La medio húngara

«La medio húngara»

En mi familia siempre se contaba esto como anécdota, entre el humor de Faus y los pies en el suelo de Sita.

En realidad fue un casi susto que se quedó en historia, se transformó en apodo y posiblemente sea el germen de mi alma viajera..

 

Otoño de 1967.

Mis padres, que no eran gente común, participaban en un viaje a la Europa del Este, Hungría y Bulgaria, organizado por la AEDET, la Asociación Española de Escritores de Turismo.

Mi padre formaba parte de ella, junto a otros cronistas, articulistas y almas inquietas, de esos que recorrían el mundo para escribirlo mejor y atraer viajeros con sus palabras. Lo que hoy serían influencers, sí, pero con chaqueta de lana, cuadernos de campo y algo más de sustancia (con cariño lo digo, que de todo hay en botica).

En esa época, las Embajadas y organismos de turismo se esmeraban en agasajar a este tipo de viajeros. Grandes cenas, visitas oficiales, actos culturales, brindis infinitos. Todo muy elegante y, en ese caso, muy del bloque Este.

Pero no fueron solos. Mi madre para aquel entonces estaba «muy embarazada» de mi. Las cuentas de entonces no eran tan exactas como ahora, y con esas fechas previstas en que yo llegara al mundo de «final de año», en cualquier momento Sita podría dar a luz.

Pero eso no fue impedimento para que hacer el viaje, ya os he dicho que no eran gente corriente ninguno de los dos, a pesar de que el parto se suponía cercano, allá que se fueron, como si lo más natural fuera cruzar media Europa embarazada.

Asi que allí estaban: mi padre con su cámara, cuaderno y mirada curiosa, y mi madre con una enorme tripa llena del líquido elemento donde yo me movía feliz.

Pero también viajaban con seguridad y confianza, que no eran unos inconscientes: en el grupo estaba un médico, amigo cercano, el médico de casa de toda la vida.

De los de entonces, que no dramatizan, entre otras cosas, porque pertenecía al mismo círculo de gente poco corriente de la época, pero eso sí, con el radar médico siempre encendido.

Y aunque mi madre parecía moverse tranquila en el ambiente, no dejaba de haber una ligera tensión.

Todo el mundo estaba un poco pendiente, especialmente al subir a los aviones, de dudosa reputación…
Recordemos, estamos en 1967 en países del Este.

 

—¿Y si le da por nacer en Budapest?

—¿Y si rompe aguas en mitad del vuelo?

—¿Y si la señora Sita nos da un susto en algún lugar entre Hungría y Bulgaria por los aires?

Parece que mi madre les tranquilizaba con esto que siempre me hacía mucha gracia escuchar…

¿Cómo va a nacer en un avión húngaro esta criatura? Si al menos fuera en Iberia, que podría volar gratis toda su vida por todo el mundo… pero en una aerolínea de estas, ¡ni hablar! No, pobre, qué faena le íbamos a hacer…

 

El viaje terminó en paz, y yo seguía tranquila ahí dentro, flotando, tan calentita.
De hecho, con tan pocas ganas de salir, que no había forma.

Pasaron las Navidades y yo seguía sin dar señales, así que pasadas las fiestas tuvieron que provocarlo.
El 5 de enero de 1968, tocó salir corriendo hacia el hospital.
Mi padre conduciendo nervioso por las calles de Madrid, desde el Paseo de Extremadura hasta la Clínica nuestra Señora del Rosario, escuchando la riña de mi madre (con razón), porque había que parar en la gasolinera, por no haber previsto llevar el depósito lleno. Eso era «muy de Faus».

Y así llegué, un viernes, noche de Reyes, bien gordita, con más de 5,5 kg de peso que no se como podría llevar mi pobre madre a cuestas, y cuatro pelos rubios, pachona y tranquilota.

No lo recuerdo, pero me lo han contado.

 

Así nací.

No en Hungría, pero casi.

No en el aire, pero casi.

 

Y por ese “casi”, el relato se volvió historia, la historia se volvió risa, y la risa se volvió apodo.

La medio húngara.

Quizá no vine al mundo entre los Cárpatos, ni en un avión, pero empecé a viajar antes de llegar al mundo.

Y eso, de alguna manera, diría que determinó mi manera de posicionarme en la vida, por los aires, en el agua, en constante movimiento y viaje.

 

FELICIDADES MAMÁ, FUISTE UNA CAMPEONA.

 

PD1.

Ultimamente siento curiosidad por saber si el que tu madre haya volado con embarazo adelantado, puede «hacernos» muy viajeros. Si es tu caso, o sabes de alguien, pregunta, que voy haciendo encuesta.

 

PD2

Gracias a mis padres por haberme inculcado que nada tiene que detenernos para lo que más nos gusta. Porque esto, no sólo lo «mamé», si no que iba conmigo en el líquido amniótico.

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2 Comments

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  • Hola Hellen. Aquí estoy en casa, pasando unas Navidades bastante anómalas a nivel físico. Llevo desde septiembre con un dolor horrible debido a una espondilolistesis y estenosis lumbar. Para ello me han practicado en octubre y noviembre 2 bloqueos caudales con dexametasona, ropivacaina y fentanilo, con un resultado bastante bueno. Por lo cual me pude largar a un viaje muy cañero a Angola. Pero hete aquí que en los vuelos de ida Valencia/Lisboa/Luanda me dio un dolor muy intenso en el costado derecho y una vomitera que me duró 12 horas. Yo lo achaqué al Malarone y pensé que en cuanto lo echara de mi cuerpo, se me pasaría. Así parecía que fue, en 17 días de intensa aventura, no me dolió ni la espalda ni el costado. A los 5 días de volver, me volvió a dar la misma sintomatología y me diagnosticaron Colelitiasis Biliar (piedras en la vesícula) y que lo que había tenido en los aviones había sido un cólico hepático en toda regla. Así que el 15 de diciembre me operaron de la Vesícula. El dolor de lumbares me ha vuelto y en 3 días me hacen una Rizolisis que espero me dé tregua para largarme a Argelia el 5 de febrero. Todo este rollo te lo cuento para que veas que a mí no me para ni Trump! Con respecto a mi madre viajera embarazada de mi: en octubre de 1955 se subió junto a mi padre, a un bimotor Douglas DC-3 rumbo a Mallorca. Allí alquilaron un Biscúter y recorrieron la isla por carreteras polvorientas llenas de baches. Y no abortó!. Yo nací en abril de 1956. Y para mas Inri, mi abuela paterna Clotilde, embarcó en Barcelona rumbo a Nueva York para visitar a su hermano Henry en St. Louis Missouri, sin saber que estaba embarazada y en el barco sufrió un aborto. Yo creo realmente que lo de «Alma Viajera» se lleva en los genes……..

    • Pituka, por lo que se de ti y lo que me cuentas, lo tuyo ya es de súper nota… Espero que si, que te recuperes del todo y puedas embarcar tranquila en febrero, seguro que si, porque tu ánimo no te lo quita nadie!!!
      Y mira, que te añado a la lista de los que algo nos influyó el cómo íbamos en el vientre materno.. Porque si… de alguna forma, creo que tiene que ver!
      Abrazote!

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