Zaragoza otra etapa

Soltar definitivamente amarras del puerto al que estaba anclada.
Salir a otros mares, disfrutar navegaciones increíbles, compañeros nuevos y antiguos, conocer otros lugares, otros puertos, otras aguas…
Enfrentarme a tormentas y cambios de tiempo; empaparme con desagradables e inesperados rociones que te calan hasta dentro y te dejan tiritando, calentarme y broncearme con el sol, pelear con corrientes en contra que parecen no querer que llegue donde quiero, reconducir, trimar velas, ajustar cabos, seguir ruta, cambiar rumbos, reparar rotos, enmendar errores, llegar, partir, comenzar, descansar, agotarme, relajarme; sorprenderme, asustarme, reír, llorar, aprender, motivarme….
Y curiosamente, después de tres años, ¡volver a estar amarrada al puerto del que había salido!
No hablo de ninguna navegación «real» de mar, si no de la de la vida… porque al escuchar ese «¿no habías dicho que cortabas las amarras con este lugar?», me quedé pensando en lo que la metáfora del mar y los barcos tiene para ilustrar tan bien en mi vida…
De cuando y cómo sentí el momento de cortar con este sitio donde veía que ya no me vinculaba nada, o no tenía ganas de pensar en lo que un día me anclaba aquí… Y cómo tras un tiempo navegando, no por mares, si no por mi propia vida, lo que sea y como se llame, me ha traído de nuevo aquí, a esta ciudad sin mar, sin atraques, sin puerto: Zaragoza.
Y sin darme cuenta, establecidos firmes vínculos, retomando y renovando los que había que eran válidos… o para seguir la metáfora, fijar amarras, para sentirme segura, «en casa»….
No, claro, Zaragoza no será nunca mi puerto base, porque sin el mar de verdad yo ya no puedo -ni quiero- vivir (y ahora ya no hablo metafóricamente), pero está claro que ha vuelto a ser un punto clave donde me siento muy bien, cómoda, querida y relajada.
Y esto es muy, muy agradable.
Gracias a todas esas personas que forman parte de mi camino vital que me hacen sentir así de bien donde quiera que esté, y en este caso en esta ciudad en la que tanto, tanto, he vivido, y que vuelve a ser parte importante de mi vida. Es mi tercera «etapa» en la capital maña (la universitaria, de los 32 a los 50, y de ahora hasta que toque) así que algo tendrá que ver conmigo.
Me siento realmente afortunada.
No se me ocurre mejor frase para ilustrarlo que la de #hazloquequieras del Musical #LaHistoriaInterminable (que por cierto recomiendo encarecidamente ir a ver porque es sencillamente brillante, y el enclave del Teatro Principal de Zaragoza una maravilla!)

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