablo de la vida.
Que hay que ver, escuchar, atender y aprender, siempre aprender.
He editado un video así chapucerillo con algunas tomas de las muchas que tengo del día, porque como digo, se ha dejado querer… asi que os lo comparto…,
¡Dentro vídeo!