Hellen y KokeBienvenid@s a mi espacio

Un lugar para relajarse, leer, expresarse y dejarse llevar.

No esperes mucho. No busques nada. Si te gusta, quédate. Si no, gracias por venir.

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84. Un recuerdo del Faus Hütte
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82. Gente que se esconde. Gente que se muestra
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El hotel Faus-Hütte
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10 de enero: un triste aniversario
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La medio húngara
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Nochevieja en Tailandia, farolillos y simbologías
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No hay vidas perfectas

84. Un recuerdo del Faus Hütte

29 de enero, San Valero, Rosconero, en Zaragoza.
Mientras mis colegas maños están de fiesta hoy con el tradicional roscón del día del patrón de la ciudad, hoy justo va y recibo un whasap con una foto que me ha vuelto a esos días de estudiante en Zaragoza, a «aquellos maravillosos años».

Es la foto del folleto (ahora llamado «flyer» que si no usamos anglicismos, parece que no sabemos hablar, en fin…) del Faus Hütte, ese hotel maravilloso que en su cincuentena larga, construyeron mis padres cuando ya dieron por finalizada la etapa de Madrid, y que fue referencia para amigos, clientes, familiares…

Un hotel de montaña de verdad, creado por montañeros.

En el corazón del Pirineo Aragonés, en Villanúa, un pequeño pueblo a mitad de camino entre Jaca y Candanchú, a los pies de la Collarada. Ahora creo que es un albergue, pero sigue manteniendo su forma y es perfectamente reconocible.

Hace años que no paso, pero supongo que seguirá igual la fachada… Si alguien vais por la zona, a esquiar o patear, antes de entrar en Villanúa pueblo, justo después de la gasolinera, a la izquierda, tendréis que identificarlo con el gran balcón de madera.

Y si me hacéis una foto y me la mandáis, me daréis un alegrón (o un susto según como esté el tema)

Hemos vivido ahí cosas bien bonitas todos, familiares, amigos, conocidos, gente de montaña, clientes, visitantes…

Se crearon unas relaciones preciosas, reímos, lloramos, crecimos…

Es el entorno de una parte muy intensa de mi historia, esa juventud rebelde y desatada en la época que yo estudiaba Veterinaria en Zaragoza e iba y venía continuamente fines de semana, vacaciones, puentes carretera arriba y abajo. Por esas curvas aprendí a conducir, empezando a pasar ese puerto de Monrepós con auténtico terror (no, no estaba como ahora, yo lo viví con sus curvas terribles…), hasta correr como una loca.

Algunos de los que estáis a este lado de este mail habéis compartido buenos momentos conmigo en ese trayecto, en ese destino, con mi familia… Era un hotel, cierto, pero la hospitalidad de los Faus venía de antes de ser hosteleros.

 

Si puedes rescatar algún recuerdo, foto, momento… porfa… no dudes en hacérmelo llegar, me encantará 🙂

No me voy a alargar, porque ya he escrito del Faus-Hütte aquí...

👇

«El hotel Faus-Hütte»

Te invito a pasar por ese rinconcito del Pirineo forrado de madera, calor de hogar, nieve, verde y mucha, mucha ilusión donde tantas cosas pasaron y tanto vivimos. Desde 1985 que empezó a construirse hasta el 2000 que se vendió, fueron unos años rmuy intensos y especiales para toda mi familia.

Ya ves, por mi historia corre alma de montaña, y sin dejar de gustarme y realmente disfrutar en ella, siendo la nieve mi segundo elemento, sin embargo yo soy un ser de mar.

🙏 Y como parece que no puedo escribir «sin moralina» aquí dejo el mensaje:

No importa donde crecemos y lo que nos enseñen o lo que veamos….

Al final cada uno tiene que buscar su propio camino, ir donde realmente se siente llamado, encontrar «el lugar propio» y construir ahí en firme, con buenos cimientos, y toda la ilusión.

Mis padres lo hicieron, dejando la vida cómoda y cosmopolita de la calle Encinas 17 del barrio madrileño de Chamartín para comenzar de cero en un pueblecito de montaña aragonés. Unos auténticos valientes.

Yo he seguido sus pasos, consiguiendo mi sueño de vivir frente al mar, también construyendo y luchando desde cero, -siempre gracias a ellos-, pero sin olvidar mi esencia de montaña, la que me ha forjado.

Sita, Faus… Gracias por enseñarme esta enorme lección.

Y gracias, mil gracias, Esperanza (y Juanjo) que no se si me seguís leyendo, por hacerme hoy volver a este pedacito tan bonito de mis recuerdos 😍

PD.
Juanjo y Esperanza, tengo pendiente un escrito de un «ángel». Está en boceto, además de en mi corazón. Cualquier día sentiré que me dice, venga, Hellen, sueltalo ya… y aparecerá entre nosotros de nuevo a través de estas palabras que me salen de tan dentro…

82. Gente que se esconde. Gente que se muestra

Hay personas que se esconden, que huyen de su propia realidad.

