39. La primera vez sin alguien
Hemos desembarcado de nuestro barco de estas semanas y pasaré unos días en islas locales, pisando tierra (arena, más bien), con parte del grupo y mi amiga Cristina, que hoy celebra-NoCelebra su 57 cumple.
Pero no está muy feliz ni es un día de fiesta para ella. No es por la edad. Tiene sentimientos encontrados.
Hace poco más de 3 meses murió su madre. Coincide que yo estaba en este mismo lugar, en este mismo sitio, la misma isla, Guraidhoo, mismo alojamiento y ambiente y por eso todo me viene a la mente como esas sincronicidades raras de la vida. Hablé de ella (su madre) en uno de mis primeros mails, porque ¡menuda mujer fue!
Total, que este cumple es «el primero sin ella«. Luego llegarán «las primeras navidades sin ella«, seguirá «el primer… lo que sea«, y así una y otra vez…
Y se empañan los ojos, y el alma llora, y la ausencia pesa, y el dolor aprieta.
Y yo la miro, y no le digo nada, o le doy un abrazo, o un gesto. Y a la vez pienso, revivo y recuerdo, y siento como esas «primeras veces» sin esas personas que eran todo en nuestra vida, son tremendamente duros.
Y que no hay nada que hacer. Que las palabras sobran, los recuerdos aprietan y los silencios hablan.
Ella dice «ya pasará».
Y yo me callo. Porque no se pasa. Se secan las lágrimas, o podrás hablarlo sin que te tiemble la voz, pero pasar, no se pasa.
18 años va a hacer que mi madre cambió de pantalla, y aunque evidentemente el tiempo va colocando cosas de otra forma, esas punzadas no dejan de picar.
Siempre lo digo, cuando os veo a los que tenéis padres, madres, me dais una envidia terrible. Os miro hasta con manía (entendedlo, es una forma de hablar) porque los míos se fueron demasiado pronto y los extraño muchísimo, y me cabreo por no poderles tener a mi lado, que se pierdan estos mails y yo todo lo que me daban.
Y me da mucha rabia cuando veo gente que no valora tener a sus padres, cuando yo daría lo que fuera por poder seguir contando con ellos piel a piel.
Os digo que aprovechéis cada momento, cada segundo de su presencia.
Que no os importe cuando repitan mil cosas lo mismo, o cuando os riñan por algo que no les gusta que hagas, o si sentís que no os entienden, si sus enfermedades se hacen pesadas o las sorderas complicadas…¡da igual, exprimid a tope su compañía!
No os imagináis, hasta que ocurre, el tremendo agujero que queda dentro cuando ya no están. Por mucho que intentes meter lo que sea para taparlo, a empujones, con todas las ganas…, nada, no se rellena. Se queda ahí como la cueva más oscura. No se cierra.
Nunca.
Lo sabéis de sobra los que sois huérfanos, como yo.
Y no lo entendéis los que los tenéis cerquita. Pero hacednos caso… ¡¡¡APROVECHADLOS!!
Así que Cris, esta noche vamos a celebrar como podamos (poca fiesta, que en país musulman e isla local, cero alcohol) tus 57 y tu año 1.
PD
Spoiler: No es trágico. No sólo vamos a volver a encontrarnos con ellos cuando terminemos «por aquí», si no que, mientras, ellos se buscan las formas de hacernos llegar que no se han ido del todo, tan sólo estamos en distintos planos. Y cuando te das cuenta de cositas… ¡¡JOOOO, CÓMO MOLA!!