26. MODO AVION
Volar en sí me gusta, me relaja, me lleva a mil sitios internos.
Me apasiona mirar por la ventanilla del avión, comenzar en un lugar, y poner los pies en otro tan distinto…
Os confieso que, fiel al nombre de mi empresa, prefiero y me gusta de manera especial «viajar sola«, refiriéndome a los aviones, a lo que es el vuelo en sí.
No tengo muchas ganas de hablar durante un vuelo.
Con lo fácil que soy de conocer gente en cualquier entorno y entablar conversaciones con cualquiera, en los aviones me vuelvo ermitaña, no me suelo relacionar, soy de las que me pongo los cascos ya en la puerta de embarque y entro en mi «ensimismamiento personal y aislamiento del mundo«.
Es como mi momento especial para pensar, meterme para dentro, mirar las nubes o la nada de ese gris que a menudo nos rodea y dejar que la mente fluya a su son.
Me surgen cosas que fuera parecen no estar, y necesito y me hace mucho bien darles protagonismo.
Me conecto con una parte muy interior mía y es un espacio que me transporta, no solo millas de distancia, si no a mi yo más verdadero.
Me hace pensar lo «nada» que somos y el «todo» que hacemos.
Me siento pequeña y grande a la vez.
Miro a tanta gente en un mismo espacio, y me pregunto por sus vidas, tan distintas, tan extrañas.
Los seres humanos somos un enorme misterio.
Puedes cruzar sonrisas, miradas, codazos…
Algunos te atraen, otros te repelen, la mayoría somos neutros. Quizá a tres filas esté la persona que podría cambiar tu vida, en el amor, en los negocios, en lo que sea… y sin embargo… nada. Cada cual en su espacio tan reducido.
No dejo de sorprenderme y admirar cómo este bicharraco enorme vuela, se mantiene en su lugar, mantiene la velocidad.
De nuevo… los seres humanos somos un misterio, capaces de lo mejor y de lo peor.
Me gusta pensar. Dejar la mente que fluya, que vaya a su aire, sin complicaciones ni interrupciones.
Y es el lugar perfecto para mí.
Bueno, he de decir, que la verdad «era», porque cada vez es más fácil tener internet durante el vuelo y ya se jode la magia, sigues enganchada a los wasaps, los mails, a mirar tonterías… Por eso soy de las que me gusta poner el modo avión y no quitarlo hasta entrar en la terminal.
Eso de estar 8 o más horas sin conexión me parece un auténtico regalo para el alma.
Estoy convencida que necesitamos muchos más espacios así, donde nos centremos en todo lo que somos y llevamos dentro; sé que un avión es un lugar extraño, incomodo, inhóspito, pero curiosamente es mi lugar de meditación más elevado 😉, sin duda alguna.
Espero y deseo que tengáis también vuestro punto de poner la cabeza en descanso y dejar salir vuestro verdadero yo
MODO AVION OFF