Que sufren por ser lo que son, que no se permiten sentir lo más auténtico propio, que tapan su ser más profundo con mil y una capas, hasta el punto que jamás imaginarías lo que hay de verdad en su vida, Y ni los más cercanos conocen de verdad.

Que aunque sean cosas de lo más normales, bonitas y disfrutables, lo vuven desde el bloqueo y el temor. Se justifican con sus sufrimientos y situaciones duras, de esas que todos tenemos, para no dejarse ser ellas mismas. En lugar de aprender de ello, se avergÜenzan, se esconden, se tapan, tratan de ignorarlo, incluso, ante sí mismos.

Hay otras, sin embargo, que hacen totalmente lo contrario.

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El hotel Faus-Hütte

Faus Hütte, era el nombre del hotel maravilloso que construyeron mis padres cuando ya dieron por finalizada la etapa de Madrid. Inaugurado en diciembre de 1986, tras un año y medio largo de obras, que comenzó cuando yo terminaba 3º de BUP y durante todo mi año de COU, con viajes constantes Madrid – Villanúa – Madrid en ese tiempo.

Hotel Faus Hütte desde la carretera

La identificación total

Es curioso lo que somos las personas; en el tramo en que la gente empieza a pensar en la jubilación, mis padres dieron un valiente salto al vacío decidiendo rescatar sus sueños de juventud dejando el asfalto para ir a «su lugar», la montaña.

Quisieron realizar su deseo de recién casados: tener un auténtico «hotel de montaña», refugio para montañeros y amigos.

No podía ser otro lugar que el corazón de la cordillera Pirenaica, entre esos riscos, caminos y paredes por los que sus botas habían pateado, escalado, trepado, derrapado hasta alcanzar cimas desde las que admirar y agradecer  la belleza de la vida.

Y este lugar elegido con tiempo, dedicación, constancia y buen juicio, fue el fruto de toda una vida viviendo por y para la montaña. Referencia, refugio, y para mi, hogar, aunque tan sólo de fines de semana y vacaciones ya que fueron mis años de universidad y solo iba en los recesos estudiantiles.

Estaba -y creo que sigue estando, pero ahora como albergue, si no me equivoco- en Villanúa, un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés, a mitad de camino entre Jaca y Candanchú, a los pies de la Collarada destacando esa balconada y enorme genciana en los laterales a la vista de todos, transeúntes y visitantes.

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10 de enero: un triste aniversario

10 de enero, esos aniversarios que no son para celebrar.

Eran las 9 de la mañana más o menos, acababa de bajar a la agencia cuando me llamó mi hermana, «Hellen, corre, ven, que mamá se ha puesto muy mala»

Me dio el pálpito… Dejé a Claudia sola, subí a casa, agarré las llaves del coche con los nervios en punta y corrí como una loca los 15 km que separaban mi casa en pleno centro de Zaragoza de la de mis padres en las Lomas, a las afueras.

Cuando llegué estaba la ambulancia del 112 y los enfermeros fuera.
Me esperaban a mi, tal como les pidió Ana, imaginando que me iba a dar el síncope al ver que mamá no estaba enferma…
Es que ya no estaba.

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La medio húngara

«La medio húngara»

En mi familia siempre se contaba esto como anécdota, entre el humor de Faus y los pies en el suelo de Sita.

En realidad fue un casi susto que se quedó en historia, se transformó en apodo y posiblemente sea el germen de mi alma viajera..

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Nochevieja en Tailandia, farolillos y simbologías

31 de diciembre en Chiang Mai, Tailandia. 
Una forma diferente de celebrar un fin de año y bienvenida del nuevo. 

No hay uvas. Hay farolillos.

Que suben al cielo al quemarse, impulsados con nuestros deseos, para que lleguen allá donde nuestra mirada se pierde, mientras ellos siguen subiendo…

 

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No hay vidas perfectas

Ayer hablaba con un francés con quien hemos coincidido estos días en Guraidhoo

Nos había explicado un par de días antes a qué se dedica y la libertad que tiene, económica y vital. Ha vivido en España y habla perfecto español y era una motivación practicarlo con nosotros, así que se explayó a gusto, y era interesante escucharle.

Ahora estaba aquí porque hacía tiempo que no buceaba y le apetecía retomarlo, le salió esta opción y muy de última hora apareció en Maldivas, donde coincidimos en las inmersiones con el centro de buceo.

Es curioso cómo pueden discurrir los encuentros, y donde te llevan…

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