65. Un triste aniversario
Hoy es de esos aniversarios que no nos gusta celebrar.
Ni siquiera a mi que soy de celebrar todo.
18 años, una mayoría de edad, hace que mi madre, Sita Gallejones, esa pequeña gran mujer que me trajo al mundo, dijo «hasta aquí» y me dejó sola, huérfana, perdida y con una soledad difícil de explicar.
10 de enero de 2008, justo en medio de nuestros cumpleaños:
5 días después del 5 de enero en que yo estrenaba década en mi 40 cumpleaños
5 días antes del suyo, el 15 de enero, en que ella hubiera cumplido 75 (realmente eran 78 pero tenía su DNI «trucado»… así era Sita, siempre muy celosa de su edad 😄)
No se olvidan.
No se pasa.
No se cura.
Pero se ve de otra forma. Las lágrimas caen, pero más suavemente, más en privado, más hacia dentro y más reposadas.
La congoja inicial evoluciona a resignación.
Te acostumbras a vivir sin tu referencia, y te haces más fuerte.
O no.
Mamá, Sita, una gran mujer que escaló montañas desde muy jovencita rompiendo todas la reglas, y que construyó una familia a base de firmeza, seriedad, valores, y que aguantó como una jabata importanes problemas de salud para no dejarnos solos.
Todo eso marca.
Hoy le he dedicado un espacio, un tiempo para pensar en ella, agradecer y sentir todo lo que aprendí y lo que me dio.
MI MADRE, UNA PEQUEÑA GRAN MUJER
Y si queréis la version de mi padre, os animo a leer lo que escribió de ella tras nuestra pérdida, artículo que se publicó y emocionó en varias revistas de montaña..
Algunos de los que me leeís llegásteis a conocerla en más o menos medida; creo que os gustará recordarla, dejó huella en todos los que tuvimos la gran suerte de compartir momentos con ella.