Archivonoviembre 2025

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26. MODO AVION
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24. Recomprar lo propio. Los libros de mi padre.
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23. Leer
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22. Dust in the wind
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21. Chimenea 0. Hellen 1
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20. Contrastes
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19. Enjoy your problem

26. MODO AVION

Volar en sí me gusta, me relaja, me lleva a mil sitios internos.

Me apasiona mirar por la ventanilla del avión, comenzar en un lugar, y poner los pies en otro tan distinto…

Os confieso que, fiel al nombre de mi empresa, prefiero y me gusta de manera especial «viajar sola«, refiriéndome a los aviones, a lo que es el vuelo en sí.

No tengo muchas ganas de hablar durante un vuelo.
Con lo fácil que soy de conocer gente en cualquier entorno y entablar conversaciones con cualquiera, en los aviones me vuelvo ermitaña, no me suelo relacionar, soy de las que me pongo los cascos ya en la puerta de embarque y entro en mi «ensimismamiento personal y aislamiento del mundo«.

Es como mi momento especial para pensar, meterme para dentro, mirar las nubes o la nada de ese gris que a menudo nos rodea y dejar que la mente fluya a su son.

Me surgen cosas que fuera parecen no estar, y necesito y me hace mucho bien darles protagonismo.

Me conecto con una parte muy interior mía y es un espacio que me transporta, no solo millas de distancia, si no a mi yo más verdadero.

Me hace pensar lo «nada» que somos y el «todo» que hacemos.

Me siento pequeña y grande a la vez.

Miro a tanta gente en un mismo espacio, y me pregunto por sus vidas, tan distintas, tan extrañas.

Los seres humanos somos un enorme misterio.

Puedes cruzar sonrisas, miradas, codazos…

Algunos te atraen, otros te repelen, la mayoría somos neutros. Quizá a tres filas esté la persona que podría cambiar tu vida, en el amor, en los negocios, en lo que sea… y sin embargo… nada. Cada cual en su espacio tan reducido.

No dejo de sorprenderme y admirar cómo este bicharraco enorme vuela, se mantiene en su lugar, mantiene la velocidad.

De nuevo… los seres humanos somos un misterio, capaces de lo mejor y de lo peor.

Me gusta pensar. Dejar la mente que fluya, que vaya a su aire, sin complicaciones ni interrupciones.

Y es el lugar perfecto para mí.

Bueno, he de decir, que la verdad «era», porque cada vez es más fácil tener internet durante el vuelo y ya se jode la magia, sigues enganchada a los wasaps, los mails, a mirar tonterías… Por eso soy de las que me gusta poner el modo avión y no quitarlo hasta entrar en la terminal.

Eso de estar 8 o más horas sin conexión me parece un auténtico regalo para el alma.

Estoy convencida que necesitamos muchos más espacios así, donde nos centremos en todo lo que somos y llevamos dentro; sé que un avión es un lugar extraño, incomodo, inhóspito, pero curiosamente es mi lugar de meditación más elevado 😉, sin duda alguna.

Espero y deseo que tengáis también vuestro punto de poner la cabeza en descanso y dejar salir vuestro verdadero yo

MODO AVION OFF

24. Recomprar lo propio. Los libros de mi padre.

Para quien no lo sepa, mi padre, Agustín Faus Costa, fue un personaje famoso y muy querido en el mundo de la montaña.

Montañero de referencia en el ámbito del alpinismo en España, muy conocido y apreciado y prácticamente el primer escritor de montaña de nuestro país, con nada menos que 40 obras en su haber, entre libros propios, (la mayoría) pero también traducciones y revisiones de joyas de esta temática.

Por si eso fuera poco, en el Diario AS (sí, el de deportes) fue el primero en escribir de forma regular sobre montaña, un artículo semanal, y alguno extra cuando había expediciones o eventos de relevancia desde antes de nacer yo. Comenzó en el Diario Madrid, hasta que lo cerraron, y luego continuó toda su vida en el AS.

De esto tengo un recuerdo muy bonito de niña, porque me encantaba acompañarle a «la redacción» del AS, al lado de Príncipe Pío.

Tenía la costumbre de dejar la furgoneta ahí donde encontrara sitio, generalmente lejiiiisimos, (sin probar primero si había algo más cerca, como hacemos la mayoría de los mortales), y andar y andar y andar hasta llegar al lugar. Así que de su mano, tocaba ir contándole cosas del cole, mientras bajábamos (o subíamos) la cuesta de San Vicente, hasta llegar y subir las escaleras que daban a las oficinas.

