94. Vitamina A plus (mis amigas del cole)
Hoy (ayer, para cuando se publique esto) ha sido un día lleno de vitamina A plus.
Esa vitamina que no se encuentra en ningún alimento, ni bebida, ni se genera por los rayos solares.
Es la vitamina A de «Amigas», y «plus», de súper, porque que formen parte de mi historia estas personas, es más que un plus que me mete un buen chute de energía.
50 años de amistad… da vértigo hasta pensarlo (deberíamos celebrar bodas de Oro, ¿chicas?).
Desde que las decisiones de nuestros padres de llevarnos al mismo colegio, y la inicial de nuestros apellidos, nos hiciera sentarnos en los pupitres verdes de la misma clase.
Y así, de una forma tan tonta y tan casual, unas vidas se conectan, y aunque mientras juegas, estudias o te peleas ni te lo imaginas, quedan vinculadas para siempre.
9 años tremendamente juntas hasta que salimos al terminar 3º de BUP (bueno, Lourdes se fue antes, pero dio igual, seguía dando guerra como si estuviera). Mucho compartido, vivido durante la etapa escolar, pero también después…
Y no se para vosotros, pero para mi los años de colegio son un recuerdo especialmente bonito, divertido y entrañable. Que tuvo muchos llantos, y disgustos, y problemas… sí, pero la verdad, no los recuerdo, o si lo hago es con una sonrisa de inocencia. Me lo pasé tan bien y disfruté tanto (incluso con broncas y berrinches), que tengo toda esta experiencia vital muy marcada, y toda ella escrita en un porrón de cuadernos de cuadritos (si, de esos mismos de los que hablaba hace días, los que me traían mis padres de Suiza o de donde fuera)
Pero no hay ese «romanticismo» casi de película; la nuestra no fue una de esas «amistades de hierro» que desde el primer momento se ha mantenido igual hasta la eternidad… Qué va. Fuimos alternando, épocas, temporadas, cursos… Cada cual teníamos nuestro momento, nuestra evolución, nos tocaba vivir unas cosas u otras según cuando. Y la misma vida nos separó, nos llevó por rumbos y caminos bien distintos.
Pero ahora, desde la distancia y en el encuentro, nos damos cuenta que ese hilo conductor siempre estuvo.
Lo que me encanta es que, cada una de ellas fueron durante un tiempo y en algún periodo bastante largo de mi vida, «mi mejor amiga» y son muchísimos y muy intensos los recuerdos que tengo con cada una por separado.
Nos hace bien vernos, tan tremendamente distintas cada una, pero tan unidas de una forma tan intangible.
Aunque pase muchísimo tiempo sin vernos o hablar ni saber de nadie, da igual. Sabes que eso «es» siempre la base.
Es como estar en un espacio seguro, en un lugar de calma, donde poder ser nosotras.
Supongo que el habernos conocido «de verdad», cuando éramos la pura esencia de lo que somos cada uno, esto que es la niñez, aunque no le demos la importancia que tiene, es lo que nos lleva a tener otra visión y entendimiento del otro.
Es como si nos viéramos debajo de todas las barreras y capas que hemos tenido que ir construyendo para protegernos y avanzar, y sabemos llegar y ver lo más esencial y único de cada una.
Me parece que esto es lo que produce esa sensación tan realmente profunda, bonita y muy, muy especial, y que que deberíamos buscar y recurrir a ella mucho más a menudo, porque da una fuerza, una energía, una motivación y un bienestar interior que, a mi al menos, me cuesta encontrar en otros entornos.
Se ha hecho corto el tiempo de hoy, entre actualizarnos, recordar anécdotas, enterarnos de cosas que una vivía de una forma y las demás ignorábamos, compartir, reírnos, abrazarnos, mirarnos y sentir que tenemos un tesoro compartido.
Y antes de tirar cada una para nuestro lado, nos vamos muy distintas de como hemos llegado, llenas de vitamina de esta A Plus, que tan buena es para el alma, el espíritu y el mismo cuerpo, por supuesto.
Gracias chicas. La próxima mucho antes, porque necesitamos nutrirnos.