84. Un recuerdo del Faus Hütte
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29 de enero, San Valero, Rosconero, en Zaragoza. Es la foto del folleto (ahora llamado «flyer» que si no usamos anglicismos, parece que no sabemos hablar, en fin…) del Faus Hütte, ese hotel maravilloso que en su cincuentena larga, construyeron mis padres cuando ya dieron por finalizada la etapa de Madrid, y que fue referencia para amigos, clientes, familiares… Un hotel de montaña de verdad, creado por montañeros. En el corazón del Pirineo Aragonés, en Villanúa, un pequeño pueblo a mitad de camino entre Jaca y Candanchú, a los pies de la Collarada. Ahora creo que es un albergue, pero sigue manteniendo su forma y es perfectamente reconocible. Hace años que no paso, pero supongo que seguirá igual la fachada… Si alguien vais por la zona, a esquiar o patear, antes de entrar en Villanúa pueblo, justo después de la gasolinera, a la izquierda, tendréis que identificarlo con el gran balcón de madera. Y si me hacéis una foto y me la mandáis, me daréis un alegrón (o un susto según como esté el tema) Hemos vivido ahí cosas bien bonitas todos, familiares, amigos, conocidos, gente de montaña, clientes, visitantes… Se crearon unas relaciones preciosas, reímos, lloramos, crecimos… Es el entorno de una parte muy intensa de mi historia, esa juventud rebelde y desatada en la época que yo estudiaba Veterinaria en Zaragoza e iba y venía continuamente fines de semana, vacaciones, puentes carretera arriba y abajo. Por esas curvas aprendí a conducir, empezando a pasar ese puerto de Monrepós con auténtico terror (no, no estaba como ahora, yo lo viví con sus curvas terribles…), hasta correr como una loca. Algunos de los que estáis a este lado de este mail habéis compartido buenos momentos conmigo en ese trayecto, en ese destino, con mi familia… Era un hotel, cierto, pero la hospitalidad de los Faus venía de antes de ser hosteleros.
Si puedes rescatar algún recuerdo, foto, momento… porfa… no dudes en hacérmelo llegar, me encantará 🙂 No me voy a alargar, porque ya he escrito del Faus-Hütte aquí... 👇 Te invito a pasar por ese rinconcito del Pirineo forrado de madera, calor de hogar, nieve, verde y mucha, mucha ilusión donde tantas cosas pasaron y tanto vivimos. Desde 1985 que empezó a construirse hasta el 2000 que se vendió, fueron unos años rmuy intensos y especiales para toda mi familia. Ya ves, por mi historia corre alma de montaña, y sin dejar de gustarme y realmente disfrutar en ella, siendo la nieve mi segundo elemento, sin embargo yo soy un ser de mar. 🙏 Y como parece que no puedo escribir «sin moralina» aquí dejo el mensaje: No importa donde crecemos y lo que nos enseñen o lo que veamos…. Al final cada uno tiene que buscar su propio camino, ir donde realmente se siente llamado, encontrar «el lugar propio» y construir ahí en firme, con buenos cimientos, y toda la ilusión. Mis padres lo hicieron, dejando la vida cómoda y cosmopolita de la calle Encinas 17 del barrio madrileño de Chamartín para comenzar de cero en un pueblecito de montaña aragonés. Unos auténticos valientes. Yo he seguido sus pasos, consiguiendo mi sueño de vivir frente al mar, también construyendo y luchando desde cero, -siempre gracias a ellos-, pero sin olvidar mi esencia de montaña, la que me ha forjado. Sita, Faus… Gracias por enseñarme esta enorme lección. Y gracias, mil gracias, Esperanza (y Juanjo) que no se si me seguís leyendo, por hacerme hoy volver a este pedacito tan bonito de mis recuerdos 😍 |
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