Cada semana, sin falta, pasaba a entregar sus hojas de papel llenas de palabras con ese amor tremendo a la montaña, que los días atrás había ido desgranando con el tac tac tac de las teclas de su Olivetti.

Era los jueves a última hora, a partir de las 20,30 y siempre se alargaba hablando con unos y otros; llegábamos tarde a casa a cenar y mi madre siempre ponía morros porque me acostaría más tarde de mi hora (mi madre era todo lo contrario que él, tremendamente ordenada y fiel a los horarios), pero para mi era un día especial.

Sentía una atracción enorme por ese olor a imprenta, con esas pilas altísimas de periódicos color salmón de los de antes, la gente que me hacía monerías, y yo tan orgullosa de que mi papá fuera escritor y todo el mundo le valorase tanto.

Ocurre que cuando una persona se mueve tanto como yo, ha tenido tantas mudanzas, traslados y cambios, es inevitable ir perdiendo cosas por el camino. Y entre ellas, hacía tiempo que sabía que me faltaban unos cuantos de sus libros, ya desde que vivía en Zaragoza, y ya tocaba tener toda su bibliografía en mi haber.
Así que, tras semanas rastreando por tiendas de libros de segunda mano para recuperar estos tesoros, hoy me ha llegado el último paquete. ¡¡Al fin!!

Lo bueno, ya tengo toda la obra escrita de mi padre. Súper contenta.
Lo malo, no están firmados ni dedicados, como eran «los míos»

Comprar lo que era mío, parece que forma parte de mi karma. Pero bueno, la vida es desapego y desprendimiento, y la verdad que hasta esto le ha dado un toque de emoción extra y una lección más en mi historial.

Estoy super contenta y orgullosa, y hoy os animo a saber algo de este gran hombre de cumbres que pasó su vida entre subir a montañas y escribir sobre ellas.

 

Agustin Faus, conocerle un poquito más aquí

 

Conservo una de sus máquinas de escribir, con la que alguna de esas obras han pasado de sus dedos a una librería.

 

Qué bonito es, dejar un legado, algo que va a permanecer siempre, aunque el tiempo se empeñe en anularlos.

 

Nada de redes, donde los likes se esfuman, y todo queda en el olvido con una rapidez cruel. Escribir de forma que permanezca, escribir desde las entrañas, de lo que uno sabe y siente propio, que enseñe, comunique y/o aporte algo…

Quizá eso mismo sea lo que me inspire a mí a escribir, aunque no lo haga tan bien como él.

 

En fin, este es el resultado. Mirad que preciosidad… 💚 📚

 

Si es que para mi una biblioteca es algo que tiene una belleza extrema; Necesito vivir rodeada de libros, y no podían faltar sus libros en un lugar protagonista de mi casa: el armario de mi abuelo Ito… 🤎

 

Y sí, la balda de arriba es la «de montaña«, de mi padre…

… y la de abajo es «la del Mar»: la de mi madre.

 

Ella no dejó nada escrito en papel, pero sí bien grabado en mi alma, en este corazón de mar que late salitre por mis venas gracias a ella 💙

 

 

PD. Os invito a leer algo más del mítico Faus, me gustó mucho esta recopilación de un argentino que le conoció como recuerdo y homenaje al poco de fallecer en febrero del 2020: biografía con un repaso maravilloso de su vida y escritos,

 

PD. Si le conocisteis, si tenéis algún recuerdo, si queréis contarme algo sobre mi padre… estaré encantada 🙂

  • Bibliografía Agustin Faus
  • Bibliografia Agustin Faus

 

23. Leer

Hoy voy a ser tremendamente breve, especialmente dedicado a los que os parecen demasiado largos mis mails 😉 (o los ajenos)

Y es que, remito a esto que escribi por aquí hace ya un porrón de años.

Va de leer.

Te invito a hacerlo (leerlo, y sí, para tu tranquilidad, es corto tambien) y ya me diréis opiniones.

LEER

Sin postdata, para no alargarme 😉

22. Dust in the wind

Acaba de sonar en mi Alexa, así que aprovecho y dedico unos minutos a esta obra de arte. Es una (si no la primera) de mis canciones favoritas.

Me lleva acompañando toda la vida (bueno, desde 1977 que salió, no vamos a mentir) en mis diferentes fases vitales porque su mensaje es la mejor reflexión a tener muy en cuenta.

Repito, el mensaje hay que tenerlo MUY EN CUENTA, en cualquier momento en que nos encontremos.

La conoceréis sin duda y será top para muchos. Kansas hizo una obra de arte con esta letra y magistral música. Mi más profunda admiración.

