El coche como lugar de reflexión
Momento reflexivo – filosófico ON
Anoche, volviendo por el Monrepós (el puerto que lleva del Pirineo a Zaragoza, para los que no lo conocen), con música clásica de fondo y sin hablar, pensaba en la infinidad de veces que he rodado esa carretera desde que a mis 18 años mis padres decidieron mudarse de Madrid a Jaca.
Y ayer me daba cuenta que cada vez que subía o bajaba ese puerto, sin saberlo o sabiéndolo, mi vida era distinta, o estaba cambiando, o a punto de hacerlo.
Desde que empecé la facultad allá por 1986 (ufff), los tiempos jóvenes y alocados de universidad con tantísimas vivencias concentradas hasta que mis padres se trasladaron a Zaragoza hace menos de 10 años, esos kilómetros han sido testigos de una Hellen en continuo cambio y variaciones de estado de lo más variado y variopinto.
Estados personales, profesionales, sentimentales, civiles, emocionales, formales, informales… estados diversos y hasta opuestos…
Y en todos, durante más de 20 años, esa carretera ha sido como un testigo mudo y paciente confidente.