DUST IN THE WIND, KANSAS

3 minutos 27 segundos de pura bendición para los oídos y los sentidos. 🙏

Simplemente escuchad, dejad que os cale hasta los huesos. Yo puedo reproducirla 20 veces en bucle sin cansarme y sin que deje de erizarme hasta el último folículo piloso de mi piel.

Os aporto mi traducción libre 

Leer más

21. Chimenea 0. Hellen 1

Desde que me vine a vivir al ladito del mar y dejé Zaragoza, no había lidiado con el fuego . Pero ya tocaba una pelea sana, y este finde pasado, con el refresco de las temperaturas, llegó el momento.

Oye, que no había «estrenado» nunca una chimenea, nueva de trinca, y no creáis, que tiene su emoción… ¿Y si salta en pedazos? ¿Y si está mal puesto el tubo? ¿Y si no tira? ¿Y si el cristal es defectuoso y se parte…?

Bueno, para ser sinceros, mi principal duda era ¿conseguiré que esto chute?

En el momento culmen de preparar todo con cariño, recibí una llamada de mi amiga Julita, y ale… dos orejas a la conversación y dos manos a la faena.

Piñas (ehhh, un cesto enorme que vino de Zaragoza, así que nada menos que 6 años llevaban ahí esperando su incandescente final…), algo de leña, pastillas de fuego y achiperres variados.

Mientras íbamos hablando, mis exclamaciones y exabruptos debían ir en crescendo, así que parte de la conversación derivó al rojo elemento. Consejos, comentarios, recuerdos de cuando una y otra teníamos chimenea, fuego y «hombres» que lo mantenían vivo (su marido en su caso, mi padre en el mío), y ella animándome con todas sus ganas para que no cejara en el intento, porque no iba la cosa muy fina.

Los troncos estaban muy húmedos, no tenía ni un papel en esta época tan digital, las pastillas de fuego muy pasadas, yo retomando una costumbre olvidada…

Estaba poniéndose complicadilla la cosa, y yo ya con ganas de tirar la toalla.

Cierra el tiro…

Haz «cabañita»..

Mete ramitas finas entre medias..

Remueve…

Hay brasa, soplo y sale la llama, pero se apaga… vuelta a repetir…

-Venga, Hellen, no digas que se te va a resistir una chimenea… – Me animaba Julita – Y cuando lo logres, escribes uno de tus mails dedicado a cómo venciste al fuego. 

Así que, como sois gente lista, y estáis leyendo esto, ya habéis deducido que lo logré.

Salió -¡¡y se mantuvo!! –  la llama generosa, la esperada, alta, con fuerza y energía; la que prende con ganas la madera, chisporrotea y hace saltar alegres las ascuas, como en un baile en el que cantan ¡¡Lo hemos conseguido!!

Todo el fin de semana «apetecía» chimenea, calor de hogar, y en un entorno totalmente diferente del que me recuerda el fuego por tradición familiar (montaña, nieve, frío seco…) aquí, en mi reducto al lado del mar, he conseguido reunir en mi casa lo que ha sido un reto en la reforma: mar y montaña juntos; azul y madera, olor a salitre y a resina.

Ha sido bonito

Percíbía el olor de familia, ese ambiente de tiempos felices, inocentes y despreocupados.

Veía a mi padre arrugando los periódicos (¡qué tiempos en que había tantísimos papel alrededor para quemar, lo que me está costando a mi ahora ir «recopilando» papeles varios!), azuzando las ascuas, soplando la base de los troncos para hacer crecer esa columna multicolor de rojos, amarillos naranjas y negros… Le encantaba «poner la chimenea» y se le daba francamente bien. Y es que esos vivacs en la montaña en los que dependía su calor de poder encender el fuego, definitivamente son una gran enseñanza.

Veía a mi madre, en su mecedora, –esa que se malvendió y jamás pude recuperar-, enfrente, mirando hipnotizada el fuego, con el libro en su regazo.

El perro alrededor,    cualquiera de los que fueron parte de nuestra familia… Odín, Tupi, Golfo, Kiva, Rita, Lasca, Koke…

Yo jugando, leyendo, enredando o discutiendo con Ana, totalmente ajenas a esos momentos tan especiales y entrañables que aprendemos a valorar cuando pasan los años, pasa la vida y sólo quedan en el recuerdo.

Y sonreía contenta, con esa sonrisa, algo tonta quizá, que sale de dentro, pero sienta muy bien,

Chimenea, 0

Hellen 1

 

PD1  Nada, no hay vendcedores ni perdedores. Victoria conjunta, desde ya, unidas y compenetradas. Todo lo que cuesta de inicio, crea fuertes raíces.

PD 2  Gracias Julia. Aquí está lo prometido

20. Contrastes

Y ya que ayer hablé de uno de mis egipcios favoritos, hoy voy con otro que no se le queda atrás, aunque esté más por «buena pieza»

Esto que os cuento sería a la par que lo del «disfruta tu problema», semana antes, semana después, da igual.

Mar Rojo, mi querido barco South Moon, en este caso me llevó a experimentar uno (más) de esos contrastes de realidades paralelas, que a la vez que dar que pensar, molan.

Acababa de terminar una clase online de la formación en IA que estoy haciendo (y sigo, sigo con ello!!). El portátil, una pantalla, varias pestañas abiertas, pruebas de cosas «rarísimas» y alucinantes que hacen múltiples IAs. Imposible recordar de qué iba esa clase pero seguro que algo denso, tecnológico, disruptivo, futurista, prometedor…

Cuando cerré el ordenador ya era de noche, por eso del cambio horario y que allí la vida se hace a otro ritmo.

Salí de mi camarote con la cabeza como un bombo llena de tecnología punta y ultimísimas tendencias.

Qué bueno tomar un poco de aire sano, en mitad del mar, sin ni siquiera una luz lejana cerca más allá de la del propio barco, ya que estábamos solos, fondeados en algún arrecife, en medio del Mar Rojo.

Y ahí, en la popa del barco, estaba Malak, el capitán, tumbado boca abajo en la plataforma del barco, casi medio cuerpo colgando y los brazos bien metidos en el agua.

Enseguida me di cuenta de lo que hacía y bajé a verle.

Estaba recogiendo el tercero de los calamares que había pescado, todo a mano, de ahí la postura, con una habilidad pasmosa. Tan contrario, tan opuesto todo a la «instrumentalización» de la que acaba de salir, que me despertó una sonrisa de esas de «me encantan los contrastes de la vida«.

Al notarme ahí, mirándole, se giró, me sonrió encantado de verme y me los mostró, bien orgulloso, con esas manos enormes, bien abiertas, mojadas y chorreando tinta bien negra.

Entonces se levantó de golpe, sin dejar de reírse, con cara de infant terrible para «perseguirme», mancharme y enredar un rato y jugar de esta forma tan divertida, infantil y sanota de un hombre adulto curtido en el mar, con alma de niño, travieso y juguetón como el primero.

Ahí, entre risas y carreras por el barco para no acabar tipo «Hellen en su tinta» tuve una de esas gozosas revelaciones que me hacen sentir bien.

No habrá inteligencia, por artificial que sea, que pueda reemplazar estos momentos tan humanos, tan naturales, tan lejos de toda «civilización, tan únicos de SER PERSONAS…

19. Enjoy your problem

Todo el tiempo que paso en los barcos con tripulación local, es para mí una fuente inagotable de reflexiones y pensamientos.

Ayman es uno de mis egipcios favoritos, (que no se entere el resto, que tendrán pelusilla). Es el hombre de la eterna sonrisa y el humor constante. Trabajador incansable, siempre dispuesto, atento y no le pillarás en un renuncio. Le adoro.

Si esto era posible, aún me ganó más el día que, en un rato de su descanso, sentado en el comedor mirando el móvil, le vi con una cara muy interesante.

 -¿Que haces, Ayman? ¿qué estás viendo?

             -Estoy estudiando
             -¿Estudiando? ¿Y qué estudias?
             -El curso pre-matrimonal
Bueno, todo esto en inglés/egipcio, imaginaros. El mozo se casa en enero, y por lo visto, les hacen pasar un curso previo. Ya me imaginaba por donde iban a ir los tiros, y le pregunté a ver con qué me «espantaba»

ZASCA

 -¿Y qué te dicen?

            –If you have a problem, ENJOY IT. Enjoy your problem. Then, you can fix it.

Traduzco y destaco por si no se entiende bien:

 SI TIENES UN PROBLEMA, DISFRÚTALO.
¡DISFRUTA TU PROBLEMA!
ASÍ TE LLEGARÁ LA FORMA DE RESOLVERLO

Hellen se queda con cara de pez.

DISFRUTA TU PROBLEMA

Tócate las narices

Ayman sonríe con esa sonrisa que te llega hasta el fondo del alma y sigue:

      -Es así, es mi forma de afrontar las cosas, desde que lo he aprendido me va mucho mejor, no hay otra, ¿verdad que es estupendo, Hellen?

Y tanto…

Así se entiende una sonrisa infinita. De las que salen de dentro, del perfil del alma, no de la comisura de los labios.

(Hoy no hay postdata, esto te deja sin palabras)

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